22 sept. 2013




Dulce Madre, Virgen de la Merced,  míranos, miserables pecadores, gimiendo bajo ese peso inmisericorde de nuestras transgresiones, como los que nada comprenden, ni saben, ni quieren entender.

Más apiádate de nosotros y libéranos de ese yugo cruel y rastrero, con el poder que el Señor mismo te concede, y haznos fieles seguidores y amigos de tu divino Hijo, al que queremos servir, al que queremos obedecer en todo, aunque nos suponga gran sufrimiento. 

Nunca será tanto como el que Él y tú padecisteis por liberarnos y abrirnos las puertas de la Vida Plena. ¡Señora, líbranos del mal! Amén.

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