1 sept. 2015

¿qué me mueve?

¿cómo es que después de tantos años queriendo seguir a Jesucristo, seguimos cayendo en las mismas faltas de virtud de siempre?... ¿Es que acaso no hemos podido avanzar?
La Gracia de Jesucristo es una fuerza, la única fuerza que tiene en sí misma el poder de elevarnos por encima de esa desdichada condición de pecadores.  ¿Por qué no soy santo todavía?
¿Por qué a la más mínima se adueña de mi el amor propio ofendido e impulsa en mí una reacción visceral ante un aparente desafío de alguien? En ocasiones reacción taimada, no violenta, e incluso retorcida...
Tantos años queriendo ser humildes y mansos como el divino Corazón de Jesús, fuertes y poderosos como lo fueron los grandes santos que han sido... y a la más mínima, me sorprendo a mí mismo dejándome llevar del qué dirán, de un enfado que lastima a mi prójimo, de un afán de que los demás me vean todo lo santo que espero poder ser y aparentar... ¡Todo eso es miseria!. Y si está en la raíz de mis actuaciones, no me guía el Amor de Dios, sino mi naturaleza pecadora.
¿Qué he de hacer, pues?
Primero comprender que el Amor que me habita sólo me pide amar. Y amar no es algo virtual. No basta con orar por los demás. No basta amar a distancia. No.  Amar es hacer el bien a todos cuantos se crucen en mi camino, cada día, cada tarde, y cada noche. Porque eso es lo que me pide mi Padre: Amar con el corazón y desde el corazón de Dios mismo. Sólo así podrá comunicarme su Perspectiva, su Conocimiento de todas las cosas, su Espíritu Santo que en cada momento me inspirará el actuar según la Voluntad amorosa y misericordiosa de Dios. ¡Concédenos, Señor, venir a ser verdaderos templos de tu Santo Espíritu! Siempre dóciles a su divino Soplo.

4 comentarios:

pensamiento dijo...

El amor perfecto tiene esta fuerza: que olvidamos nuestro contento para contentar a quien amamos, GRACIAS, UN GRAN ABRAZO FRATERNO.

Felicitas dijo...

Es cierto, ese amor que se entrega hasta el morir de amor, es el de Jesucristo, es el bueno, es el que yo quiero vivir y ofrecer a Dios y al prójimo. Pídelo para mí, para todos.
Gracias a ti por tu amistad.
Uno y grande y fraterno.

pensamiento dijo...

Por muchas que sean las penas que experimentemos, si oramos, tendremos la dicha de soportarlas enteramente resignados a la voluntad de Dios; y por violentas que sean las tentaciones, si recurrimos a la oración, las dominaremos, Gracias a usted por su detalles y su sinceridad, que Dios sea con usted, un fuerte abrazo fraterno, esta en mis oraciones, cuente con eso.

Felicitas dijo...

Muchas gracias, Pensamiento. Dios te bendiga más y más. Con Dios llegaremos a buen puerto. Seguro. Siempre con Él y en Él, de la mano de Mamá María.