25 oct. 2017

Auxilium cristianorum et Salus credentium

Hay dos pilares importantísimos en la iglesia católica que forman un núcleo indestructible de nuestra fe bimilenaria:

La Presencia real, viva y actuante de Jesucristo en la Santísima Eucaristía, de lo cual se deduce la importancia trascendental del sacerdocio católico, que ha sido querido por el mismo Jesucristo.

La devoción tierna y confiada a la Virgen María, Madre de Jesucristo, y por lo tanto Madre de Dios y Madre nuestra por Voluntad divina. 

No es casualidad que San Juan Bosco nos hable de estas dos columnas, ya que le fue revelado que, en estos últimos tiempos de apostasía generalizada dentro y fuera de la iglesia de Jesucristo, el maligno iba a combatir especialmente estas dos realidades benditas de la única iglesia santa del Señor.



Por eso estimemos en alto grado cada Santa Misa en la que podamos participar, viviéndola con toda atención y participación, siendo conscientes de que en un futuro no muy lejano, podríamos llegar a tener verdaderas dificultades para asistir a una Santa Misa, en la que un sacerdote, válidamente ordenado, la celebrara siguiendo la liturgia correcta y adecuada, para la transubstanciación de las especias, siguiendo fielmente las Palabras del Señor, tal y como nos lo mandó, en la última Cena.

Demos gracias por cada Santa Misa bien vivida, ofreciendo con el sacerdote celebrante el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, su alma y su divinidad al Padre Bueno de los cielos, en expiación por nuestros pecados y los pecados del mundo entero, como pueblo sacerdotal que somos todos.

" Por su dolorosa Pasión ten Misericordia de nosotros y del mundo entero ". Y ofrezcámonos con Él al Padre Eterno, para que en cada uno de nosotros se cumpla perfectamente el plan divino que Dios tiene trazado, desde nuestra concepción.

En segundo lugar, y no menos importante, cultivemos una tierna y constante devoción a la Virgen que como rezamos en los Misterios de Gloria, es Reina del Universo, junto al Rey de reyes, Jesucristo, Vencedor de todo mal y todo pecado. Con Ella no te cansas, decía un santo, de Ella nunca hablaremos suficiente, nos recomendaba otro santo, y es que Nuestra Madre del cielo nos sigue cuidando como podemos comprobar en Lourdes, en Fátima, en La Salette y en tantas otras apariciones marianas aceptadas por la iglesia y en las que Nuestra Madre nos pide oración y penitencia.

Será que nos va tan mal, porque oramos poco, o no oramos nada. Y porque no nos arrepentimos de nuestros pecados, no hacemos penitencia por ellos, apartándonos de nuestra tendencia al pecado, ayudados por la gracia poderosa que se nos concede en una confesión bien hecha.

Lo sabemos todo, sí. Pero conviene recordarlo de forma especial en estos tiempos, en los que voces dentro del seno de nuestra Madre, la iglesia, pretenden de forma sibilina debilitar nuestra fe, descafeinarla, como solemos decir, desencarnarla como si el Verbo Divino jamás se hubiera hecho hombre en el seno de la Inmaculada.

Animo, Yo he vencido al mundo, nos dice el Señor, hoy más que nunca.

9 comentarios:

cristina dijo...

La presencia de Cristo nuestro Señor en el mundo nadie ni nada podrá quitar que Él es el Camino, la Verdad y la Vida y todo esto por gracia de Dios Padre que eligió a María, nuestra Santa Madre como portadora de la Vida de su Hijo Cristo Jesús quien nos trajo su Buena Nueva fortalecedora de nuestra fe , esperanza y amor.
Abrazo Felicitas

Felicitas dijo...

¡Amén! Gracias por tu bonito comentario, Cristina, un fuerte abrazo

María dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Felicitas dijo...

Tengo varias muy buenas amigas que creen que Medjugorje es un lugar de apariciones de la Virgen María. Habitualmente yo hubiera preferido esperar al dictamen de la iglesia, pero dadas las circunstancias, prefiero acudir a los santos Evangelios, la doctrina de los cuales ha sido custodiada durante largos siglos en la iglesia católica. Prefiero adherirme a los escritos de los santos y a aquellas apariciones de la Virgen que la iglesia ha aprobado ya. En definitiva, nuestra buena Madre siempre nos pide lo mismo: oración y penitencia. No varía el mensaje, porque el mundo no se convierte, al menos en occidente.
A mí, querida María, me parece que nos esperan dias aciagos, antes del triunfo del inmaculado Corazón de María. Esa es mi impresión, ya que ahora la lucha la tenemos dentro de casa. Y está siendo dura, muy dura.
Confiemos, sin embargo, en que el Señor nos conduce y sostiene. Esa es nuestra certeza y sobre ella triunfaremos con Él.
Un fuerte abrazo

María dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Felicitas dijo...

Muchísimas gracias, querida María, por tus palabras. Sintonizo del todo con tu sentir, con tu vivir la fe, así que esperaré a que la Madre me quiera llevar a Medjugorje, para ver qué desea decirme allí. Todo nos ha de ser útil para avanzar por el camino de la santidad, que es el camino de amor y unión con Jesús en y por María Inmaculada. ¿Deseamos servirla mejor, agradar más al Señor? Entonces, ánimo, que la Gracia no nos faltará. Un fuerte abrazo, hermana.

dijo...

Exacto, muy bien señalado, pilares de la Iglesia que hemos de defender y nos han de cuidar. Vienen tiempos de guerra, se acerca la espada. La Eucaristía es un Sacrificio y más que nunca hemos de beber también del Cáliz Su Santa Sangre. Procuremos comulgar bajo las dos especies sagradas. Siempre el Rosario diario y conservar la Paz. da gusto venir a tu blog como la Cierva. Abrazos fraternos.

Rosa Tequendama dijo...


Necesitamos tanto la fuerza de la fe, estamos viviendo tiempos dificiles para mantenernos la Eucaristía es la fuerza y María nuestro sostén.

Rosa

Felicitas dijo...

es cierto, vienen tiempos de guerra, en nuestro país, y en nuestra iglesia. No deja de ser curioso que ambas situaciones coincidan en el tiempo...
Ojalá pudiéramos siempre comulgar de ambas especies, pero en pocas ocasiones se nos ofrecen... Aún y con todo, si procuramos comulgar con todo el corazón y la fe, el Señor bendecirá más y más...
El Rosario diario, cierto. Llevo una buena temporada procurando hacerlo, ya que Mamá María nos lo pide mucho.
Conservar la Paz del Señor en el corazón... ¡cuánta razón tienes!!
Somos pequeños cervatillos, sedientos del Señor, aunque esta de aquí se despista con el vuelo de una mariposa....
Abrazos fraternos

Y tanto querida Rosa, la Eucaristía es Alimento eterno del alma , del cuerpo, del corazón, de lo más hondo de nuestro ser en donde la amada Trinidad pone su tienda y ejerce su benéfico influjo sobre cada uno.
Jesús Sacramentado y santa María. Aprovechemos ahora que aún nos es fácil poder comulgar.
Más adelante, no sé si seguirá siéndolo.
Un abrazo, preciosa.