11 jun. 2014

El monte del encuentro




Subiré al monte del encuentro con el Señor. 
Allí esperaré en silencio tu venida, Amado. 

Tu brisa me acariciará el pelo, 
y tu dulce Voz me hablará al corazón.

De rodillas agradeceré tu deferencia 
al ponerte a la altura del polvo y la nada, 
por tu Amor misericordioso.

Te pediré por todos, me confirmarás tu Ternura 
y tu infinito Deseo de estar con los hijos de los hombres.
De nuevo tu Corazón herido me mostrará su Dolor 
y quedaré impotente y confiada en tu Poder y tu Decisión.

¡Amado de las alturas, ven a mí, ven a nosotros 
y llénanos de tu santo Espíritu!

6 comentarios:

pensamiento dijo...

Cuanto más nos dejamos guiar por el Espíritu, tanto mayor será nuestra configuración con Cristo y tanto más profunda será nuestra inmersión en la vida de Dios uno y trino. Gracias.

Felicitas dijo...

Dicho así, suena fácil, pero en la realidad del dia a dia, dejarse llevar en todo del Espíritu Santo resulta, para mí, imposible de discernir si acaso me he dejado llevar por Él o si simplemente he cumplido con mi deber cotidiano, como es debido. Supongo que una cosa no excluye la otra.
Un abrazo.

pensamiento dijo...

La verdad, si existe, no se puede exagerar. En la verdad no puede haber matices, en la semiverdad o en la mentira, muchísimos.

Felicitas dijo...

tienes razón. Encomienda a esta pecadora. Un saludo

Fernanda dijo...

Clap, clap, clap....Elevado poema.
besitososss!

Felicitas dijo...

Gracias, querida Fernanda. Tú siempre tan amable conmigo.
Besitosososos y abrazososos!!!