1 jun. 2017

El Señor vivifica su cuerpo en el Espíritu





El Señor vivifica su cuerpo en el Espíritu

De quien ya no vive de acuerdo con la carne, sino que actúa en virtud del Espíritu de Dios, se llama hijo de Dios y se ha vuelto conforme a la imagen del Hijo de Dios, se dice que es hombre espiritual. Y así como la capacidad de ver es propia de un ojo sano, así también la actuación del Espíritu es propia del alma purificada.

Así mismo, como reside la palabra en el alma, unas veces como algo pensado en el corazón, otras veces como algo que se profiere con la lengua, así también acontece con el Espíritu Santo, cuando atestigua a nuestro espíritu y exclama en nuestros corazones: Abbá (Padre), o habla en nuestro lugar, según lo que se dijo: No seréis vosotros los que habléis, el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros.

Ahora bien, así como entendemos el todo distribuido en sus partes, así también comprendemos el Espíritu según la distribución de sus dones. Ya que todos somos efectivamente miembros unos de otros, pero con dones que son diversos, de acuerdo con la gracia de Dios que nos ha sido concedida.

Por ello precisamente, el ojo no puede decir a la mano: «No te necesito»; y la cabeza no puede decir a los pies: «No os necesito.» Sino que todos los miembros completan a la vez el cuerpo de Cristo, en la unidad del Espíritu; y de acuerdo con las capacidades recibidas se distribuyen unos a otros los servicios que necesitan.

Dios fue quien puso en el cuerpo los miembros, cada uno de ellos como quiso. Y los miembros sienten la misma solicitud unos por otros, en virtud de la comunicación espiritual del mutuo afecto que les es propia. Esa es la razón de que cuando un miembro sufre, todos sufren con él; cuando un miembro es honrado, todos le felicitan.

Del mismo modo, cada uno de nosotros estamos en el Espíritu, como las partes en el todo, ya que hemos sido bautizados en un solo cuerpo, en nombre y virtud de un mismo Espiritu.
Y como al Padre se le contempla en el Hijo, al Hijo se te contempla en el Espíritu. La adoración, si se lleva a cabo en el Espíritu, presenta la actuacíón de nuestra alma como realizada en plena luz, cosa que puede deducirse de las palabras que fueron dichas a la samaritana. Pues cómo ella, llevada a error por la costumbre de su región, pensase que la adoración había de hacerse en un lugar, el Señor la hizo cambiar de manera de pensar, al decirle que había que adorar en Espíritu y verdad; al mismo tiempo, se designaba a sí mismo como la verdad.

De la misma manera que decimos que la adoración tiene que hacerse en el Hijo, ya que es la imagen de Dios Padre, decimos que tiene que hacerse también en el Espíritu, puesto que el Espíritu expresa en sí mismo la divinidad del Señor.

Así, pues, de modo propio y congruente contemplamos el esplendor de la gloria de Dios mediante la iluminación del Espíritu; y su huella nos conduce hacia aquel de quien es huella y sello, sin dejar de compartir el mismo ser.

Del libro de san Basilio Magno, obispo, sobre el Espirítu Santo (Cap. 26, núms. 61. 64: PG 32, 179-182. 186- Artículo publicado en Aciprensa)


5 comentarios:

María dijo...

¡Que maravilla! San Basilio Mango, es grande!

Me lo llevo para leerlo más detenidamente.

¡Venid Santo Espíritu! Muchas gracias amiga.
Un fuerte abrazo. ♥

Felicitas dijo...

Me alegro que te guste. ¡Qué buen gusto tienes! Bromas aparte, me encanta leer a los santos padres, ¡tienen tanto Espíritu Santo!
Gracias a ti, hermanita.
Un fuerte abrazo ♥

cristina dijo...

Un gran testimonio de fe , un santo que estaba pleno del Espíritu Divino...
seguir su relato es adentrarse al Espíritu mismo...
Fuerte abrazo Felicitas y muchas gracias por sentirla tan cerca

FLOR DEL SILENCIO dijo...

Buenos días, Todos formamos el cuerpo de Cristo según el Don recibido, pero hemos de descubrirlo para saber ¿Cuál es el lugar y mi función dentro de eses cuerpo ? en todos se esconde un Dios escondido, gracias, por esta bellísima reflexión, un buen día en el Señor.

Felicitas dijo...

Es cierto Cristina, la palabra de los santos es fuego que enciende el corazón en amores divinos, esperanzas bien ciertas de ver al Señor cara a cara en la Vida.
Gracias, Cristina, un abrazo bien fuerte.
Unidas en la oración

Es cierto hermana, creo que Dios mismo nos lo muestra cada dia en la oración diaria, despacito y bajito nos habla al corazón, diciéndonos qué espera de nosotros. Qué desea hacer en nuestra vida, con nuestra gran pequeñez.
Gracias por tu compartir luminoso. Feliz y santo dia. Un abrazo