25 may. 2016

Amor de Dios

Y me dijo en aquella ocasión:  No te desprecies, porque Yo no lo hago.

Si Jesucristo Nuestro Señor vive en mi corazón, por la fe, y con Él viven Dios Padre y Dios Espíritu Santo y están constantemente purificándome, sanándome, santificándome y divinizándome, todo eso ocurre por su infinito Amor hacia mí, pecadora infiel.

Ese despreciarme no procede casi siempre más que de mi orgullo herido, ¡hermana burra!...
Y no tanto del rechazo de mi pecado, porque éste, tras arrepentirme y confesarme ante la Igleisa de Jesucristo, ante la persona de un sacerdote, me queda perdonado y además se me concede la gracia de superarlo. ¿A qué despreciarme? ¡ si Dios mismo me ama tanto que me perdona, me sana y reestablece, aún más, me re-crea con su gracia salvífica y eso PORQUE ME AMA!!

No tengo derecho, pues, a despreciar lo que DIOS AMA

Deseche mi pecado, pida perdón, confíe en la eterna Misericordia del Corazón de Cristo, y viva ya en el gozo de la unión amorosa con Nuestro Señor. Pase lo que pase, Él está siempre conmigo y nunca me abandona. ¿Será porque me desprecia? ¡¡No!!

Anda y no te desprecies, ámate tal y como Cristo te ama, ámale a Él con toda el alma, con todo el corazón, con todo tu ser, y deja que Cristo ame en ti y contigo a todos como Él lo hizo durante toda su vida terrena.
Si dejo que Él ame en mí y conmigo, aprenderé el divino arte del Amor y ya nunca más andaré en desprecio ni por mí ni por nadie.

Hágase, Señor, en nosotros, según tu Palabra.
Santa María, ora pro nobis.


4 comentarios:

dijo...

Bella entrada. Desprecio mis seguridades si no se fundan únicamente en la confianza a mi Señor. Desprecio mi facilidad para acomodarme, para ver en esta naturaleza caída un posible paraíso, desprecio echar raíces en la contingencia, en este escaso tiempo. Desprecio el silencio cómplice o cobarde. Cierto, hay mucho amor propio en tantos reproches y desprecios. Listo o burro, ¡amado!, es el ingrediente que lo cambia todo, el Amor de mi creador, de mi Papá, de Su Santo espíritu, de mi Salvador y Hermano, de toda mi Iglesia. Saludo fraterno.

Felicitas dijo...

mis seguridades, mi acomodarme a esta vida, mi echar raíces en la contingencia, mis silencios cómplices y cobardes...si miramos nuestra naturaleza caída durante demasiado tiempo, o acaso de forma constante sin contemplar al menos durante el mismo plazo de tiempo el Amor, la Belleza, la Compasión, el Poder, la Victoria, la Gracia, etc... de Jesucristo, de la Santísima Trinidad, quedaremos barrados en la playa, estancados en la auto-contemplación de la propia miseria....Creo que el Señor prefiere que dediquemos más tiempo a lo segundo que a lo primero. Y no digo que no hagamos examen de conciencia, porque para poder pedirle perdón hay que darse cuenta en qué le ofendimos a Él o a otros. Contemplar su Amor, recibir, como una antena parabólica abierta hacia Dios, su Palabra íntima, interior, que genera vida sobrenatural en nosotros y por su propia virtud se disemina por todo el Cuerpo místico de Cristo, olvidando un poco, en cierta medida, mi propia y miserable condición, para pasar a sentirse tan amado, que viva uno ya siempre ante Él. Intentando escuchar al Maestro. Tiene tanto que decirme....

ven dijo...

Aceptar mis miserias, es confiar en Dios que me ha creado tal y como soy. Este acto de aceptación implica la existencia de fe en Dios. Muchas, gracias, un saludo.

Felicitas dijo...

Gracias a ti, hermana, por tu amable visita y comentarios. Un saludo.