17 mar. 2018

Padre nuestro, que estás en el Cielo...

Papá,
Papaíto,
Abba,

estás en el cielo, y estás en todas partes.
Estás en mi pobre corazón y en el corazón de todos los que creen y aman a tu Hijo muy amado, Jesucristo.
Estás.
Y eres.
Eres el que ES.
El único que ES por sí mismo.
El único del que toda vida surge.
El Creador, y tu amado Hijo nos dice que eres Padre, Papá, mejor dicho: Papaíto

Puede sonar ridículo en una persona adulta, pero en verdad es así: somos sus niños y Él es nuestro Papaíto. 

Santificado sea tu Nombre

Es mi deber de cristiano santificar el Nombre de Dios, es decir, declararlo santo, santísimo ante todos, defenderlo y proclamarlo santo, con todo el corazón, con toda el alma, con todo el ser. Una vertiente interesante de este Mandato Divino es la de la alabanza. Creo sinceramente que alabo poco a Dios. La renovación carismática y otros movimientos de la iglesia católica le dan mucha importancia a la alabanza de Dios, y tienen razón. Debemos alabar sus grandezas y los salmos pueden ayudarnos mucho a ello. Procuremos alabarle cada dia y estaremos haciendo ciertamente la Voluntad de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Venga a nosotros tu Reino

Estos son los deseos más profundos del Corazón de Cristo : que de verdad vivamos a Dios como Papá Bueno y Misericordioso, que procuremos por todos los medios santificar su Nombre y que le pidamos, con gran intensidad, que llegue su Reino a nosotros. A mí, a tí, a todos.
Su Reino es un reino interior, del alma, del corazón, en donde se juega la partida de ajedrez más trascendente jamás celebrada: la que conduce o a la muerte eterna, o a la vida eterna, junto al Dios Uno y Trino, Dios de Amor, Justicia y Misericordia.
Si busco la santidad que Dios me quiere otorgar, con todas mis fuerzas, y procuro cooperar con Su Gracia, estaré colaborando a la instauración del Reino de Dios en su iglesia. Porque somos iglesia de Cristo, Esposa muy amada, redimida, transformada, santificada y hecha partícipe de la vida divina en Jesucristo, por y con María Inmaculada.


Estos puntos primeros del Padrenuestro son fundamentales.
Fundamento para mi vida cristiana.
Si no me hago consciente de que lo primero es Dios y luego viene el amor al prójimo, estaré construyendo el edificio sobre el dudoso cemento de mis propias capacidades, mis modos de ver, mi opinión, mi yo, en definitiva.

Primero Dios,
y luego todo lo demás, por añadidura

4 comentarios:

FLOR DEL SILENCIO dijo...

Que puedo decir ante esta hermosa reflexión , solo gracias, que tomara conciencia de esta gran oración, que por si solo se explica, y la hiciera vida en realidad mi vida hablaría de otra cosas, gracias un fuerte abrazo.

Felicitas dijo...

querida hermana, me he dado cuenta recientemente que los 3 primeros Mandamientos de la Ley de Dios se refieren a Él , igual que los 3 primeros pensamientos de Jesucristo, reflejados en el Padrenuestro.
No es casualidad. Me doy cuenta que debo volver al origen de todo.
He de conseguir que Dios, de verdad, sea mi centro.
Confío en tus oraciones.
Tú también estás en las mías.
Un fuerte abrazo, linda

dijo...

Me lo llevo para meditarlo hoy. Abrazos fraternos.

Felicitas dijo...

comparte luego tu meditación, si es posible.
Abrazos fraternos