12 may. 2016

La comunicación de la vida y sus maravillas escondidas




y para mis amigos que no entienden el inglés dice, entre otras cosas bellas, que mientras el feto humano se halla en el vientre materno ( su casita maravillosa) el mismo aprende el lenguaje de su madre, pudiendo también reconocer las diferentes palabras,  y después de haber nacido, serán capaces de reconocer esas mismas palabras de sus madres, e incluso darse cuenta de la diferencia entre la lengua de su madre y la de otras personas.

Los fetos humanos también pueden responder al toque de sus madres, cuando acarician sus vientres, haciendo más movimientos como respuesta al estímulo de la caricia de sus madres o de otras personas sobre el vientre.

La unión entre madre e hijo se extiende más allá del lenguaje y la comunicación.

Cuando el corazón de la madre sufre algún tipo de defecto o daño, las células madre del feto humano migran hacia el lugar dañado y reparan ese daño (¡!)

Los bebés masculinos dejan trazas de su DNA en el cerebro de sus madres lo cual las protege contra la enfermedad de Alzheimer.
Y no acaba aquí...

Anticuerpos viajan desde la madre hacia su bebé por medio de la placenta y luego, una vez nacido, por medio de la leche materna, lo cual pone en marcha el sistema inmunológico del bebé tanto antes del nacimiento como también después.

Así el bebé queda protegido del ataque de bacterias y virus mortales.
Y después de que el bebé ha nacido, la leche materna es configurada de acuerdo con el sexo del bebé. Las madres disponen y producen diferentes recetas biológicas para hijos o para hijas.

¡Es realmente sorprendente y extraordinario!

2 comentarios:

dijo...

Realmente sorprendente, cierto. Emocionarme al pensar en el Nino Jesús y en Mamá María. 피는 물보다 진하다
Saludos fraternos.

Felicitas dijo...

Es verdad, esta mañana pensaba yo precisamente que el Señor quiso vivir 30 años junto a la Virgen María y eso no fue algo sin importancia, no. Realmente quiso vivir como hombre, junto a la mejor de las madres, la suya, ¡qué cariño más grande, qué cercanía, qué unión y vida tan extraordinariamente normal debieron vivir ambos, aprendiendo el uno del otro! ¡Qué complicidad y conocimiento mutuo tan grande quiso Dios mismo tener con Aquella que es principio de salvación, por elección Divina.
Saludos, hermano.