2 jul. 2015

Filiación divina

Por Gracia hemos sido rescatados de la antigua maldición que nos tenía esclavizados y amargados...
Por pura Gracia del Amor de Dios,  plasmada en la vida, pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, hemos sido hechos hijos de la Luz.  La Luz que visitó este mundo y que fue rechazada por él, más a los que la acogieron en su corazón, les dio el poder de ser hijos de Dios. Y si hijos, coherederos con el Hijo unigénito del Altísimo, lleno de Gracia y Bondad.
Hijos de la Luz. De esa Luz de Luz que es Jesucristo. Luz, porque Dios es Amor y es Luz.
Luz que brilla en las tinieblas, las que no le acogen.
Los divinos 3, por la fe en Jesucristo, nos habitan por el Amor, y así nacemos de nuevo a una vida eterna, vida plena, vida divinizada. Tenemos, pues, en nuestro corazón, en nuestras manos, el Poder, el Amor, la Misericordia de Dios... pero tan sólo si estamos dispuestos a hacer en todo la Voluntad de Dios, que siempre es lo mejor que se puede hacer. Es lo perfecto, es lo óptimo. Sí así lo hacemos, tendremos a nuestro alcance la omnipotencia divina, su amor infinito, su misericordia interminable, para todos, para todo.
Es dejarse gobernar por el Espíritu de Dios, aunque cueste, para vivir según su santo designio.
A cada instante, cada minuto, cada segundo, estamos, nos movemos en Dios y Él nos conduce suave y fuertemente hacia la Vida. Dejo mis planes humanos, por buenos que me parezcan y asiento a todo cuanto el divino Ser disponga para mí. Si no entiendo, no importa, entenderé más adelante.
Y si no, a pedir sabiduría para ver, para cooperar gozosamente con el plan divino para mí.
Luz de Dios, invádenos, y sé nuestro habitat diario, nuestra purificación, nuestra santificación y nuestra iluminación.