19 oct. 2014

La autoridad


La autoridad nace de la paternidad.

Dios, que es la autoridad suprema, es autoridad porque es Padre, aunque también es seno en el que descansa el Hijo unigénito. 


De esta forma podemos entender la paternidad divina como origen óntico de cualquier tipo de autoridad legítima.


Dios tiene poder sobre el universo entero porque lo creó y El es su autor. 

De la misma manera los padres tienen autoridad sobre sus hijos porque los engendraron.

El ejercicio de la autoridad debería, por lo tanto, ser considerado un ejercicio propio de un "autor de vida",  de la manera más amplia: en sentido biológico, espiritual, religioso; en el campo de lo profesional, en el de lo social, o familiar.

Resulta entonces que toda autoridad debe ser entendida y ejercida como una forma de paternidad y está comprometida con la transmisión de vida, prosperidad y bien para todos los hombres.

4 comentarios:

xtobefree dijo...

Buenos días Felicitas. ¿Con qué autoridad haces estas cosas, o quién te dio la autoridad
para hacer esto? preguntaban los siervos, criaturas del Creador que no querían más padre que el Homicida, pero a ti, a ti Jesús te llama Amiga. Cumplitr la voluntad de Dios es tu divisa. Un fuerte abrazo.

Felicitas dijo...

Es cierto, cuando hablabla el Señor, la gente decía: No habla como los maestros de la ley, habla con autoridad... y se quedaban maravillados. ¡qué hermoso, Nip!
Mi divisa es tu divisa, querido hermano. ¡qué alegría!
Si se cumple su Designio en nosotros, como deseamos, podemos ya ser felices, porque nuestro Padre celestial nos mirará con ojos benevolentes.
¿qué más podemos pedir?
Un fuerte abrazo.

pensamiento dijo...

La autoridad, hay que ejercitarla siempre "acompañando, comprendiendo, ayudando, amando".

Felicitas dijo...

Cierto, Pensamiento. Siendo parte de la vida humana, la autoridad no debe ejercerse como sometimiento de la voluntad del otro, sin más.
Si gobierno, acompañando, comprendiendo, ayudando y amando, en realidad me hago uno con el otro, para ir ambos en la misma dirección: la Voluntad de Dios.
Gracias.