28 feb. 2016

Conversión

Si no os convertis, pereceréis.

La conversión es una gracia que recibimos del Corazón Sagrado de Jesús y que nos hace ver claramente que sólo en su Amor infinito hallamos las respuestas a todas las preguntas trascendentes que todo hombre se hace.

Él y su doctrina son la medicina eterna para toda dolencia del alma y del cuerpo.
Eso no quiere decir que el enfermo tenga que sanar inmediatamente salvo en aquellos casos en los que la Providencia Divina así lo dispone. ( Véase Lourdes, por ejemplo )

Su medicina sana primordialmente mi pobre corazón lacerado por las vivencias dolorosas del pasado, desorientado por mi pecado recurrente y debilitado por la divisón que detecto entre mis sentimientos, mis pensamientos, lo que quiero hacer y lo que hago.

Me sana por medio de su gracia y lo hace regenerando el orden en mis potencias y capacidades, supliendo mis carencias y deficiencias.

Si no me quiero convertir me cierro a esta regeneración que Dios de forma suave y constante quiere, por Amor Puro, realizar en mí y conmigo.

Si no me convierto, pereceré en mi pecado y eso sí que es la muerte eterna.


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