27 ene. 2018

Les enseñaba con autoridad




Tener autoridad no es una meta que proponerse, porque la autoridad no es más que una de las cosecuencias naturales de ser una persona recta, según Jesucristo, amante del bien, que rechaza el mal, que sabe lo que conviene y lo que perjudica también.

Tener autoridad surge en aquel que, ante todo, orienta su propia vida hacia el cumplimiento de la Voluntad del Dios, uno y trino, de la manera más perfecta posible. 

Surge en aquel que escudriña las Escrituras santas, buscando en ellas todo cuanto al Señor agrada, para ponerlo en práctica, para vivirlo todo a la manera de Jesucristo, santamente.

Cuanta más unión de amor y obediencia el alma tenga para con Nuestro Señor, tanto más crecerá en ella un tipo de autoridad, que le será concedida desde lo Alto. Una autoridad que nadie ni nada puede rebatir, pues enraíza en el mismo Corazón Sagrado de Jesucristo, y por lo tanto en Dios, que da cuando quiere, como quiere y en la medida que quiere.

El hombre santo, por serlo, cuando habla lo hace con autoridad, con aquel peso específico que conduce al oyente a la reflexión, al darse cuenta que la Verdad pesa, gravita y libera hondamente el corazón humano de toda mentira, deshonestidad y doblez.

Non amat falsum Auctor Veritatis

Por eso Jesucristo hablaba con una Autoridad nueva, desconocida, impactante... por ser Diosconosotros, por ser el Verbo de Dios encarnado, por ser Yosoyelquesoy encarnado en el seno inmaculado de la Mujer de las Escrituras. Meditemos, escudriñemos la Palabra de Dios, habitémosla con afecto y obediencia.

10 comentarios:

FLOR DEL SILENCIO dijo...

El hombre inteligente habla con autoridad cuando dirige su propia vida. Gracias, un fuerte abrazo.

Felicitas dijo...

Querida Flor, tu frase se puede entender desde la santidad de vida, que es lo que tú deseas expresar, pero también desde la visión distorsionada de una vida empecatada. Un hombre inteligente lo es también cuando usa su inteligencia para el mal y también adquiere una especie de pseudo-autoridad en materia de pecado y cree dirigir su vida, más que aquellos que deseamos obedecer a Dios.
Perdona que te haga caer en la cuenta, porque en esta época de oscurecimiento de la Verdad que Jesucristo nos trae, cada uno comprende lo que se afirma, desde su ángulo particular, y no desde Dios, al menos en gran medida.
Se hace necesario ser lo más exactos posibles en nuestras afirmaciones para no dar lugar a malas interpretaciones, confusiones y comprensiones erróneas de la doctrina de Jesucristo.
Espero que no me tomes a mal la corrección, porque si me he atrevido a hácertela, es porque considero que puedes encajar con humildad y arrojo el mensaje. Corríjeme tú también, cuando lo consideres adecuado. Espero entonces poder aceptarlo con humildad y verdad.
Un fuerte abrazo en el Señor

Marian dijo...

Cuando pienso en Jesucristo, hermana, exhortando, amando con Sus Divinas palabras...Se enternece y enamora mi alma al contemplarle con los ojos del Espíritu. ¿ Como no tener autoridad al hablar, si El era la PALABRA?...

¡Gracias por este post tan ungido!

Un fuerte abrazo.¡ Feliz día del Señor!

María dijo...

Yo ayer reflexionaba en este Evangelio, y meditaba entre el contraste que hay entre los demonios y la serenidad con que Jesús les expulsaba. Y me decía a mi misma, que hay una gran diferencia entre la autoridad de Jesús y la de nosotros. Especialmente cuando nos sentimos con autoridad para "expulsar".

Los demonios gritan, al ver a Jesús, pero también cuando Jesús les expulsaba.
¿Y por que gritan los demonios? Pues gritan porque no tienen autoridad. Tratan de imponer, gritando y haciendo ruido; como nos pasa muchas veces a nosotros que tratamos de hacer lo mismo, gritando. Gritamos por impotencia, gritamos por miedo, porque estamos llenos de enfado, de odio y falta de amor. Somos muchas veces como los demonios y dejamos que nuestras emisiones nos dominen. Nos encontramos sin paz, porque no aceptamos la voluntad de Dios. No aceptamos y no dejamos que sea Jesús, el que cumpla su autoridad...

Jesús no grita, Jesús es manso, sereno, y hace todo con paz y calma. Jesús, no necesita gritar y tampoco tiene prisa en cumplir y ejercer su autoridad, en lo que muchos de nosotros quisiéramos, fuera prontamente ejercida...

Nosotros, debemos de aprender de la autoridad de Jesucristo. Debemos de aprender a ejercer y saber distinguir, entre nuestra autoridad y la de Él. Y debemos también ser obedientes y humildes a su autoridad aquí en la tierra. Ser pacientes y dejar que sea Él quien la ejerza en nuestras vidas y comunidades.

Los gritos que vienen de Dios, son gritos de serenidad, paz y amor; porque son gritos fruto del Espíritu Santo.En cambio los gritos que vienen de los demonios son todo lo contrario. Son esos gritos en donde se intenta imponer una autoridad que no se posee.

Seamos humildes y demos la autoridad al Señor. Imitemos le en su serenidad y amor. Y si vamos a gritar, que nuestros gritos sean gritos nacidos de nuestra gran necesidad de Él. ¡Jesús, Señor, socórreme.! ¡Jesús, Hijo de Dios, ten misericordia de mi, que soy un pecador; ven a mi auxilio!


Feliz día del Señor, Felicitas. Dios te bendiga. Gracias







Felicitas dijo...

¡Gracias Marian, gracias María! Un fuerte abrazo

FLOR DEL SILENCIO dijo...

Muchas, gracias, por su explicación, me ha hecho mucho bien, gracias un fuerte abrazo.

Felicitas dijo...

Querida Flor, no sabes cómo agradezco tu humildad y mansedumbre. Tú también me haces mucho bien, hermana. Gracias. Otro fuerte abrazo para ti.

dijo...

Sólo Él, por eso es imprescindible amar Su Voluntad. Muy buenos los links. Abrazos fraternos.

FLOR DEL SILENCIO dijo...

Gracias a usted, por su sencillez, aprendo mucho, Dios le pague todo, un fuerte abrazo.

Felicitas dijo...

Un fuerte abrazo a ambos. Dios os guarde.