12 jun. 2016

El bien que hacemos





Todo acto bueno que con la gracia de Dios logramos hacer tiene una repercusión fuerte en el mismo corazón de la Iglesia y se expande hasta los confines de Ella misma...

¿Qué diremos de todos los actos buenos que una persona haya logrado hacer a lo largo de toda su vida?

Pio XII dijo una vez: " ¡Qué misterio que la salvación de muchos dependa de la fidelidad de unos pocos!

¿Queremos ser de estos pocos?

Amemos mucho al Señor, cumplamos su santa Voluntad en nuestras vidas y Él dará el incremento que ahora ignoramos y luego podremos comprobar con gran gozo en el alma.





5 comentarios:

Ricardo Guillermo Rosano dijo...

Felicitas, esto que compartes a su vez tiene que ver con una imagen bíblica que tengo muy presente en los últimos años, aquella de las ciudades que se mantienen en pié y que no son destruídas por la presencia de algunos justos.

Quizás estemos con un cierto déficit espiritual, porque a menudo no tenemos presente a esos justos a los que tanto debemos, y que persisten en bondad sin estridencias, Evangelios vivos, latientes y humildes que sazonan la existencia, que conservan la vida.

Que tengas una magnífica semana

Paz y Bien

Ricardo

ven dijo...

En todo hombre bueno habita Dios. Muchas, gracias.

Felicitas dijo...

sí, y que comparten con el resto del Cuerpo místico de Cristo su pequeña grandeza, en humildad y sencillez. El Espíritu Santo hace que esa sabia bendita nos llegue a todos.
Una feliz y santa semana también para ti, Ricardo y tu familia.

Paz y Bien

Gracias a ti, querida hermana.

Un abrazo fraterno

dijo...

Comprendo que estamos vocacionalmente llamados a ser de esos pocos, pequeno rebano que Él guía y quiere seamos la sal de nuestros hermanos. Peregrinemos viviendo esa existencia eucarística en la que nos demos a comer a los otros. Saludos fraternos.

Felicitas dijo...

¡qué bonito eso que dices! Y es que en realidad todo lo hace, todo lo consigue el Señor... Nos pensamos que algo hacemos y gracias deberíamos dar si logramos, con su Gracia, llegar a ser siervos inútiles, es decir, aquellos que hacen lo que les está mandado.
Eso es mucho, porque nuestra naturaleza caída y más en esta época maldita nos impide mucho el Bien, pero esa bendita existencia eucarística a la que su gran Amor nos llama, nos perdona, nos restaura, nos inserta en su santo Corazón, nos hace útiles para la salvación de las almas. Darnos a comer a los otros... Un propósito vital encomiable...quiero tender a ello. Gracias. Un saludo fraterno.