7 abr. 2017

Lucía de Fátima, en el asilo de Vilar, año 1921




Al llegar al asilo de Vilar, el capellán y la directora del mismo, le cambiaron el nombre, llamándola María de los Dolores. Era para esconder su identidad de vidente de Fátima, y que las preguntas de la gente de este nuevo entorno, no la incomodaran. 

Le pusieron el uniforme del internado, una bata de cuadritos blancos y negros, igual que las otras niñas. Lucía entonces tenía 14 años.

Como es natural, comenzaron las preguntas de las otras niñas:

-¿Cómo se llama?
- María de los Dolores
-¿y el apellido?
-Nada
-¿De dónde es?
-De cerca de Lisboa
-¡Pero cerca de Lisboa hay muchas regiones! ¿Es de Cascais?
-Sin poder responder, Lucía callaba
-Entonces, ¿no sabe el nombre de su pueblo? ¿Es de Sintra?
-No
¿Es de Santarém?
-No
¿Es de Parede? etc.
-¿Y sus padres cómo se llaman?

Ella guardaba silencio. Como es natural, fue tomada por una tonta.
-¡Qué cosa! comentaban, una pequeña de 14 años, no sabe de qué región es, ni sabe el nombre de sus padres ni el apellido!

" Sentí, sabes Tú oh Madre querida y sabe Nuestro Buen Dios lo que sentí! Pero recordando mi sí, lo fui repitiendo bajito, día a dia, junto a Tu altar y a los pies de este Sagrario."

Este primer encuentro, que comenzó iluminado por las sonrisas francas de las otras niñas ya ambientadas al internado, acabó por quedar cargado de nubes negras. La pastorcita, escondida en su silencio, saboreaba amargas lágrimas en el corazón, pero reafirmaba su sí incondicional, pese a que la tentación de desistir la hiriese como un puñal. Y recordaba la promesa del 13 de mayo de 1917: 

-Tendréis mucho que sufrir, pero la gracia de Dios será vuestro consuelo.

Lucía besaba todos los sacrificios con los ojos puestos en María y por Ella en Dios, a Quien todo entregaba. Siempre que podía se refugiaba en la capilla, el lugar que la atraía, donde se sentía bien. ahí desahogaba su corazón, recibía valor para proseguir el camino con amor y elegancia, sin dar a conocer que sufría, como ella confiesa:

Procuré siempre ocultar mi sufrimiento, mis desilusiones y luchas internas, sobre todo a mi madre para que no sufriese por mi causa ni pensase en venir a buscarme.
Quería ofrecer a Dios mi holocausto en lo posible con alegría, y sólo en esto estaba la felicidad a la que en mis cartas me refería. Inmolarme por Amor, por las almas, en cumplimiento de mi sí.

(Diálogos y textos entresacados de " Un camino bajo la mirada de María" del Carmelo de Coimbra)

11 comentarios:

dijo...

¡Qué sentido más profundo de obediencia! Tierra humilde donde brota y germina la verdadera Fe que sostiene el holocausto en secreto. Abrazo agradecido.

Felicitas dijo...

Cierto, a mí también me ha sorprendido y admirado la obediencia de esta criatura a Dios, a la Virgen, a sus padres, a sus superiores, una obediencia dócil, dolorida pero sin amargura, sino más bien feliz de poder obedecer al Señor. Suscribo totalmente tu comentario. Abrazo agradecido también.

Rosa Tequendama dijo...


Una niña casi y ya era una verdadera cristiana.

Rosa

Felicitas dijo...

Así es, Rosa. Verdaderamente admirable. La Virgen se escoge muy bien a sus videntes.
Un abrazo

camino dijo...

Gracias, por vuestro compartir, que enriquece nuestra vida espiritual, gracias, un feliz y santo sábado.

Felicitas dijo...

Lo mismo, hermana. Un fuerte abrazo. Feliz y santo fin de semana

camino dijo...

Que Dios este siempre contigo, feliz y santa semana santa, un abrazo.

Felicitas dijo...

¡Gracias, igualmente, Camino! ¡Feliz y santa Semana Santa!

Margalida dijo...

No sabía que hubiera estado en un internado Lucia, que sorpresa.

Besitos

Margalida dijo...

;) Me he quedado con curiosidad de saber más cosas. Habrá que leer el libro.

Muy interesante

Felicitas dijo...

Sí, la verdad que vale la pena. Intentaré seguir con el tema, ahora que ya ha pasado la Semana Santa. Besitos!