30 may. 2011

Ay, los apegos...




¿Qué puede hacerse para alcanzar la felicidad?

No hay nada que tú ni cualquier otro podáis hacer.
¿Por qué? Por la sencilla razón de que ahora mismo ya eres feliz, ¿y cómo vas a adquirir lo que ya tienes? Pero, si es así, ¿por qué no experimentas esa felicidad que ya posees?

Pues, simplemente porque tu mente no deja de producir infelicidad.

Arroja esa infelicidad de tu mente, y al instante aflorará al exterior la felicidad que siempre te ha pertenecido.

¿Y cómo se arroja fuera la infelicidad?

Descubre qué es lo que la origina y examina la causa abiertamente y sin temor: la infelicidad desaparecerá automáticamente.

Ahora bien, si te fijas como es debido, verás que hay una sola cosa que origina la infelicidad: el apego. ¿Y qué es un apego? Es un estado emocional de vinculación compulsiva a una cosa o persona determinada, originado por la creencia de que sin esa cosa o persona no es posible ser feliz.

Tal estado emocional se compone de dos elementos; uno positivo y otro negativo.

El elemento positivo es el fogonazo del placer y la emoción, el estremecimiento que experimentas cuando logras aquello a lo que estás apegado.

El elemento negativo es la sensación de amenaza y de tensión que siempre acompaña al apego. Imagínate a alguien encerrado en un campo de concentración y que no deja de engullir comida: con una mano se lleva la comida a la boca, mientras que con la otra protege la comida restante de la codicia de sus compañeros de encierro, que tratarán de arrebatársela en cuanto baje la guardia.

He ahí la imagen perfecta de la persona apegada.

Por su propia naturaleza, el apego te hace vulnerable al desorden emocional y amenaza constantemente con hacer añicos tu paz.

¿Cómo puedes esperar, entonces, que una persona apegada acceda a ese océano de felicidad que llamamos el "Reino de Dios"? ¡Es como esperar que un camello pase por el ojo de una aguja!

Ahora bien, lo verdaderamente trágico del apego es que, si no se consigue su objeto, origina infelicidad; y, si se consigue, no origina propiamente la felicidad, sino que simplemente produce un instante de placer, seguido de la preocupación y el temor de perder dicho objeto.

Dirás: "Entonces, ¿no puedo tener ni un solo apego?". Por supuesto que sí. Puedes tener todos los apegos que quieras. Pero por cada uno de ellos tendrás que pagar un precio en forma de pérdida de felicidad.

Fíjate bien: los apegos son de tal naturaleza que, aun cuando lograras satisfacer muchos de ellos a lo largo de un día, con que sólo hubiera uno que no pudieras satisfacer, bastaría para obsesionarte y hacerte infeliz.

No hay manera de ganar la batalla de los apegos. Pretender un apego sin infelicidad es algo así como buscar agua que no sea húmeda.

Jamás ha habido nadie que haya dado con la fórmula para conservar los objetos de los propios apegos sin lucha, sin preocupación, sin temor y sin caer, tarde o temprano, derrotado.

En realidad, sin embargo, sí hay una forma de ganar la batalla de los apegos: renunciar a ellos.

Contrariamente a lo que suele creerse, renunciar a los apegos es fácil.
Todo lo que hay que hacer es ver, pero ver realmente, las siguientes verdades:

Primera verdad: estás aferrado a una falsa creencia, a saber, la de que sin una cosa o persona determinada no puedes ser feliz. Examina tus apegos uno a uno y comprobarás la falsedad de semejante creencia. Tal vez tu corazón se resista a ello; pero, en el momento en que consigas verlo, el resultado emocional se producirá de inmediato, y en ese mismo instante el apego perderá su fuerza.

Segunda verdad: si te limitas a disfrutar las cosas, negándote a quedar apegado a ellas, es decir negándote a creer que no podrás ser feliz sin ellas, te ahorrarás toda la lucha y toda la tensión emocional que supone el protegerlas y conservarlas. ¿No conoces lo que es poder conservar todos los objetos de tus distintos apegos, sin renunciar a uno sólo de ellos, y poder disfrutarlos más aún a base de no apegarte ni aferrarte a ellos, porque te encuentras pacífico y relajado y no sientes la menor amenaza en relación a su disfrute?

Tercera y última verdad: si aprendes a disfrutar el aroma de un millar de flores, no te aferrarás a ninguna de ellas ni sufrirás cuando no puedas conseguirla. Si tienes mil platos favoritos, la pérdida de uno de ellos te pasará inadvertida, y tu felicidad no sufrirá menoscabo.

Pero son precisamente tus apegos los que te impiden desarrollar un más amplio y más variado gusto por las cosas y las personas.

A la luz de estas tres verdades, no hay apego que sobreviva. Pero la luz, para que tenga efecto, debe brillar ininterrumpidamente. Los apegos sólo pueden medrar en la oscuridad del engaño y la ilusión. Si el rico no puede acceder al reino del gozo y de la alegría, no es porque quiera ser malo, sino porque decide ser ciego.

Padre Anthony de Mello S.J.



9 comentarios:

NIP dijo...

Uf los apegos, cuando más libre te piensas de ellos resulta que el casco entero está lleno de lapas y moluscos, más que razonamientos me resultan eficaces los pequeños sacrificios, austeridades y renuncias siempre con mucha alegría que las caras tristes y largas pueblan el infierno. Un abrazo.

Felicitas dijo...

Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados, dijo Jesús.
No creo que en el infierno se halle mucho consuelo, Nip...
Con lo de las renuncias diarias estoy totalmente de acuerdo, claro. Renunciar al apego que podamos tener hacia algo o alguien parece ser la mejor de las soluciones. ¡Tendré que practicarlo más y mejor!
Un abrazo.
:O)

Angelo dijo...

Es una experiencia de la que se puede sacar muchos beneficios para el alma. Recuerdo los apegos de mi juventud muy arraigados en las personas. ¡¡¡Como duele el día que se arrancan!!! después han venido otros y también han sido dolorosos el retitrarlos, hoy me doy cuenta que cada desprendiemiento me ha ayudado a ser más libre, a gozar mejor de todo y a entregarme con más entusiasmo a lo que nadie puede arrancarme: ¡Dios!
Pero sigo con mis apegos, sino... ¡qué fácil!
Un beso

gosspi dijo...

Pues has dado en la tecla.....que dolor arrancar los apegos emocionales...madre mia!! a mi me costó una enfermedad, si si lo que estas leyendo ..una enfermedad mental..se me fué la pinza!! y gracias a Dios El me resacató...y ahora que los veo no doy tregua, me agarro a la oracion con fuerza y allá voy...de cuajo!!! y sabes? cada vez duele menos esta "poda"...porque ya El me prepara cada vez mejor al tiron que experimentas....y que gozo verte desatado...uf, que consuelo y Paz te queda dentro......no cambio esto por nada del mundo!!!! estupenda entrada, si señor....

lourdes dijo...

Mil gracias por este compartir muy rico a veces tenemos miedo de dejar esa seguridades o apegos como dices todos experimentamos eso, pero tambien se experimenta como dios también te ayuda a quedarte en el vacio he experimentado muchas veces no querer dejar esos apegos y experimento que Dios muchas veces lo ha quitado por mi por que es un Dios celoso, quitar los apegfo es atreverse a morir a cada instante de nuestra vida que el señor nos conceda la gracias de que nuestro unico apego sea ÉL y en¨ÉL y con ÉL muy unidas en oración yo difruto mucho con vuestras aportaciones me ayudan mil gracias un abrazo me encomiendo a tus oraciones

flaviamile dijo...

Bellìsima entrada...gracias!

Felicitas dijo...

Si, Angel, duele mucho cuando has de abandonar un apego, en especial si es un apego a una persona, pero es preciso pasar por ahí, porque sino, no crecemos ni avanzamos en el camino hacia Dios.
Tendremos que seguir pidiendo al Espíritu que nos purifique de todo cuanto nos aparta de Su Amor.
Un beso, majo.
;O)

Querida Gosspi, valoro en mucho tu franqueza, hermana, porque sé que nace de la humildad. Es un Don precioso que nos edifica a todos. ¡¡Gracias por tu testimonio tan vital !!
Un abrazo, hermana.
;O)

Es que Jesús te ama con un Amor del todo especial, querida Lourdes, a ti que le has entregado tu vida. Claro, que se ocupa de quitarte los apegos que te puedan surgir. No me extraña nada, preciosa. Sigue con nosotros, te necesitamos cerca.
Un abrazo, linda.
;O)

Muchas gracias, Flaviamile. Dios te bendiga.
Un abrazo.
;O)

Miriam dijo...

Muy buena entrada
Me gustan los tres pasos,las tres verdades especialmente el de limitarse a disfrutar de las cosas
Me ayuda
Gracias

Felicitas dijo...

Me alegro, Miriam.A mí también me ha ayudado, por eso os lo puse.
Un beso.
:O)