13 jun. 2013

San Juan evangelista

Nuestro buen amigo y hermano San Juan evangelista nos dice:

Quien dice que permanece en Él ( Jesucristo ), deber vivir como vivió Él.

(Primera epístola de San Juan, 2, 6)

¡Madre mía, Juan! Lo que has dicho, hermano. ¡Vivir mi vida como Jesucristo vivió la suya!
¡Pues anda que no me falta!!...
Pero no desesperemos, porque el Señor Jesús cuyo Corazón misericordioso siempre nos espera con Amor y con Perdón, también nos da su Gracia para ir consiguiéndolo cada dia un poco más, cada dia un poco mejor, hasta que lleguemos a la plenitud de la santidad que Él nos tiene reservada. 
¿Qué es un imposible? ¡Clarooo!!!
Pero para Dios TODO ES POSIBLE. Anímate, hermano y confía en su infinita Misericordia. 
Yo le pido perdón, ante todo, por mis muchos pecados y faltas de caridad, y por lo lejos que ando de llevar una vida como Él, pero noquiero alejarme de su lado, porque junto a Él y por su Gracia, algo bueno se me pegará. Confiemos mucho, pues. Pongámonos en manos de María, que Ella sí que sabe.

2 comentarios:

xtobefree dijo...

Buenos días Felicitas. ¿Cómo vivió Él? me pregunto y sé que no se trata de ir a pie a todos lados ni de comer tumbado ni de dejarse la barba... entonces ¿Cómo vivió Él? Un abrazo.

Felicitas dijo...

Siempre me conduces al núcleo de la cuestión y eso es bueno, es lo único importante.
Creo que lo fundamental de la vida de Jesucristo es su íntima relación con su Padre, que por su AMor misericordioso también es nuestro Padre. Y así vemos a Jesús siempre pendiente de hacer las obras que su Padre le encomienda, siempre pendiente de darlo a conocer a los hombres y revelarlo de forma más plena e íntima a sus discípulos. Jesús les dice un dia: yo tengo un alimento que vosotros no sabéis. Mi alimento es hacer la Voluntad del Padre. Creo que este es el nucleo de la vida de nuestro Señor y si queremos vivir como Él, ante todo hemos de trabajarnos interiormente para vivir tan sólo, o primordialmente, para cumplir la Voluntad del Padre en nuestras vidas. A menudo no vemos cual es la Voluntad del Padre, pero hay que empezar por desearla con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas, como el motor auténtico de la propia vida. No hemos visto al Padre, pero sabemos que de Él salimos y a Él volveremos, por su infinita Misericordia. Hemos de buscar en todo el hacer su Voluntad. Me lo digo a mí misma antes que a nadie, porque con frecuencia busco la mia en vez de la suya. ¡Comencemos de nuevo! Con María, en María y por María, como esclavos del Amor divino que nos habita.
Un abrazo, hermano.