13 abr. 2016

Tota tua ego sum, oh Virgo Maria, et omnia mea tua sunt

El silencio, la discreción, el quedar siempre en segundo o tercer plano es tu don, querida Madre, ese arte del desaparecer ante los vanidosos ojos del mundo, es un arte que yo quiero aprender.
Admite a esta pecadora infiel en el número de los que enseñas a ser como tú, y a agradar por eso al Altísimo, como tú siempre le agradaste.
Callada quedo y a tu disposición, bella Señora.



2 comentarios:

Caminar dijo...

Si uno pide de verdad, la Virgen concede todo lo que nos conviene para nuestra santidad, y este deseo tuyo y también mío, creo que nos conviene, así que seguro que nuestra Madre nos alcanza este magnífico don.
Un saludo en Cristo resucitado

Felicitas dijo...

Gracias, hermana, confiemos pues en nuestra Madre misericordiosa y pongámonos en sus inmaculadas manos. Nadie nos tratará mejor que Ella.
Un abrazo fraterno.