13 abr. 2018

¿Cuándo, mi Señor, podré morar en tu santa montaña, ya para siempre?



Subiré a la montaña.
huyendo del mundo,
buscando al Amado,
caminando esperanzada.

















A lo lejos: un reproche,
"si te vas y no me oyes
no serás parte ninguna..."
esa voz que se lamenta
desde no sé que huecos odres,
de cuyo interior cayeron,
cual girones y a borbotones,
las almas engañadas,
que hoy visten oro y broches.


Y la vida me bajó, a lo hondo del pecado,
a saciarme de mediocre actitud en mi pasado,
y subiendo yo los ojos, me volví a recordar:
¡el subir a la montaña es mi sino sin igual!
¡es camino bien angosto, adornado con desaires,
ninguneos y desamores, más la meta bien lo vale,
¡el Amor de mis amores!
¡que me espera palpitante sobre el altar, entre loores!



3 comentarios:

María dijo...

Que el Señor nos lleve lejos, hasta la cima de su amor,
y que nos marque con el signo, que es la CRUZ.


Muy hermoso Felicitas, gracias.

Marian dijo...

Subiré a la montaña.
huyendo del mundo,
buscando al Amado,

¡Cuanta necesidad tengo de El Felicitas!
Dentro de nuestra alma, en la celda interior
El habita, tiene Su Morada...

¡Que inmensa alegría tenemos!Cantemos las grandezas
del Señor, como lo hizo nuestra Madre...

Feliz y santo día del Señor.

Un fuerte abrazo.

Felicitas dijo...

Sin cruz no hay Camino, querida María, no va a ser más el discípulo que el Maestro.
Gracias por tu fraterna visita, linda, un fuerte abrazo

Esa sed tan grande que padeces por el Amado es signo de que alguna vez se ha hecho muy presente en ti, querida Marian. Sigue ahí, contigo, en ti, siempre, siempre, siempre, aunque la apariencia de este mundo pretenda quitarnos la fe.
Perseveremos en Su Amor, pase lo que pase.
Un fuerte abrazo, linda