26 jun. 2017

No juzguéis, y no seréis juzgados

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 17. Algunos exponen este pasaje en el sentido de que Dios no prohíbe a los cristianos, por medio de este precepto, que corrijan a otros por benevolencia, sino que los cristianos desprecien a los cristianos por jactancia de su propia justicia, odiando y condenando a otros, muchas veces por solas sospechas, ejecutando su propio odio bajo las apariencias de piedad.

San Jerónimo. Habla de los que desconociendo sus propios pecados mortales no disculpan la menor falta en sus prójimos. Reprende a aquellos que se escandalizan de la ira de sus hermanos, cuando ellos viven ennegrecidos por el odio.
 
San Agustín, de sermone Domini, 2,19. Tanta distancia hay de la paja a la viga, cuanta hay de la ira al odio: el odio es una ira inveterada. Muchas veces sucede que nos incomodamos con un hombre a quien deseamos corregir, pero que no lo odiamos.

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 23,2. Hay muchos que si viesen a un monje con un vestido de lujo o comiendo con abundancia, lo acusarían amargamente, siendo así que ellos roban todos los días y viven en continua crápula.

San Agustín, de sermone Domini, 2,19. Cuando nos veamos precisados a reprender a otros, pensemos primero si alguna vez hemos cometido aquel pecado que vamos a reprender. Y si no lo hemos cometido, pensemos que somos hombres, y que hemos podido cometerlo. O si lo hemos cometido en otro tiempo, aunque ahora no lo cometamos, entonces toque la memoria la común fragilidad, para que la misericordia, no el odio, preceda a aquella corrección. Pero si nos halláramos con el mismo pecado no reprendamos, sino lloremos, movidos a la enmienda, con mutuos esfuerzos. Rara vez, y por gran necesidad, se han de hacer las reprensiones, en las cuales no debemos insistir por nuestro interés personal, sino para servir al Señor.

 

8 comentarios:

María dijo...

Me ha gustado mucho la ultima parte. La de San Agustín. Así debemos pensar antes de juzgar. Y mira que juzgamos todos los días, y no sólo con la boca, pero también con el pensamiento. El pecado no se aprueba, pero siempre antes de la reprenda, la caridad por delante.

Sigo en la lucha. Dios me ayude, a corregir ante todo con mi ejemplo.

Gracias Felicitas. Un gran abrazo

Felicitas dijo...

Gracias María, por tu testimonio cristiano. ¡Llenemos la red de Cristo!
Corregir al otro es una obra de misericordia, y como tal no puede ser hecha con dureza de corazón. Sería un contrasentido.
Un fuerte abrazo, hermana.

cristina dijo...

Excelente recopilación...cuánta verdad!!!!....Como interpela cada cita!!! No puedo corregir a una persona de aquello que también estoy errada....Pienso también en el dar buen consejo, lo haré si tengo mi actuar limpio de aquello que aconsejaré...Corregir a otro es ayudarle a enmendarse para su bien, caminar con Dios y su propia vida
Fuerte abrazo Felicitas

María dijo...

Sí tienes razón en cuanto a lo de corregir, como obra de misericordia. No tiene que ser con dureza. Y por eso, yo hablaba de mi. No siempre me queda perfecto. Por eso digo, que Dios me ayude a corregir, sobre todo con mi ejemplo. :) Un abrazo Felicitas.

FLOR DEL SILENCIO dijo...

Buenos días, muy buen compartir.Muchas veces juzgamos las cosas según el gusto o disgusto que nos causan. Gracias.

Felicitas dijo...

Tienes mucha razón Cristina, yo también tengo que vigilar mucho cuando conviene y cómo conviene corregir a alguien y saber darme cuenta si mi corrección nace de mi soberbia o de la caridad que me pide hacerlo por el bien del otro.
Un fuerta abrazo, linda

sí, María, que nos ayude a todos porque en eso de corregir al hermano con frecuencia metemos la pata. Que el Señor nos ayude a hacerlo como Él quiere. Un abrazo, guapa

Eso es cierto, hermana, nos ocurre con mucha frecuencia. Si vivimos para hacer la Voluntad del Señor en todo, con su gracia, poco a poco, iremos logrando dejar los gustos y disgustos propios. Un abrazo, gracias a ti.

dijo...

Hay que ejercer la Misericordia corporal y espiritualmente, orar y sajar para sanar. Si nos escapamos del deber con un "¿Quién soy yo para juzgar a nadie?" cuando nadie pide que juzgues a nadie sino los actos, es olvidar que el Señor le dijo ...en adelante No peques más. Que nadie tenga en duda que ese adulterio lo cargó Jesús en el Madero Santo y muy presente lo tenía cuando dijo aquello a esa pobre mujer descubierta... Pero los hay que no quieren cargar con nada ni arrimarse a nada, tan sólo pasar de largo de Jerusalén a Jericó y seguir con sus cosas. Abrazo fraterno.

Felicitas dijo...

Claro, amigo, clarísima reflexión. Luz, entre claroscuros, entre nieblas que repelen al Espíritu. Seguir con sus cosas, certera expresión que describe la actitud de algunos, los cuales también están llamados a ser Luz. ¿Lo conseguirán más adelante? Oremos y amemos.