20 sept. 2011

Señor de las Misericordias

Vuelvo a caminar

y la Luz lo envuelve todo

en dorados y anaranjados,

y mis ojos lo agradecen,

sintiéndose acariciados.


Alta y ancha es la Mano que los creó,

¡tanta hermosura y sin dolor!

Y la calma con que el vaivén de la suave brisa me embelesa

 y me habla de ese Divino Ser que amoroso me apresa.

2 comentarios:

Miriam dijo...

Precioso. Cuanta calma y ternura en esas letras

Felicitas dijo...

Gracias, Miriam, ¡cuánta paz y cariño en las tuyas!
Unidas en el Amor de Jesús.
:)