5 may. 2018

Eucaristía







51. Yo soy el pan vivo bajado del cielo; si alguno come de este pan, vivirá para siempre, y el pan que yo le daré es mi carne, vida del mundo."

52. Disputaban entre sí los judíos diciendo: ¿Cómo puede éste darnos de comer de su carne?

53. Jesús les dijo: En verdad, en verdad os digo que, si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros.

54. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene la vida eterna, y yo le resucitaré el último día.

55. Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.

56. El que come mi carne y bebe mi sangre está en mí y yo en él.

57. Así como me envió mi Padre vivo, y vivo yo por mi Padre, así también el que me come vivirá por mí.

58. Este es el pan bajado del cielo, no como el pan que comieron los padres, y murieron; el que come este pan vivirá para siempre."

59. Esto lo dijo enseñando en sinagoga en Cafarnaúm.
(Santo Evangelio según San Juan, 6, 51-59)



¿Qué iglesia de las que actualmente existen han custodiado esta verdad que Jesucristo nos revela con claridad meridiana?
La católica y la ortodoxa.
Ninguna más.

Cuando leí por primera vez los Santos Evangelios ahora hace 37 años, por gracia de Dios, comprendí tan claramente que Jesucristo estaba verdaderamente presente en el pan y el vino consagrados en la celebración de la Santa Misa, que esto conjuntamente con descubrir a María Inmaculada como mi buena Madre del Cielo, fue lo que me llevó a entrar voluntaria y formalmente a formar parte de la iglesia católica.

Es una Verdad fundamental.
No perdamos nunca la fe en la real y auténtica Presencia de Jesucristo en la santa Eucaristía, que por ser lo que es, merece el mejor trato por nuestra parte. Y si comulgar Su Cuerpo y Su Sangre significa que comulgo totalmente con la Palabra Divina de Jesucristo, para recibirle dignamente debo estar en gracia de Dios, sin pecado mortal actual no perdonado sacramentalmente.

Si la iglesia a la que pertenezco me enseña como buena Madre a confesar y arrepentirme de todos mis pecados, y sé que en la confesión se me da la gracia para vencerlos y llevar una vida santa, ¿cómo va a ser posible que otros, sin arrepentimiento de sus pecados, ni confesión ni enmienda, puedan recibir a Jesucristo Sacramentado, porque en su conciencia mal formada crean que todo lo hace bien?
¿Cómo puede recibir al Señor de señores alguien que no conoce la doctrina de Jesucristo, que no se ocupa en leer los santos Evangelios y procura obedecer a Dios siguiendo las enseñanzas del Señor?

6 comentarios:

FLOR DEL SILENCIO dijo...

Gracias, por este compartir,En la Eucaristía, "Cristo nos recibe a cada uno de nosotros", gracias, no se si usted, es madre, pero de corazón le deseo un día lleno de gracia y paz."Ningún idioma puede expresar el poder, belleza y heroísmo del amor de una madre" un fuerte y grande abrazo.

Soy Tu Morada dijo...

En la Eucarística Jesús me asimila y me ofrece todo su amor.


Muchas gracias. Bendiciones y santo día del Señor.

Felicitas dijo...

Es cierto, hermana Flor, es mucho más importante considerar que Cristo nos recibe en la comunión a cada uno de nosotros.
Gracias, querida amiga, por tu deseo hermoso, sí soy mujer casada y madre de 2 hijos, así que has acertado de lleno. :o)
Más ser madre es cuidar de las personas y conducirlas por buen camino, eso, querida, tú también lo haces.
Un fuerte abrazo

Es cierto, en la Eucaristía, Jesús me asimila... cuando lo pienso me siento profundamente dichosa por ello, saberse tan amado es algo que todos deberían poder sentir, creer, saber. Gracias, de corazón, por tus Bendiciones . Dios te guarde.

Rosa Tequendama dijo...



Te comprendo, pero el amor de Dios es tan grande que que Él mira sus corazones y desde allí juzgará. recuerda el Evangelio de los trabajadores que fueron contratados a trabajar, el último recibió igual que el primero.
Un abrazo en Cristo.

Rosa

dijo...

¡Magnífica defensa del Sacramento! del mismo Señor presente!!!!! ¿Cómo quieren ofenderle tanto?
Abrazos fraternos, amiga.


Rosa, rosa... a Dios recibámoslo limpios en Su Gracia y totalmente ciertos de saber a Quién recibimos... ¡Amén! El último trabajó como el primero, menos tiempo, pero con el mismo arte y ganas. No fue un golfo que vino a matar el tiempo haciendo que trabajaba, no. Que vengan todos, pero a trabajar: Sabiendo el oficio, instruidos no ignorantes ni relativistas. Dios Juzgará desde donde Le Plazca...
Abrazos fraternos.

Felicitas dijo...

Querida Rosa, tienes razón, el único que juzga rectamente es Dios, pero no por eso y con el afán de llenar nuestras iglesias podemos rebajar la necesidad de estar en gracia de Dios para poder recibir lo mejor posible a tan grande Señor.Esto es lo que están haciendo públicamente algunos señores obispos y cardenales. Poco amor les demostraríamos si no enseñáramos a los neófitos que el Señor les dio a los sacerdotes el poder de perdonar pecados, y los admitiéramos a la santa comunión de cualquier manera. No los juzgamos, pero es un deber de Amor divino, enseñar al que no sabe. Al que cree que viviendo en adulterio, por ejemplo, puede recibir tranquilamente la santa comunión, sin corregirse de su pecado, yerra y si nosotros no le avisamos y damos la buena enseñanza de la iglesia, pecamos también.
Quizás no me he explicado bien, pero es bueno clarificar conceptos. No podemos entrar en las bodas del Esposo, vestidos de cualquier manera y es un deber de Amor poner sobre aviso a los que no lo saben, o no quieren saberlo.
Es conveniente decir estas cosas con cariño, sin acritud, pero sin miedo tampoco.
Espero haberme sabido explicar adecuadamente.
Un abrazo fraterno, Rosa :)

No se entiende más que por acción sibilina del maligno dentro de los muros de esta iglesia nuestra tan denostada, pero aún blandiendo la bandera del Vencedor de la historia, Jesucristo.
Los santos nos dicen que debemos trascender las apariencias de este mundo, hagámoslo pues, y procuremos mirar todo desde la inmutable Paz de Dios.
Un abrazo fraterno