21 nov. 2011

Pedagogía Divina


A veces, Señor, pierdo todo apoyo y quedo al albedrío del acaecer diario. Es entonces cuando claramente me muestras mi pequeñez y mi pecado. Es entonces cuando debo bajar la cabeza, ante Ti y decirte: Ten piedad, Señor, de mí que soy una gran pecadora.
Gracias por hacerme palpar mis miserias y limitaciones: ¡Así te necesito más, mucho más de lo que yo pensaba! Gloria a Ti, Señor Jesús, por los siglos eternos.

7 comentarios:

NIP dijo...

Buenos días Felicitas. Me impactan tus meditaciones.Amen.Y se sienta a nuestra mesa, permaneciendo así de chiquitos estamos muy seguros; Él viene a por nosotros en cada eucaristía.Un abrazo.

Felicitas dijo...

ES cierto, Nip, ese camino de infancia espiritual es el mejor para nosotros, porque conlleva la humildad necesaria para ser del todo de Jesús y de María, como tú y yo precisamos. Ya ves, cuando me creo algo o alguien, nuestro amado Jesús ya se encarga de que su oveja tontaina tropiece, se pegue una piña y se de cuenta de que es la más torpe del rebaño. Pero estoy contenta, no te creas, porque me quiere mucho, como a todos.¡Pero a mí también!
Un abrazo.

Claudio dijo...

Me uno a tu súplica Felicitas. Gracias!
Bendiciones,

Felicitas dijo...

Unidos andamos, entonces, querido Claudio, como ovejas que balan para llamar la atención del Buen Pastor, sin el cual no pueden vivir.
Un abrazo, hermano.

Fernanda dijo...

Qué bonito que pienses así, que hasta en los momentos en que nos sintamos piltrafillas(que yo tengo a cienes) nos volvamos más al Padre.
Gracias por la lección.
Bezoozozs!!

Felicitas dijo...

Mi piltrafiya preciosa, el Padre te quiere con locura y la piltrafiya de tu amiga Feli también.
Un abrazo y muchos bezozozozosss!!

Miriam dijo...

Y el Señor se alegra de que volvamos a El.
Eso es tan tan grande¡¡ Que no se enfurezca, que no nos reciba enfadado, si no con un gran abrazo.