15 mar. 2018

Amar al Espíritu Santo y hacernos devotos de Él


Deseo compartir con vosotros una oración preciosa que he conocido recientemente.
Es de gran ayuda recitarla cada mañana y aún ante cada situación difícil de la vida en la que la asistencia del Espíritu Santo se hace especialmente necesaria.
Hay que recitarla sosegadamente, nada de correr, porque sino no lograrás gustar la belleza que contienen las palabras que un buen día el Cardenal Verdier escogió para esta inspirada oración:


Oh Espíritu Santo,
Amor del Padre y del Hijo.
Inspírame siempre lo que debo pensar.
Lo que debo decir,
como debo decirlo.
Lo que debo callar,
como debo actuar,
lo que debo hacer,
para la Gloria de Dios,
bien de las almas,
y mi propia santificación.
Espíritu Santo,
dame agudeza para entender,
capacidad para retener,
método y facultad para aprender,
sutileza para intepretar,
gracia y eficacia para hablar.
Dame acierto al empezar,
dirección al progresar,
y perfección al acabar.
Amén.

Te aseguro que si coges la costumbre de recitarlo cada mañana, notarás ciertamente la bendita influencia del Santo Espíritu de Jesucristo, de Dios en tu vida diaria.

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