26 feb. 2012

La cuaresma es el tiempo para renovar nuestra relación con Dios



VATICANO, 26 Feb. 12 / 10:01 am (ACI/EWTN Noticias).- 

El Papa Benedicto XVI resaltó que el tiempo de Cuaresma es propicio para renovar y fortalecer “nuestra relación con Dios, a través de la oración cotidiana, los gestos de penitencia y las obras de caridad fraterna”. 

En su alocución previa al rezo del Ángelus, en la Plaza San Pedro frente a miles de fieles ahí reunidos, el Santo Padre hizo una exhortación a tener “la paciencia y la humildad de seguir cada día al Señor, aprendiendo a construir nuestra vida no fuera de Él o como si no existiera, sino en Él y con Él, porque es la fuente de la verdadera vida”. 

 Benedicto XVI hizo referencia al relato bíblico posterior al bautismo de Jesús en el Jordán, cuando se interna en el desierto durante cuarenta días. “¿Qué puede enseñarnos este episodio? Como leemos en el Libro de la Imitación de Cristo, ‘el hombre jamás está totalmente exento de la tentación mientras vive, pero con la paciencia y con la verdadera humildad llegaremos a ser fuertes contra todo enemigo’”. 

El Papa señaló que a continuación, “Jesús proclama que ‘el tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca’, anuncia que en Él sucede algo nuevo, Dios se dirige al hombre de modo inesperado, con una cercanía única, concreta, llena de amor”. 

 “Dios se encarna y entra en el mundo del hombre para tomar sobre sí el pecado, para vencer el mal y reconducir al hombre al mundo de Dios”, señaló. Para el Santo Padre, “este anuncio está acompañado por la petición de corresponder a un don tan grande. En efecto, Jesús añade ‘Convertíos y creed en el Evangelio”; es la invitación a tener fe en Dios y a convertir cada día nuestra vida a su voluntad, orientando al bien todos nuestros pensamientos y acciones”. 

Benedicto XVI también encomendó el camino cuaresmal a María Santísima, para contar con su protección "y nos ayude a imprimir en nuestro corazón y en nuestra vida las palabras de Jesucristo, para convertirnos a Él”.

21 feb. 2012

MENSAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI PARA LA CUARESMA 2012

«Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras» (Hb 10, 24) 

Queridos hermanos y hermanas: 

La Cuaresma nos ofrece una vez más la oportunidad de reflexionar sobre el corazón de la vida cristiana: la caridad. En efecto, este es un tiempo propicio para que, con la ayuda de la Palabra de Dios y de los Sacramentos, renovemos nuestro camino de fe, tanto personal como comunitario. Se trata de un itinerario marcado por la oración y el compartir, por el silencio y el ayuno, en espera de vivir la alegría pascual. 

 Este año deseo proponer algunas reflexiones a la luz de un breve texto bíblico tomado de la Carta a los Hebreos: «Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras» (10,24). Esta frase forma parte de una perícopa en la que el escritor sagrado exhorta a confiar en Jesucristo como sumo sacerdote, que nos obtuvo el perdón y el acceso a Dios. El fruto de acoger a Cristo es una vida que se despliega según las tres virtudes teologales: se trata de acercarse al Señor «con corazón sincero y llenos de fe» (v. 22), de mantenernos firmes «en la esperanza que profesamos» (v. 23), con una atención constante para realizar junto con los hermanos «la caridad y las buenas obras» (v. 24). 

Asimismo, se afirma que para sostener esta conducta evangélica es importante participar en los encuentros litúrgicos y de oración de la comunidad, mirando a la meta escatológica: la comunión plena en Dios (v. 25). Me detengo en el versículo 24, que, en pocas palabras, ofrece una enseñanza preciosa y siempre actual sobre tres aspectos de la vida cristiana: la atención al otro, la reciprocidad y la santidad personal.

1. “Fijémonos”: la responsabilidad para con el hermano. El primer elemento es la invitación a «fijarse»: el verbo griego usado es katanoein, que significa observar bien, estar atentos, mirar conscientemente, darse cuenta de una realidad. Lo encontramos en el Evangelio, cuando Jesús invita a los discípulos a «fijarse» en los pájaros del cielo, que no se afanan y son objeto de la solícita y atenta providencia divina (cf. Lc 12,24), y a «reparar» en la viga que hay en nuestro propio ojo antes de mirar la brizna en el ojo del hermano (cf. Lc 6,41). 

Lo encontramos también en otro pasaje de la misma Carta a los Hebreos, como invitación a «fijarse en Jesús» (cf. 3,1), el Apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra fe. Por tanto, el verbo que abre nuestra exhortación invita a fijar la mirada en el otro, ante todo en Jesús, y a estar atentos los unos a los otros, a no mostrarse extraños, indiferentes a la suerte de los hermanos. Sin embargo, con frecuencia prevalece la actitud contraria: la indiferencia o el desinterés, que nacen del egoísmo, encubierto bajo la apariencia del respeto por la «esfera privada». 

También hoy resuena con fuerza la voz del Señor que nos llama a cada uno de nosotros a hacernos cargo del otro. Hoy Dios nos sigue pidiendo que seamos «guardianes» de nuestros hermanos (cf. Gn 4,9), que entablemos relaciones caracterizadas por el cuidado reciproco, por la atención al bien del otro y a todo su bien. El gran mandamiento del amor al prójimo exige y urge a tomar conciencia de que tenemos una responsabilidad respecto a quien, como yo, es criatura e hijo de Dios: el hecho de ser hermanos en humanidad y, en muchos casos, también en la fe, debe llevarnos a ver en el otro a un verdadero alter ego, a quien el Señor ama infinitamente. 

Si cultivamos esta mirada de fraternidad, la solidaridad, la justicia, así como la misericordia y la compasión, brotarán naturalmente de nuestro corazón. El Siervo de Dios Pablo VI afirmaba que el mundo actual sufre especialmente de una falta de fraternidad: «El mundo está enfermo. Su mal está menos en la dilapidación de los recursos y en el acaparamiento por parte de algunos que en la falta de fraternidad entre los hombres y entre los pueblos» (Carta. enc. Populorum progressio [26 de marzo de 1967], n. 66). La atención al otro conlleva desear el bien para él o para ella en todos los aspectos: físico, moral y espiritual. 

La cultura contemporánea parece haber perdido el sentido del bien y del mal, por lo que es necesario reafirmar con fuerza que el bien existe y vence, porque Dios es «bueno y hace el bien» (Sal 119,68). El bien es lo que suscita, protege y promueve la vida, la fraternidad y la comunión. La responsabilidad para con el prójimo significa, por tanto, querer y hacer el bien del otro, deseando que también él se abra a la lógica del bien; interesarse por el hermano significa abrir los ojos a sus necesidades. 

La Sagrada Escritura nos pone en guardia ante el peligro de tener el corazón endurecido por una especie de «anestesia espiritual» que nos deja ciegos ante los sufrimientos de los demás. El evangelista Lucas refiere dos parábolas de Jesús, en las cuales se indican dos ejemplos de esta situación que puede crearse en el corazón del hombre. En la parábola del buen Samaritano, el sacerdote y el levita «dieron un rodeo», con indiferencia, delante del hombre al cual los salteadores habían despojado y dado una paliza (cf. Lc 10,30-32), y en la del rico epulón, ese hombre saturado de bienes no se percata de la condición del pobre Lázaro, que muere de hambre delante de su puerta (cf. Lc 16,19). En ambos casos se trata de lo contrario de «fijarse», de mirar con amor y compasión. ¿Qué es lo que impide esta mirada humana y amorosa hacia el hermano? Con frecuencia son la riqueza material y la saciedad, pero también el anteponer los propios intereses y las propias preocupaciones a todo lo demás. 

Nunca debemos ser incapaces de «tener misericordia» para con quien sufre; nuestras cosas y nuestros problemas nunca deben absorber nuestro corazón hasta el punto de hacernos sordos al grito del pobre. En cambio, precisamente la humildad de corazón y la experiencia personal del sufrimiento pueden ser la fuente de un despertar interior a la compasión y a la empatía: «El justo reconoce los derechos del pobre, el malvado es incapaz de conocerlos» (Pr 29,7). Se comprende así la bienaventuranza de «los que lloran» (Mt 5,4), es decir, de quienes son capaces de salir de sí mismos para conmoverse por el dolor de los demás. 

El encuentro con el otro y el hecho de abrir el corazón a su necesidad son ocasión de salvación y de bienaventuranza. El «fijarse» en el hermano comprende además la solicitud por su bien espiritual. Y aquí deseo recordar un aspecto de la vida cristiana que a mi parecer ha caído en el olvido: la corrección fraterna con vistas a la salvación eterna. Hoy somos generalmente muy sensibles al aspecto del cuidado y la caridad en relación al bien físico y material de los demás, pero callamos casi por completo respecto a la responsabilidad espiritual para con los hermanos. No era así en la Iglesia de los primeros tiempos y en las comunidades verdaderamente maduras en la fe, en las que las personas no sólo se interesaban por la salud corporal del hermano, sino también por la de su alma, por su destino último. 

En la Sagrada Escritura leemos: «Reprende al sabio y te amará. Da consejos al sabio y se hará más sabio todavía; enseña al justo y crecerá su doctrina» (Pr 9,8ss). Cristo mismo nos manda reprender al hermano que está cometiendo un pecado (cf. Mt 18,15). El verbo usado para definir la corrección fraterna —elenchein—es el mismo que indica la misión profética, propia de los cristianos, que denuncian una generación que se entrega al mal (cf. Ef 5,11). La tradición de la Iglesia enumera entre las obras de misericordia espiritual la de «corregir al que se equivoca». 

Es importante recuperar esta dimensión de la caridad cristiana. Frente al mal no hay que callar. Pienso aquí en la actitud de aquellos cristianos que, por respeto humano o por simple comodidad, se adecúan a la mentalidad común, en lugar de poner en guardia a sus hermanos acerca de los modos de pensar y de actuar que contradicen la verdad y no siguen el camino del bien. Sin embargo, lo que anima la reprensión cristiana nunca es un espíritu de condena o recriminación; lo que la mueve es siempre el amor y la misericordia, y brota de la verdadera solicitud por el bien del hermano. 

El apóstol Pablo afirma: «Si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros, los espirituales, corregidle con espíritu de mansedumbre, y cuídate de ti mismo, pues también tú puedes ser tentado» (Ga 6,1). En nuestro mundo impregnado de individualismo, es necesario que se redescubra la importancia de la corrección fraterna, para caminar juntos hacia la santidad. Incluso «el justo cae siete veces» (Pr 24,16), dice la Escritura, y todos somos débiles y caemos (cf. 1 Jn 1,8). Por lo tanto, es un gran servicio ayudar y dejarse ayudar a leer con verdad dentro de uno mismo, para mejorar nuestra vida y caminar cada vez más rectamente por los caminos del Señor. Siempre es necesaria una mirada que ame y corrija, que conozca y reconozca, que discierna y perdone (cf. Lc 22,61), como ha hecho y hace Dios con cada uno de nosotros.

2. “Los unos en los otros”: el don de la reciprocidad. Este ser «guardianes» de los demás contrasta con una mentalidad que, al reducir la vida sólo a la dimensión terrena, no la considera en perspectiva escatológica y acepta cualquier decisión moral en nombre de la libertad individual. 

Una sociedad como la actual puede llegar a ser sorda, tanto ante los sufrimientos físicos, como ante las exigencias espirituales y morales de la vida. En la comunidad cristiana no debe ser así. El apóstol Pablo invita a buscar lo que «fomente la paz y la mutua edificación» (Rm 14,19), tratando de «agradar a su prójimo para el bien, buscando su edificación» (ib. 15,2), sin buscar el propio beneficio «sino el de la mayoría, para que se salven» (1 Co 10,33). Esta corrección y exhortación mutua, con espíritu de humildad y de caridad, debe formar parte de la vida de la comunidad cristiana. Los discípulos del Señor, unidos a Cristo mediante la Eucaristía, viven en una comunión que los vincula los unos a los otros como miembros de un solo cuerpo. Esto significa que el otro me pertenece, su vida, su salvación, tienen que ver con mi vida y mi salvación. Aquí tocamos un elemento muy profundo de la comunión: nuestra existencia está relacionada con la de los demás, tanto en el bien como en el mal; tanto el pecado como las obras de caridad tienen también una dimensión social. En la Iglesia, cuerpo místico de Cristo, se verifica esta reciprocidad: la comunidad no cesa de hacer penitencia y de invocar perdón por los pecados de sus hijos, pero al mismo tiempo se alegra, y continuamente se llena de júbilo por los testimonios de virtud y de caridad, que se multiplican. 

«Que todos los miembros se preocupen los unos de los otros» (1 Co 12,25), afirma san Pablo, porque formamos un solo cuerpo. La caridad para con los hermanos, una de cuyas expresiones es la limosna —una típica práctica cuaresmal junto con la oración y el ayuno—, radica en esta pertenencia común. Todo cristiano puede expresar en la preocupación concreta por los más pobres su participación del único cuerpo que es la Iglesia. La atención a los demás en la reciprocidad es también reconocer el bien que el Señor realiza en ellos y agradecer con ellos los prodigios de gracia que el Dios bueno y todopoderoso sigue realizando en sus hijos. Cuando un cristiano se percata de la acción del Espíritu Santo en el otro, no puede por menos que alegrarse y glorificar al Padre que está en los cielos (cf. Mt 5,16). 

3. “Para estímulo de la caridad y las buenas obras”: caminar juntos en la santidad. Esta expresión de la Carta a los Hebreos (10, 24) nos lleva a considerar la llamada universal a la santidad, el camino constante en la vida espiritual, a aspirar a los carismas superiores y a una caridad cada vez más alta y fecunda (cf. 1 Co 12,31-13,13). La atención recíproca tiene como finalidad animarse mutuamente a un amor efectivo cada vez mayor, «como la luz del alba, que va en aumento hasta llegar a pleno día» (Pr 4,18), en espera de vivir el día sin ocaso en Dios. El tiempo que se nos ha dado en nuestra vida es precioso para descubrir y realizar buenas obras en el amor de Dios. Así la Iglesia misma crece y se desarrolla para llegar a la madurez de la plenitud de Cristo (cf. Ef 4,13). En esta perspectiva dinámica de crecimiento se sitúa nuestra exhortación a animarnos recíprocamente para alcanzar la plenitud del amor y de las buenas obras. Lamentablemente, siempre está presente la tentación de la tibieza, de sofocar el Espíritu, de negarse a «comerciar con los talentos» que se nos ha dado para nuestro bien y el de los demás (cf. Mt 25,25ss). Todos hemos recibido riquezas espirituales o materiales útiles para el cumplimiento del plan divino, para el bien de la Iglesia y la salvación personal (cf. Lc 12,21b; 1 Tm 6,18). Los maestros de espiritualidad recuerdan que, en la vida de fe, quien no avanza, retrocede. Queridos hermanos y hermanas, aceptemos la invitación, siempre actual, de aspirar a un «alto grado de la vida cristiana» (Juan Pablo II, Carta ap. Novo millennio ineunte [6 de enero de 2001], n. 31). Al reconocer y proclamar beatos y santos a algunos cristianos ejemplares, la sabiduría de la Iglesia tiene también por objeto suscitar el deseo de imitar sus virtudes. San Pablo exhorta: «Que cada cual estime a los otros más que a sí mismo» (Rm 12,10). Ante un mundo que exige de los cristianos un testimonio renovado de amor y fidelidad al Señor, todos han de sentir la urgencia de ponerse a competir en la caridad, en el servicio y en las buenas obras (cf. Hb 6,10). Esta llamada es especialmente intensa en el tiempo santo de preparación a la Pascua. Con mis mejores deseos de una santa y fecunda Cuaresma, os encomiendo a la intercesión de la Santísima Virgen María y de corazón imparto a todos la Bendición Apostólica. Vaticano, 3 de noviembre de 2011 BENEDICTUS PP. XVI

20 feb. 2012

La amabilidad de la sabiduría



Lectura de la carta del apóstol Santiago 3, 13 18

Queridos hermanos: ¿Hay alguno entre vosotros sabio y entendido? 

Que lo demuestre con una buena conducta y con la amabilidad propia de la sabiduría. 

Pero, si tenéis el corazón amargado por la envidia y las rivalidades, no andéis gloriándoos, porque seria pura falsedad. Esa sabiduría no viene del cielo, sino que es terrena, animal, diabólica. Donde hay envidias y rivalidades, hay desorden y toda clase de males. 

La sabiduría que viene de arriba ante todo es pura y, además, es amante de la paz, comprensiva, dócil, llena de misericordia y buenas obras, constante, sincera. Los que procuran la paz están sembrando la paz, y su fruto es la justicia.

17 feb. 2012

La santa Misa diaria





Prosigo la subida, 
sintiendo cada merma, 
rasgándome el alma, 
por ir yo tras Tus Huellas. 

El tiempo no espera y 
te marca bien el rostro, 
más no queda baldío, 
el entregarse al otro. 

Recoge la Señora, 
lo que la Gracia hizo, 
lo pone entre azahares, 
ofrendándolo al Altísimo. 

No quiero sea en balde, 
en mí Tu Decisión, 
del hoyo rescatarme, 
y ponerme en batallón. 

Tomando el blanco pan, 
unida a mis hermanos, 
me siento una más, 
en tu familia de santos. 

Subiendo, pues, con todos, 
al monte sacrosanto, 
nos vemos, nos hallamos, 
¡tan amados y ya sin llanto.! 

Y el gozo pronto llega,
que se difunde en todos,
¡la Vida nos espera!
¡alegre y verdadera!
¡Así sea!

15 feb. 2012

Rezar por los que nos dañan y perdonarlos siempre, exhorta el Papa

VATICANO, 15 Feb. 12 / 10:35 am (ACI/EWTN Noticias).-

En la habitual Audiencia General celebrada este miércoles, el Papa Benedicto XVI reflexionó sobre la oración de Jesús en la Cruz y dijo que como Él, los fieles deben rezar por quienes les hacen mal o dañan, perdonándolos siempre como Dios perdona. 

Ante unos 6 mil peregrinos reunidos en el Aula Pablo VI en el Vaticano, el Santo Padre dijo en su resumen de la catequesis en español que en la oración de Jesús en la cruz, Él "nos llama a imitarle y cumplir con el difícil gesto de orar también por aquellos que nos hacen el mal, sabiendo perdonar siempre, viviendo la misericordia y el amor". 

En su catequesis en italiano, el Papa se refirió a las frases del Señor en la Cruz. La primera, "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen", en relación a los soldados, es una oración "que dirige al Padre de intercesión: pide perdón para sus verdugos". 
Al mismo tiempo "brinda una lectura de lo que está acaeciendo. Según sus palabras, los hombres que lo crucifican 'no saben lo que hacen'. Jesús aduce la ignorancia, el 'no saber', como motivo de su súplica al Padre, porque esa ignorancia deja abierto el camino a la conversión". 

 La segunda frase: "En verdad te digo; hoy estarás conmigo en el Paraíso", dirigida al "buen ladrón", crucificado al lado de Cristo, es "una palabra de esperanza". A través de ella, Jesús reafirma que "la bondad de Dios puede alcanzarnos hasta en el último instante de la vida, y que la oración sincera, incluso después de una vida equivocada, encuentra los brazos abiertos del Padre bueno que espera el regreso del hijo". 

"Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu", las últimas palabras de Cristo, constituyen "una oración de confianza, llena de certeza del amor de Dios. La plegaria de Jesús ante la muerte es dramática, como lo es para todo ser humano, pero, al mismo tiempo, posee una calma profunda que nace de la confianza en el Padre y de la voluntad de entregarse totalmente a Él". "Ahora que la vida está a punto de dejarlo sella con la oración su decisión última: Jesús se ha dejado 'entregar' en las manos de los hombres, pero es en las manos del Padre donde deposita su espíritu. De este modo –como afirma San Juan Evangelista– todo se ha cumplido, el acto supremo de amor llega hasta el final". 

El Papa dijo que las palabras de Jesús en la cruz "en sus últimos instantes de vida terrenal son fuertes indicaciones de cómo debemos rezar, y nos dan también una confianza serena y una esperanza firme. Jesús que pide al Padre que perdone a los que lo crucifican nos invita al difícil gesto de rezar también por los que nos hacen mal, que nos dañan, para que la luz de Dios ilumine su corazón". 

"Nos invita, así, a adoptar en nuestra oración, la misma actitud de misericordia y de amor que Dios adopta con nosotros", observó el Papa. Finalmente el Papa dijo que "Jesús, que en el momento extremo de la muerte se abandona totalmente en manos de Dios Padre, nos comunica la certeza de que por muy duras que sean las pruebas (…) o agobiantes los sufrimientos, no caeremos nunca de las manos de Dios: las manos que nos crearon, que nos sostienen y nos acompañan en el camino de la existencia". 

En español el Santo Padre resaltó que "Jesús que en el momento de la muerte se confío totalmente en la manos de Dios Padre, nos comunique la certeza de que, a pesar de las duras las pruebas, los problemas, el sufrimiento, estamos acompañados de su gran amor. Muchas gracias".

14 feb. 2012

NOTA DIRECTOR OFICINA DE PRENSA SOBRE CIRCULACION INDEBIDA DE DOCUMENTOS VATICANOS

Ciudad del Vaticano, 14 febrero 2012 (VIS).-

Sigue la nota del director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Padre Federico Lombardi, S.I., acerca de la publicación, en los últimos días, de una serie de documentos sobre el Vaticano. El comunicado fue difundido en la tarde de ayer por Radio Vaticano. “En nuestros días debemos mantener la calma, porque ninguno puede maravillarse de nada. La administración americana tuvo 'wikileaks', al Vaticano le han tocado ahora sus 'leaks', fugas de documentos que tienden a crear confusión y desconcierto y a poner en entredicho al Vaticano, al gobierno de la Iglesia y, con más amplitud, a toda la Iglesia”. “Por eso, calma y sangre fría, y recurso abundante a la razón; algo que no todos los medios de comunicación ponen en práctica. 

Se trata de documentos de naturaleza y peso diversos, nacidos en tiempos y situaciones distintas. Unos son debates sobre una gestión económica más eficaz de una institución con numerosas actividades materiales como es la Gobernación; otros, apuntes sobre cuestiones jurídicas y normativas en fase de discusión, sobre las que es normal que haya opiniones diversas; otros son memoriales disparatados que ninguna persona con dos dedos de frente considera serios, como el reciente sobre el complot contra la vida del Papa. Pero da lo mismo: mezclar todo favorece la confusión. Una información seria tendría que saber distinguir los temas y comprender su diverso significado. 

Es obvio que las actividades económicas de la Gobernación deben administrarse con claridad y rigor; está claro que el IOR y las actividades financieras tienen que adecuarse correctamente a las normas internacionales contra el blanqueo de capitales. Son éstas, evidentemente, las indicaciones del Papa. Mientras que está claro que la historia del complot contra el Papa, como dije en su día, es un disparate, un delirio, y no vale la pena tomarla en serio”. 
“Ciertamente, es muy triste que se pasen deslealmente documentos internos al exterior, de manera que creen confusión. La responsabilidad recae sobre una y otra parte. En primer lugar, sobre quien facilita este tipo de documentos; pero también sobre quien los utiliza para objetivos que no son, de seguro, el amor puro a la verdad. Por eso tenemos que resistir y no dejarnos atrapar en el torbellino de la confusión, que es lo que desean los malintencionados, y ser capaces de razonar”. 

“En cierto sentido -es una antigua observación de la sabiduría humana y espiritual-, cuando se producen los ataques más fuertes es señal de que lo que está en juego es importante”. “A los muchos ataques sobre el tema de los abusos sexuales, la Iglesia ha respondido justamente con un compromiso serio y profundo de renovación y purificación de amplias miras. No es una respuesta de poca entidad. Ahora somos conscientes de la situación y hemos puesto a punto una eficaz estrategia de curación, renovación y prevención para el bien de toda la sociedad. Al mismo tiempo, como es sabido, estamos realizando un serio esfuerzo para garantizar una verdadera transparencia en el funcionamiento de las instituciones vaticanas, también desde el punto de vista económico. Se han establecido nuevas normas. Se han abierto canales de relaciones internacionales para el control. 

Ahora bien, algunos de los documentos difundidos recientemente tienden precisamente a desacreditar este esfuerzo. Paradójicamente, ello constituye una razón más para seguir por este camino con decisión, sin dejarse impresionar. Si tantos se ensañan, se ve que es importante. Quien piensa desanimar al Papa y a sus colaboradores en este compromiso, se equivoca y se engaña”. 

“En cuanto a la cuestión de las presuntas luchas de poder en vista del próximo cónclave, invito a observar que todos los pontífices elegidos durante este siglo y el pasado han sido personalidades de altísimo e indiscutido valor espiritual. Está claro que los cardenales han intentado e intentan elegir a alguien que merezca el respeto del pueblo de Dios y sirva a la humanidad de nuestro tiempo con gran autoridad moral y espiritual. La lectura en clave de luchas de poder internas depende en gran parte de la tosquedad moral tanto de quien la provoca como de quien la realiza; a menudo no son capaces de ver otra cosa. Por suerte, quien cree en Jesucristo sabe que -a pesar de lo que se diga o se escriba hoy en los periódicos-, las verdaderas preocupaciones de quien ejerce responsabilidades en la Iglesia son más bien los graves problemas de la humanidad de hoy y de mañana. Por algo creemos y hablamos también de la ayuda del Espíritu Santo”. 

13 feb. 2012

El Amor de Dios es más fuerte que todo mal




 VATICANO, 12 Feb. 12 / 08:34 am (ACI/EWTN Noticias).-

El Papa Benedicto XVI resaltó esta mañana, durante el rezo del habitual ángelus dominical, que el amor de Dios es más fuerte que todo mal, "también de aquel más contagioso y horrible". En su reflexión previa a la oración mariana ante miles de fieles en la Plaza de San Pedro, el Papa recordó que "el domingo pasado hemos visto que Jesús, en su vida pública, alivió a muchos enfermos, revelando que Dios quiere para el hombre la vida, la vida en plenitud". 

"El Evangelio de este domingo nos muestra a Jesús en contacto con la forma de enfermedad considerada en aquellos tiempos la más grave, tanto de hacer a la persona ‘impura’ y excluirla de las relaciones sociales: hablamos de la lepra". Benedicto XVI describió el encuentro de Cristo con un leproso a quien cura tocándolo, pese a la prohibición legal de la época. 

"En aquel gesto y en aquellas palabras de Cristo está toda la historia de la salvación, está encarnada la voluntad de Dios de aliviarnos, de purificarnos del mal que nos desfigura y que deteriora nuestras relaciones", dijo el Papa. El Santo Padre afirmó luego que "en aquel contacto entre la mano de Jesús y el leproso es derrumbada cada barrera entre Dios y la impureza humana, entre lo sagrado y lo que se le opone, ciertamente no para negar el mal y su fuerza negativa, sino para demostrar que el amor de Dios es más fuerte que todo mal, también de aquel más contagioso y horrible". 

Jesús, continuó Benedicto XVI, "ha tomado sobre sí nuestras enfermedades, se ha hecho ‘leproso’ para que nosotros fuésemos purificados". El Papa describió luego la experiencia de San Francisco de Asís en contacto con unos leprosos cuando aún vivía "en pecado". "En aquellos leprosos, que Francisco encontró cuando estaba todavía ‘en pecado’, estaba presente Jesús; y cuando Francisco se aproximó a uno de ellos y, venciendo el propio asco, lo abrazó, Jesús lo alivió de su lepra, es decir de su orgullo, y lo convirtió al amor de Dios. 

¡Esta es la victoria de Cristo, que es nuestra sanación profunda y nuestra resurrección a la vida nueva!" 

Benedicto XVI alentó a confiarse a la Virgen María, a quien ayer la Iglesia celebró en la advocación de la Virgen de Lourdes, y recordó que la vidente, Santa Bernardita, "la Santísima Virgen entregó un mensaje siempre actual: la invitación a la oración y a la penitencia". 

Finalmente el Papa dijo que "mediante su Madre está siempre Jesús que sale a nuestro encuentro, para liberarnos de toda enfermedad del cuerpo y del alma. Dejémonos tocar y purificar por Él, y tengamos misericordia hacia nuestros hermanos". En su saludo en español el Santo Padre dijo que "hoy la liturgia nos hace ver cómo la súplica confiada conmueve el corazón del Señor, que manifiesta su deseo de sanarnos, purificarnos y reconciliarnos con Él y con los hombres". "Exhorto a todos a imitar la fe del leproso del Evangelio, buscando a Jesús en la oración y los Sacramentos con humildad y contrición, para alcanzar la limpieza de corazón, y poder así proclamar su grandeza con la propia vida. Muchas gracias", concluyó.

9 feb. 2012

Lectura del santo evangelio según san Marcos 7, 24-30

En aquel tiempo, Jesús fue a la región de Tiro. Se alojó en una casa, procurando pasar desapercibido, pero no lo consiguió; una mujer que tenía una hija poseída por un espíritu impuro se enteró en seguida, fue a buscarlo y se le echó a los pies. La mujer era griega, una fenicia de Siria, y le rogaba que echase el demonio de su hija. Él le dijo: -«Deja que coman primero los hijos. No está bien echarles a los perros el pan de los hijos.» Pero ella replicó: -«Tienes razón, Señor; pero también los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños.» Él le contestó: -«Anda, vete, que, por eso que has dicho, el demonio ha salido de tu hija. » Al llegar a su casa, se encontró a la niña echada en la cama; el demonio se había marchado. 



Nuestra capacidad amatoria va y viene. Hoy parece que seremos capaces de amar hasta dar la vida por el prójimo y mañana, ante el más mínimo contratiempo, regresamos a nuestra concha, bien adentro, como si el mundo no existiera para nosotros. Menos mal que el Amor del Señor es fiel y es constante, siempre y en todo momento. Él espera, además, que confiemos siempre en su Amor, su Ternura por nosotros y lo esperemos todo de Él, como la mujer que esperó en su Amor, a pesar de haber recibido Su negativa. Si confiamos en que Él siempre desea ayudarnos, en cualquier trance, lo hará, porque Su Amor le impide apartarse de nuestro lado. Confiemos, contra viento y marea, en que el Señor vela por nosotros y nos dará su Pan y Su Bendición a tiempo.

7 feb. 2012

PROMOVER EN LA IGLESIA UNA CULTURA DE APOYO A LAS VÍCTIMAS DE ABUSOS

CIUDAD DEL VATICANO, 7 FEB 2012 (VIS).-

Ayer lunes por la tarde, en la Pontificia Universidad Gregoriana, tuvo lugar la apertura del simposio internacional “Hacia la curación y la renovación” (6-9 de febrero), que reúne a obispos y superiores religiosos de todo el mundo para relanzar el compromiso de la Iglesia en la protección, contra los abusos sexuales, de los menores y las personas vulnerables. Durante la sesión de apertura, se leyó un mensaje enviado por el cardenal Secretario de Estado, Tarcisio Bertone, S.D.B. –en nombre del Santo Padre- al rector de la Gregoriana, P. François-Xavier Dumortier, S.I. 

En el mensaje, el cardenal Bertone recuerda que “el Santo Padre ha observado en numerosas ocasiones que la atención a las víctimas debe ser una preocupación prioritaria en la comunidad cristiana, y debe ir unida a una profunda renovación de la Iglesia a todos los niveles. (…) 

Por tanto, el Santo Padre apoya y anima todos los esfuerzos encaminados a responder con caridad evangélica al desafío de proporcionar a los niños y a los adultos vulnerables un entorno eclesial que conduzca a su crecimiento humano y espiritual. 

Urge a los participantes en el Simposio a que sigan elaborando sistemas para promover en toda la Iglesia una fuerte cultura de efectiva salvaguardia y apoyo a las víctimas”. El Papa reza al Señor para que este simposio pueda servir de ayuda a la hora de “responder de modo verdaderamente cristiano a la tragedia de los abusos dirigidos contra los niños”.

6 feb. 2012

Vivencia



En el pliego del largo camino
hallé un tesoro escondido.
Mirándolo siento que vuelo,
aprendo lo nuevo,
y hallo mi sino.

En un espacio de tiempo,
bien breve,
y casi eterno,
subí mil laderas,
anduve cien leguas,
el viento me abrió los pulmones,
y supe lo que la Libertad supone.

Feliz es el calificativo cierto,
que me describe en este trance,
plenitud de esta vida tan pobre,
que embellece el total del balance.

Son dádivas de mi Dios que nos ama,
y quiere ver a sus hijos contentos,
si he de llamarte mi Padre,
ese Nombre quiero santificarte,
y pedirte que venga a nosotros
tu Reino, y que pueda al fin bienamarte.

4 feb. 2012

El arca de la alianza





¡Inmaculado Corazón de María, sé la salvación mía!


Arca de la nueva alianza de Dios con los hombres, 
en la que el Altísimo pone su morada y la consagra toda ella a Dios. 

Arca hermosa, huerto cerrado, puerta del cielo... 

En ti se formó, por la divina acción del Espíritu, Aquel que es nuestra salud para siempre y en ti, oh Madre buena, somos formados por la misma acción del Espíritu Santo, de manera imperceptible, aquellos que deseamos honrarte como Madre y Señora de nuestras vidas.
 
Sitúanos siempre en lo recóndito de tu corazón inmaculado y que se nos pegue algo de tus virtudes, para que vengamos a ser dignos hijos de tan excelsa Madre. 

En ti queremos vivir siempre, sin jamás apartarnos, para hallar, con tu ayuda, el camino recto de nuestra vida, ese que tu Divino HIjo ha trazado para nosotros desde toda la eternidad. Amén.

3 feb. 2012

Primer viernes de febrero



¡He aquí el Corazón que tanto ha amado a los hombres!


(Romanos 8,1-2)

Ahora no pesa condena alguna sobre los que están unidos a Cristo Jesús, 

pues, por la unión con Cristo Jesús, 

la ley del Espíritu de vida me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.

2 feb. 2012

Paz en la tierra






Busqué la quietud que mi alma ansiaba,
antiguas oleadas que suave la anegaban,
ese largo sentirte bien libre por dentro,
ese silente estarse en soledad, en tu centro.

Los vaivenes remotos marcharon,
del corazón tantos rotos,
en un momento sanaron,
y reviví la unidad de la vida entera,
¡mi dádiva hermosa!
¡mi paz en la tierra!

Salvación del mundo

Impulsado por el Espíritu, se acercó al templo.





Una espada atravesará tu alma, para que se vengan a conocer los pensamientos de muchos.