16 mar. 2014

San Ambrosio, maestro de maestros




Aunque el santo destina el contenido de este escrito a un presbítero, podemos nosotros también sacar ricas conclusiones para nuestra vida interior y nuestros apostolados:


" Sujeta el timón de la fe para que no te inquieten las violentas tempestades de este mundo.

La Iglesia de Jesucristo navega no sólo en alta mar recibiendo los embates de las olas bravías.

También navega por los ríos que manan de las entrañas de aquellos que beben la bebida de Cristo y reciben el Espíritu de Dios. Estos ríos, cuando rebosan de gracia espiritual, levantan su voz.

Hay también una corriente viva que como un torrente corre por sus santos. Es el correr del río que alegra al alma tranquila y pacífica.
Quien quiera que reciba de la plentiud de este río, levanta su voz, como Juan Evangelista, como Pedro y Pablo. Y así como ellos difundieron hasta los últimos confines la voz del Evangelio de Jesucristo, también el que recibe de este río predica, como ellos, el Evangelio del Señor Jesús.

Recibe también tú de la plenitud de Cristo, para que tu voz resuene. Recoge el agua de Cristo, esa agua que alaba al Señor. Recoge el agua de los numerosos lugares en que la derraman esas nubes que son los profetas.

Quien recoge el agua de los montes, o la saca de los manantiales, puede enviar su rocío como las nubes. Llena el seno de tu mente, para que tu tierra se esponje y tengas la fuente en tu propia casa.

Quien mucho lee y entiende se llena, y quien está lleno puede regar a los demás; por eso dice la Escritura: Si las nubes van llenas, descargan la lluvia sobre el suelo.

Que tus predicaciones sean fluidas, puras y claras, de modo que, en la exhortación moral, infundas la bondad a la gente, y el encanto de tu palabra cautive el favor de pueblo, para que te siga voluntariamente a donde lo conduzcas.

Que tus discursos estén llenos de inteligencia. Por lo que dice Salomón: Armas de la inteligencia son los labios del sabio, y, en otro lugar: Que el sentido ate tus labios, es decir: que tu expresión sea brillante, que resplandezca tu inteligencia, que tu discurso y tu exposición no necesite sentencias ajenas, sino que tu palabra sea capaz de defenderse con sus propias armas; que, en fin, no salga de tu boca ninguna palabra inútil y sin sentido."

2 comentarios:

Cristina A dijo...

Hermosas palabras de fe , esperanza . Bellamente expresada la tarea misionera, la evangelización sentida, vivida, con Jesús . Por su gran Amor a la humanidad , multiplicar su Mensaje de Vida y de Vida Eterna....
Muy hermoso Felicitas
Un fuerte abrazo
Cristina

Felicitas dijo...

Sí, ese fluir del agua, de los rios que Cristo mismo nos prometió a los que creyéramos en Él, en el interior del corazón, es algo tan grande, que fructifica por sí mismo, por su propia virtud. ¡Qué grande es nuestro Dios!
Un fuerte abrazo, Cristina.