30 jun. 2011

Abraham, Abraham ...



El Señor puede pedir que le ofrezcamos aquello que más amamos en este vida, porque desea calibrar nuestro amor por Él.
Dispongámonos todos, hermanos, a nivel interior a entregarLe todo al Señor.
Se hace necesario si de verdad aspiramos a la santidad.

Es fácil decir que Le amamos y no hacer nada al respecto.

No sabemos qué nos pedirá, pero creo que es bueno que ya desde ahora vayamos haciendo una labor interna de desasimiento de todo y de todos.
Poco a poco iremos cobrando la libertad interior que se precisa para seguir a Cristo, hasta el final.
Si no lo hacemos, cuando llegue el momento de la renuncia, nos costará mucho más, porque habrá que desgarrarse el corazón.
Es un trabajo silencioso, interior, en el que le vamos ofreciendo las personas más amadas, las posesiones, la vida misma que es un Don Suyo.

Y no se trata de romper lazos con nadie, se trata más bien de aprender a amar, sin depender.
Aprender a usar las cosas, siendo capaces de prescindir de ellas, cuando Dios lo disponga.
Es una liberación interior preparatoria progresiva que  ya desde ahora debemos practicar, porque al Cielo no nos llevaremos nada, absolutamente nada de este mundo.
Allí sólo Dios basta.

¡Señor, asístenos con Tu Gracia en esta labor de desapego que tanto bien nos hace!
¡Virgen María, que sólo tú sepas tenernos bien ataditos a tu Corazón Inmaculado de ahora a la eternidad!

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