19 dic. 2013

¿Dónde estás?

¿Por qué huyes de mí , ciervo veloz?




Si fuera cazador inmisericorde, 
comprendería tu alejamiento creciente.

Sin buscar, te hallé inesperadamente
y fuiste luz para mis pasos, fuente de consuelo 
y camino seguro y sin tropiezo.

La Escritura dice que hay un tiempo para llorar
un tiempo para reir y gozar,
un tiempo para el encuentro,
y un tiempo para la distancia...

Y un tiempo para el adiós.

¡No pienso decirte adiós jamás! 

Debería ser una palabra prohibida en el léxico cristiano.
No hay adiós ni tras la muerte, sino un:
¡Hasta pronto!
Pues eso.




4 comentarios:

Caminar dijo...

Es cierto, no hay lugar para el adiós, sí para el "a-Dios".
Un abrazo en Cristo. A-Dios.

Fernanda dijo...

Tras la muerte, libres por fin del velo del Ego, todos nos abrazaremos fuerte y nada nos distanciará.
Tienes correito.
Besitos!

silencio dijo...

Nunca hay un adiós, si un para siempre, Dios es el eterno presente, un fuerte abrazo.

Felicitas dijo...

¡Gracias, Caminar, a Dios, hermana!
Un abrazo.

Nada nos distanciará. ¡Qué bueno, Fernanda! ¡Qué bueno!
Gracias y besitosososos!

Un para siempre en el eterno ahora del Señor. ¡Qué hermoso, Silencio!
Gracias.
Un abrazo.