30 abr. 2013

Divide y vencerás


Sonrisas conseguidas, como del corazón salidas,
dejando caer comentarios, como si fueran geranios,
mostrándote al odiado como si fuera malvado,
son estrategias nacidas de un corazón desviado.

27 abr. 2013



Soledad y destino,
cruz y camino.
Sólo
Jesucristo.

26 abr. 2013

¡Jesús en Tí confío!



Cuando el Maestro nos concede la Gracia de poder vivir el dolor de amor,
y vemos claro que en ello nos mantiene, pasando tiempo y tiempo,
hay que abrirse a esa Gracia y pensar que es un Don precioso de su dolorido y santo Corazón, 
traspasado por nuestros pecados y faltas de correspondencia a su infinito Amor.

Es participar, en pequeña medida, de sus dolores divinos y ofreciéndoselos, 
Él mismo los convierte en redentores, para bien de su amada Esposa, la Iglesia.

¡Danos, pues, Señor el acoger con amor tus designios sobre nosotros 
y el llevar las cruces que Tú mismo nos das con mucho amor a Ti y a los hermanos!

22 abr. 2013

Lourdes





Río caudaloso,
presuroso, y vivo,
y al tiempo silencioso,
imagen de las gracias
que en su manos se derraman
sobre el pobre pecador,
que confiado se acerca
a la gruta del Amor.
En tus manos, me pongo Señor.
Yo confío para siempre en tu Amor.
Y ahora sé que mi Madre me conduce.
Me protege y asiste en el caminar.
Nada tengo que temer,
pues con Ella voy a estar.



19 abr. 2013

Con-cordia


Vínculo en consonancia es
confluir en alianza.


Orientándose hacia Él.



Vistes de terciopelo verde tus valles, Señor,
iluminas sus hondonadas con tu suave luz,
haces crecer la arboleda en su elevación,
y bañas de flores toda su extensión.

¡Cuánta hermosura que dejas en tu obra sembrada!
¡Si ella te honra y te alaba, el hombre aún más te hallaba, 
si con ahínco en lo creado te buscaba!

Los ojos desean verte y luego aprenden a conformarse, 
con lo que Tú mismo les dieres, que es sombra de tu Estampa al pasar....

Ansia de hallarte un día, en el camino y de tus labios escuchar 
la serena profecía de tu retorno, al despertar...

El amor se me incrusta en el alma y en la sangre,
y me surca en lo hondo, para que mi vida avance, bebiendo el cáliz hasta el fondo.

13 abr. 2013

Diálogo imaginado





Con la dulzura de una madre, nos sacaste de la tierra, 
con la ternura de un padre nos moldeaste en tus manos,
y supimos que tú eras Origen.
Origen y Amor.
Y te llamamos, Señor.

Porque a ti todo te obedecía, y aún mi ser por ti languidecía, 
si, tras un tiempo, tu estampa yo no veía...
Somos barro y salimos de tus manos,
andamos derechos y buscamos tu amparo,
Señor, senos propicio, y por tu buen Hijo, 
no nos dejes en el pecado abandonados.

12 abr. 2013

Hermano





Como un árbol maduro que hunde sus manos en tierra, buscando asidero, así tu alma, hermano, se yergue sincera, aún sintiendo que es pobre y pequeña.

Belleza que en ti reposa, donando elegancia al ser,
Sus Aguas profundas te surcan y te hacen permanecer.

Alegría de ver que el Espíritu prende, cual fuego en seca madera, y dando calor se desprende del barro pegado en la vieja era.

9 abr. 2013

El Papa Francisco exhortó a los fieles a dejarse “envolver por la misericordia de Dios”






VATICANO, 08 Abr. 13 / 10:27 am (ACI/EWTN Noticias).- Durante la Misa de toma de posesión de la Basílica de San Juan de Letrán ayer, con ocasión del Domingo de la Divina Misericordia, el Papa Francisco exhortó a los fieles a dejarse “envolver por la misericordia de Dios”.

“Queridos hermanos y hermanas, dejémonos envolver por la misericordia de Dios; confiemos en su paciencia que siempre nos concede tiempo; tengamos el valor de volver a su casa, de habitar en las heridas de su amor dejando que Él nos ame, de encontrar su misericordia en los sacramentos”.

Ahí, indicó el Santo Padre, “sentiremos su ternura, tan bella, sentiremos su abrazo y seremos también nosotros más capaces de misericordia, de paciencia, de perdón y de amor”.

Francisco también expresó su alegría por celebrar “por primera vez la Eucaristía en esta Basílica Lateranense, catedral del Obispo de Roma”.
Luego se refirió a la celebración del segundo domingo de Pascua, llamado “de la Divina Misericordia”.

“Qué hermosa es esta realidad de fe para nuestra vida: la misericordia de Dios. Un amor tan grande, tan profundo el que Dios nos tiene, un amor que no decae, que siempre aferra nuestra mano y nos sostiene, nos levanta, nos guía”.

El Papa señaló que en el Evangelio del día, “el apóstol Tomás experimenta precisamente esta misericordia de Dios, que tiene un rostro concreto, el de Jesús, el de Jesús resucitado”.

“Tomás no se fía de lo que dicen los otros Apóstoles: ‘Hemos visto el Señor’; no le basta la promesa de Jesús, que había anunciado: al tercer día resucitaré. Quiere ver, quiere meter su mano en la señal de los clavos y del costado”.

“¿Cuál es la reacción de Jesús?”, preguntó el Papa, “la paciencia: Jesús no abandona al terco Tomás en su incredulidad; le da una semana de tiempo, no le cierra la puerta, espera”.

El Santo Padre señaló que “Tomás reconoce su propia pobreza, la poca fe: ‘Señor mío y Dios mío’: con esta invocación simple, pero llena de fe, responde a la paciencia de Jesús. Se deja envolver por la misericordia divina, la ve ante sí, en las heridas de las manos y de los pies, en el costado abierto, y recobra la confianza: es un hombre nuevo, ya no es incrédulo sino creyente”.

El Papa también puso como ejemplo a Pedro, que “tres veces reniega de Jesús precisamente cuando debía estar más cerca de él; y cuando toca el fondo encuentra la mirada de Jesús que, con paciencia, sin palabras, le dice: ‘Pedro, no tengas miedo de tu debilidad, confía en mí’; y Pedro comprende, siente la mirada de amor de Jesús y llora”.

“Qué hermosa es esta mirada de Jesús –cuánta ternura –. Hermanos y hermanas, no perdamos nunca la confianza en la paciente misericordia de Dios”.

El estilo de Dios, dijo el Papa “no es impaciente como nosotros, que frecuentemente queremos todo y enseguida, también con las personas. Dios es paciente con nosotros porque nos ama, y quien ama comprende, espera, da confianza, no abandona, no corta los puentes, sabe perdonar”.

“Dios nos espera siempre, aún cuando nos hayamos alejado. Él no está nunca lejos, y si volvemos a Él, está preparado para abrazarnos”.

Francisco recordó además “la parábola del Padre misericordioso”, la cual, aseguró, “me impresiona porque me infunde siempre una gran esperanza”.

“Piensen en aquel hijo menor que estaba en la casa del Padre, era amado; y aun así quiere su parte de la herencia; y se va, lo gasta todo, llega al nivel más bajo, muy lejos del Padre; y cuando ha tocado fondo, siente la nostalgia del calor de la casa paterna y vuelve. ¿Y el Padre? ¿Había olvidado al Hijo? No, nunca”.

El padre, recordó el Papa, “está allí, lo ve desde lejos, lo estaba esperando cada día, cada momento: ha estado siempre en su corazón como hijo, incluso cuando lo había abandonado, incluso cuando había dilapidado todo el patrimonio, es decir su libertad”.

“El Padre con paciencia y amor, con esperanza y misericordia no había dejado ni un momento de pensar en él, y en cuanto lo ve, todavía lejano, corre a su encuentro y lo abraza con ternura, la ternura de Dios, sin una palabra de reproche: Ha vuelto. Y esa es la alegría del padre. En ese abrazo al hijo está toda esta alegría: ¡Ha vuelto! Dios siempre nos espera, no se cansa”.

Sin embargo, el Santo Padre subrayó que “la paciencia de Dios debe encontrar en nosotros la valentía de volver a Él, sea cual sea el error, sea cual sea el pecado que haya en nuestra vida”.

“Jesús invita a Tomás a meter su mano en las llagas de sus manos y de sus pies y en la herida de su costado. También nosotros podemos entrar en las llagas de Jesús, podemos tocarlo realmente; y esto ocurre cada vez que recibimos los sacramentos”.

El Papa remarcó que “es precisamente en las heridas de Jesús que nosotros estamos seguros, ahí se manifiesta el amor inmenso de su corazón”.

“Tal vez alguno de nosotros puede pensar: mi pecado es tan grande, mi lejanía de Dios es como la del hijo menor de la parábola, mi incredulidad es como la de Tomás; no tengo las agallas para volver, para pensar que Dios pueda acogerme y que me esté esperando precisamente a mí. Pero Dios te espera precisamente a ti, te pide sólo el valor de regresar a Él”.

El Santo Padre recordó que en muchas ocasiones durante “mi ministerio pastoral me han repetido: ‘Padre, tengo muchos pecados’; y la invitación que he hecho siempre es: ‘No temas, ve con Él, te está esperando, Él hará todo’”.

“Cuántas propuestas mundanas sentimos a nuestro alrededor. Dejémonos sin embargo aferrar por la propuesta de Dios, la suya es una caricia de amor. Para Dios no somos números, somos importantes, es más somos lo más importante que tiene; aún siendo pecadores, somos lo que más le importa”.

El Papa señaló que Jesús “cargó con la vergüenza de Adán, con la desnudez de su pecado para lavar nuestro pecado: sus llagas nos han curado”.

“Acuérdense de lo de san Pablo: ¿De qué me puedo enorgullecer sino de mis debilidades, de mi pobreza? Precisamente sintiendo mi pecado, mirando mi pecado, yo puedo ver y encontrar la misericordia de Dios, su amor, e ir hacia Él para recibir su perdón”.

Francisco señaló que durante su vida “he visto muchas veces el rostro misericordioso de Dios, su paciencia; he visto también en muchas personas la determinación de entrar en las llagas de Jesús, diciéndole: Señor estoy aquí, acepta mi pobreza, esconde en tus llagas mi pecado, lávalo con tu sangre”.

“Y he visto siempre que Dios lo ha hecho, ha acogido, consolado, lavado, amado”.