6 jul. 2017

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 9, 1-8

En aquel tiempo, subió Jesús a una barca, cruzó a la otra orilla y fue a su ciudad. En esto le presentaron un paralítico, acostado en una camilla. Viendo la fe que tenían, dijo al paralítico:
«¡Animo, hijo!, tus pecados te son perdonados».
Algunos de los escribas se dijeron:
«Este blasfema».
Jesús, sabiendo lo que pensaban, les dijo:
«¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil decir: "Tus pecados te son perdonados", o decir: "Levántate y echa a andar"? Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados - entonces dice al paralítico -: "Ponte en pie, coge tu camilla y vete a tu casa"».
Se puso en pie, y se fue a su casa.
Al ver esto, la gente quedó sobrecogida y alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad.



Comentario de San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 29,1. 

Jesús no destruyó las sospechas de los fariseos que pensaban que sus palabras las había dicho realmente como Dios. Si El no fuera igual al Padre hubiera dicho: "estoy muy lejos de tener poder para perdonar los pecados". Pero no es así, sino que afirma todo lo contrario con sus palabras y sus milagros. Por eso añade: "¿qué es más fácil decir: te son perdonados tus pecados o levántate y anda?" Así como el espíritu es más importante que el cuerpo, así también es más importante perdonar los pecados que sanar el cuerpo. Y arguye más poder a la salud del espíritu que a la del cuerpo puesto que este último es más visible y más reducido el círculo de sus operaciones y el espíritu es menos visible y sus operaciones más elevadas.

 

2 comentarios:

María dijo...

Nuestro Señor, no sanará todas las enfermedades físicas ni tampoco todos los males que podamos pasar en este mundo. El mal más terrible, es el pecado y este es al que hay que poner verdadero cuidado.

Oremos mucho contra el pecado.

Gracias Felicitas


Felicitas dijo...

Así lo haré, querida María. Cuando la Virgen en Fátima pide oración y penitencia, creo yo se refiere fundamentalmente a que dejemos el pecado mortal, luchemos con la gracia que Dios nos da, para no caer en él.
Luego, está la lucha contra el venial y contra las faltas.
El Señor nos da la mejor arma: su Gracia surgida de sus benditas heridas, de su gran dolor, y de su maravillosa Resurrección, primicia de la nuestra, como miembros del Cuerpo místico de Cristo. Un plan perfecto de Amor divino para los pobres pecadores, que somos todos.
Un abrazo, linda