1 abr. 2014

Humildad, aspectos


Veamos qué dice  Rom 1,28: "Como no procuraron tener conocimiento cabal de Dios, Dios los entregó a una mente depravada...". La percepción del abismo que media entre la condición en que vive el hombre y la condición de las propias aspiraciones alimenta permanentemente la tentación de frustración, de rebelión y de rechazo. Reconocer la realidad tal como es, aceptar la explicación que se nos da de ella, seguir el remedio propuesto es un conjunto de actitudes que somete al hombre a una prueba radical.

En este contexto nace o muere la humildad.

La humildad es el "camino", la pedagogía elegida por Dios, y a ella debe conformarse el hombre en su recorrido.

Los acontecimientos, los conflictos que lo ponen a prueba, se incluyen en un plano misterioso, en el que el hombre debe aceptarse, dejarse tomar, confiarse sin límites y reservas, con libertad y amor.

La humildad es condición radical, en la que madura el "sí" a Dios, que exige "renunciar al maligno" para adherirse a Jesucristo en el camino de la encarnación (cf Ordo del bautismo). Es el anti-pecado, la anti-soberbia, el vaciamiento de la situación, de hoy y de siempre, la cual induce al hombre a no reconocer al Dios-Hombre, a rebelarse y a suplantarlo, a contrastar su proyecto sobre el hombre. Es adhesión al camino construido por Jesús con la obediencia de su carne (cf Col 1,22: Ef 2,14-16).

La humildad brota del amor.
La humildad es relación personal, es elección de Dios en Jesucristo y rechazo del maligno y de sus obras.

Cuando el hombre deja de extraer su inspiración de la comunión de vida con el Espíritu y empieza a inspirar su vida y su conducta en las prescripciones, en las normas, en los modos de actuar, se verifica una inversión de planos y el hombre se convierte en siervo de la institución en lugar de siervo del Espíritu. 

La humildad pasa del reconocimiento de alabanza del plan de Dios en Jesucristo a la observancia de las formas de cortesía social, de las reglas del buen vivir y del prudente y digno planteamiento de las relaciones. El humilde de corazón vive y crece en Jesucristo, se deja llevar por su Espíritu al valorar situaciones y personas con verdad y rectitud. El Espíritu de Dios en Jesucristo es fuente única y suprema, en la que se inspira el creyente y que le vivifica al asumir con plena libertad interior las instituciones y las normas; no las falsifica, no las idolatra, sino que las toma en lo que son y resiste a su pretensión de imponerse como absoluto, como fuente primaria de valoración e inspiración.

Al reconocimiento de Dios en Jesucristo se llega únicamente por el camino de la conversión y en ella echa raíces y adquiere vida la humildad fundamental, que es el primer componente de ese misterioso proceso al que Juan da el nombre de nueva generación o nacimiento de Dios.

En Jesucristo y de Jesucristo nace el hombre al corazón manso y humilde y aprende a ser manso y humilde de corazón. Jesucristo, que es lá fuente de la humildad, constituye también su paradoja y su escándalo. Es para el hombre soberbio una piedra rechazada (Mt 21,42 y paralelos), signo de contradicción (Le 2,34) y piedra de toque. Quien lo acepta encuentra con él la redención y la libertad, mientras que quien lo rechaza vive la angustia de la negativa (He 26,14). Jesucristo es la prueba suprema que el hombre debe superar para hacerse y mantenerse humilde. Aprender a vivir como hombre salvado significa escucharlo y seguir su doctrina.

Inspirarse en un crucificado, en un vencedor que sale victorioso mediante la derrota, es necedad para quien no cree y es poder de Dios para quien cree (cf 1 Cor 1,18ss), pero es el poder del misterio, de la abnegación total y sin reservas (cf Mt 16,24; Mc 8,34; Le 9,23). Su camino se manifiesta y crece en la humillación, en la contrariedad permanente de tener que vivir el "escándalo y la necedad de la cruz" (cf 1 Cor 1,24), que deja de ser tal cuando el residuo de judío y gentil que continúa vigente en el converso queda vencido y superado.

(de D.Mongillo - www.mercaba.org)

4 comentarios:

silencio dijo...

La humildad es la base de la oración. La humildad es una disposición necesaria para recibir gratuitamente el don de la oración: el hombre es un mendigo de Dios, gracias, amiga, un fuerte abrazo.

xtobefree dijo...

Buenos días Felicitas. Muy buen escrito de Mercaba, ¡Qué buena página!. Ya ves lo poco que se habla de la Humildad en los Evangelios pero Ella nos dice lo esencial: "Hágase en mí según tu Palabra" y "Haced lo que él os diga". Hablar lo mínimo sobre ella y actuar guardando en el corazón todo de Todo. Un abrazo.

xtobefree dijo...

Estremece ver la humildad de Dios que te pide le des de beber... mendiga el que se expropió de todo dándonos a su Hijo Amado. Señor, ayudado por ti mi amigo, nunca más voloveré a gritar que te crucifiquen. Caminamos y nos alimentamos de Él vestidos con las gracias que su Madre Santísima nos ha intermediado, Ella que con sus inmaculadas manos presenta nuestras cosillas al Señor su hijo. Humildad es vivir en Verdad, claro,¡Qué razón tenías Santa Teresa! es caminar con Jesús. Un fuerte abrazo en esta fecha tan especial, Totus Tuus.

Felicitas dijo...

Mendigos de Dios... buena descripción, amiga Silencio. Encomiéndame una intención particular, por favor. Gracias.
Un abrazo.

Lo procuraré, querido Nip.
Un abrazo.

Cómo se nota que bebiste de la fuente de San Luis María tú también...cosillas...
Caminar con Jesús, claro.
Otro fuerte abrazo para ti.
Encomiéndame una intención, bueno, en realidad, dos.
Gracias. Dios te bendiga.
Nuestro querido Juan Pablo II sigue velando por todos nosotros. Hoy hace 9 años.
El 27 de abril, San Carol Woytila.
¡Qué alegría!