1 nov. 2013

La virtud de la Misericordia

¡Mis propios ojos Le verán!.... dice emocionado nuestro hermano, el santo Job...

Será un momento indescriptiblemente emocionante aquel en el que el Señor nos sitúe ante su divino Rostro, para emitir su santo, justo y misericordioso Juicio sobre nuestras vidas mortales...

Tendremos temor, ciertamente, y no porque Él sea un juez implacable, ya que sabemos por el mismo Jesucristo que Dios es un Padre amoroso, lleno de cariño hacia todos sus hijos.

Pero también sabemos hasta qué punto nuestro pecado puede llegar a arrastrarnos al lodo, para quedar allí aprisionados.... Todos tenemos experiencia al respecto.

Más, cuando nos acometa el temor excesivo ante la grandeza y perfección divinas, acordémonos siempre de las Bienaventuranzas.... Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos hallarán Misericordia...etc.

¡Si con que mi ideal de vida fuera este, ya podría contar, con seguridad, con la divina Misericordia del Señor, porque su Palabra siempre se cumple!

¿Qué debo hacer, pues?

Ser misericordioso SIEMPRE, SIEMPRE, SIEMPRE. En el trato con todas las personas con las que entre en contacto. He de cultivar esa virtud a consciencia, con empeño, con tesón y capacidad de lucha contra la propia ira y el propio egoísmo, y pedir mucho la Gracia Divina para poder vivirla tal y como el Señor quiere. Y con ella, las otras también.

Pero es que si sobresales en la vivencia de la Misericordia, el Señor mismo te dará el aumento en todas las demás, no sin tu esfuerzo personal, claro.

¡Qué bueno es el Señor!

5 comentarios:

María del Carmen dijo...

Hola Felicitas!!

El secreto para ser misericordiosos es pedirle a Jesús ver con sus propios ojos a los demás... cuando se lo pedimos Él nos lo presta gustoso!!!

Bendiciones de Paz y Amor!!!

Olga i Carles (http://bellesaharmonia.blogspot.com dijo...

La Misericordia surge cuando la brisa del aire que acaricia nuestra alma y la expande.


Gracias.
Un fuerte abrazo.

Felicitas dijo...

¡Qué bueno, Maria del Carmen! Estoy segura que es así. Un abrazo, linda.

El Viento impetuoso o la Brisa suave tienen el poder de comunicar el don de la Misericordia, por la fe en el Hijo, que dio la vida por todos y luego la recobró, por su propio poder.
Nos acaricia y nos expande el alma, mientras cantamos sus grandes obras, las que hizo con el poder de su Brazo, desde antiguo, en favor de Israel y aquellos que de verdad Le aman y honran y le dan el tributo de sus vidas hechas ofrenda de amor y adoración al Altísimo.

Un saludo cordial.

silencio dijo...

Ser misericordiosos, es vivir el estilo de Cristo Jesús, vivir como ÉL vivió, ser capaz de olvidarnos de nosotros mismo para ser un Cristo para los demás, ser ese AMOR MISERICORDIOSO, que es DIOS, gracias, un fuerte abrazo amiga.

Felicitas dijo...

Olvidarse de uno mismo, Silencio...¡cómo nos cuesta! ¿O es que acaso no queremos hacerlo y por eso hay lucha interior? Ser amor misericordioso para todos: ¡Qué gran lema de vida!

Un abrazo, linda.