20 sept. 2011

Participación en los sufrimientos redentores de Cristo

Vera cruz de Liébana.



En la cruz de Cristo no sólo se ha cumplido la redención mediante su sufrimiento, sino que el mismo sufrimiento humano ha quedado redimido.

Con éstas y con palabras semejantes los testigos de la Nueva Alianza hablan de la grandeza de la redención, que se lleva a cabo mediante el sufrimiento de Cristo. El Redentor ha sufrido en vez del hombre y por el hombre. Todo hombre tiene su participación en la redención. Cada uno está llamado también a participar en ese sufrimiento mediante el cual se ha llevado a cabo la redención. Está llamado a participar en ese sufrimiento por medio del cual todo sufrimiento humano ha sido también redimido. Llevando a efecto la redención mediante el sufrimiento, Cristo ha elevado juntamente el sufrimiento humano a nivel de redención. Consiguientemente, todo hombre, en su sufrimiento, puede hacerse también partícipe del sufrimiento redentor de Cristo.



La participación misma en los padecimientos de Cristo halla en estas expresiones apostólicas casi una doble dimensión. Si un hombre se hace partícipe de los sufrimientos de Cristo, esto acontece porque Cristo ha abierto su sufrimiento al hombre porque Él mismo en su sufrimiento redentor se ha hecho en cierto sentido partícipe de todos los sufrimientos humanos. El hombre, al descubrir por la fe el sufrimiento redentor de Cristo, descubre al mismo tiempo en él sus propios sufrimientos, los revive mediante la fe, enriquecidos con un nuevo contenido y con un nuevo significado.

5 comentarios:

Miriam dijo...

De los escritos de santa Rosa de Lima.

El salvador levantó la voz y dijo, con incomparable majestad:
"¡Conozcan todos que la gracia igue a la tribulación.
Sepan que sin el peso de las aflicciones no se llega al colmo de la gracia. Comprendan que, conforme al acrecentamiento de los trabajos, se aumenta juntamente la medida de los carismas. Que nadie se engañe: esta es la única verdadera escala del paraíso, y fuera de la cruz
no hay camino por donde se pueda subir al cielo!"
Oídas estas palabras, me sobrevino un impetu poderoso de ponerme en medio de la plaza para gritar con grandes clamores, diciendo a todas las personas, de cualquier edad, sexo, estado y condición que fuesen:
"Oíd pueblos, oíd, todo género de gentes: de parte de Cristo y con palabras tomadas de su misma boca, yo os aviso: Que no se adquiere gracia sin padecer aflicciones;
hay necesidad de trabajos y más trabajos, para conseguir la participación íntima de la divina naturaleza, la gloria de los hijos de Dios y la perfecta hermosura del
alma."
Este mismo estímulo me impulsaba impetuosamente a predicar la hermosura de la divina gracia, me angustiaba y me hacía sudar y anhelar. Me parecía que ya no
podía el alma detenerse en la cárcel del cuerpo, sino que
se había de romper la prisión y, libre y sola, con más agilidad se había de ir por el mundo, dando voces:
"¡Oh, si conociesen los mortales qué gran cosa es la gracia, qué hermosa, qué noble, qué preciosa, cuántas riquezas esconde en sí, cuántos tesoros, cuántos júbilos y delicias! Sin duda emplearían toda su diligencia, afanes y desvelos en buscar penas y aflicciones; andarían todos por el mundo en busca de molestias, enfermedades y tormentos, en vez de aventuras, por conseguir el tesoro último de la constancia en el sufrimiento. Nadie se quejaría de la cruz ni de los trabajos que le caen en suerte,si conocieran las balanzas donde se pesan para repartir los entre los hombres."

lourdes dijo...

hemos de ser como el maestro y unir nuestros sufrimento con ÉL todos estamos llamados a participar con ÉL su misterio de amor el sufrimento nos hace madurar crecer y descubrir que sólo en ÉL esta nuestra fuerza muy unidas en oración y un abrazo

Felicitas dijo...

Muchas gracias, Miriam, por ese texto tan bonito de Santa Rosa de Lima. ¡Sólo los santos saben ir a por todas!
A ver si aprendo yo de una vez por todas...
Un abrazo, linda.
:)

Madurar y crecer, por el sufrimiento, unido al del Señor y el de María. Sí, Lourdes, creo que ese es el camino correcto, cuando el dolor llama a nuestra puerta.
Gracias por tu cariño.
Unidas en la oración y el Amor.
:)

Gran Visigoda dijo...

El dolor es el que nos da la verdadera medida de nuestra existencia.Verdaderamente el dolor redime... nos descubre la Pasión de Cristo en su crudeza y entendemos entonces cuanto fue, cuanto es su amor por nosotros...
Un abrazo.

Felicitas dijo...

Cómo se nota que tú has pasado por ello, querida Visigoda. Se adquiere una visión honda de las mismas realidades cuando se ha padecido por amor.
Un abrazo, linda.
:)