21 abr. 2018

Virtus hominis

La prudencia es una virtud que, anclada en la verdad, prepara la acción del hombre y la impulsa en la forma e intensidad adecuada a cada situación particular.

Se la suele considerar como un freno, mas es una virtud que nos capacita para preveer las consecuencias de una acción nuestra o de otros.

La prudencia nunca actúa sola sino conjuntamente con la fortaleza, la templanza y la justicia, formando con ellas el fundamento de todas las demás virtudes.

El hombre prudente explora toda oportunidad y más que actuar adecuadamente, pretende hacer lo que toca hacer en cada momento y situación.

Al ejercerla, el hombre primero buscar comprender, para luego deliberar, enjuiciar y decidir finalmente la acción a llevar a cabo.

En el ejercicio de la prudencia se ejerce el arte de la deducción y la reflexión, pasos previos a la acción, que impulsada por la prudencia, se ejecutará sin dilación alguna.

Es, por lo tanto, una virtud orientada a la acción y no a la inacción como con frecuencia se piensa.

El prudente resulta importante en períodos de incertidumbre o confusión, como el actual, porque puede ver más lejos que los demás, buscando soluciones adecuadas, en pos de crear certezas y aclarar confusiones. La prudencia se nutre de la verdad.

El ejercicio de la prudencia, al preparar concienzudamente la acción a llevar a cabo, hace al que la practica competente y activo, muy al contrario de la falsa prudencia humana, que solo busca el propio provecho, y suele adornarse de insidias bajo manga.

1 comentario:

dijo...

Las veces que confundimos prudencia con temor, seamos valientes gracias a la Verdad. Prudente, nuestro Señor ante los varios que lo intentaban juzgar,no tengamos miedo y seamos competentes y activos en la defensa de la Fe. Abrazos fraternos.