7 abr. 2012

Sábado Santo


 

 Ahora, en este silencio impenetrable, la memoria sólo recuerda tus gemidos de dolor y el maltrato recibido. Tu cuerpo destrozado por el odio más feroz, diríase infrahumano, satánico... 

¿No hubo ni un solo soldado que tuviera una pizca de compasión de aquel hombre, manso y humilde, blanco de toda la rabia habida y por haber?

En la mente de los presentes, ahora, en el dia después, se agolpan tantas atrocidades cometidas contra el único Inocente... Una especie de losa insostenible gravita sobre sus corazones compungidos...¿ Qué hemos le hecho al Cordero Santo de Dios ?

No pensemos que fueron aquellos bárbaros los que le mataron y torturaron. No.
Fueron mis pecados, todos los pecados de mi larga vida y los tuyos los que le azotaron, le coronaron de espinas, le golpearon, le traspasaron sus santas manos, le cosieron al madero hasta hacerle morir...

No nos damos cuenta de la gravedad de nuestras ofensas. Sólo lo veremos claro, si contemplamos esta santa pasión de Nuestro Señor. Tanto dolor por tanto pecado.

Concédenos, Madre, la gracia inmensa de convertirnos profundamente al amor de tu Hijo, de tal manera que, con la asistencia del santo Espíritu, dejemos ya de pecar, dejemos de ofenderle y comencemos, al fin, a ser santos, como Él lo desea de nosotros. Amén.

2 comentarios:

Miriam dijo...

Cierto, no nos damos cuenta para nada de la gravedad de las ofensas.
y aun así nos perdona.

Me voy a la entrada de hoy para desearte felices pascuas ;O)

Felicitas dijo...

yo creo que seguramente nos perdona por lo mucho que le hemos costado, aunque nunca se sabe quien fue primero la gallina o el huevo...
¡Felices Pascuas de Resurrección querida Miriam!
Un abrazo.