16 dic. 2013

Trance





Una cerilla rota, insignificante del todo,
nadie se fija en ella, porque ya no sirve.

Y con todo, a veces, logro encender una luz
con la punta débil y quebradiza de una cerilla rota.




Cuesta, como todo lo bueno de esta vida.
Cuesta prenderla, luchas contra el temblor de su cuerpo inconsistente,
más, al fin, arde e inflama el pavilo vacilante...

Y, fíjate bien, porque todo estaba calculado en las matemáticas divinas,
la pequeñez, fragilidad, el tanto por ciento de probabilidades de que prendiera o no...:

Mientras me hallo en el trance del dolor, todo parece depender de mi acción.
Pero si pasa el tiempo, y miro hacia atrás, de pronto veo que no era así.
Todo obedece a un plan divino de amor hacia mí, hasta el más mínimo detalle.
Y todo es lección para mí, en esta vida.

Y detrás de todo, se halla el Señor y la Virgen, pacientes, mansos, humildes y llenos de amor divino hacia nosotros.

Abandono, Señor, en tus manos mi cansancio de siglos, mi angustia de milenios, y aprendo, al fin, a depender tan sólo de Ti. Amén.




2 comentarios:

NIP dijo...

Buenos días Felicitas:
Lo meditaré esta tarde, amiga.
Un abrazo

Felicitas dijo...

Un abrazo, amigo Nip.
;)