30 may. 2011

Ay, los apegos...




¿Qué puede hacerse para alcanzar la felicidad?

No hay nada que tú ni cualquier otro podáis hacer.
¿Por qué? Por la sencilla razón de que ahora mismo ya eres feliz, ¿y cómo vas a adquirir lo que ya tienes? Pero, si es así, ¿por qué no experimentas esa felicidad que ya posees?

Pues, simplemente porque tu mente no deja de producir infelicidad.

Arroja esa infelicidad de tu mente, y al instante aflorará al exterior la felicidad que siempre te ha pertenecido.

¿Y cómo se arroja fuera la infelicidad?

Descubre qué es lo que la origina y examina la causa abiertamente y sin temor: la infelicidad desaparecerá automáticamente.

Ahora bien, si te fijas como es debido, verás que hay una sola cosa que origina la infelicidad: el apego. ¿Y qué es un apego? Es un estado emocional de vinculación compulsiva a una cosa o persona determinada, originado por la creencia de que sin esa cosa o persona no es posible ser feliz.

Tal estado emocional se compone de dos elementos; uno positivo y otro negativo.

El elemento positivo es el fogonazo del placer y la emoción, el estremecimiento que experimentas cuando logras aquello a lo que estás apegado.

El elemento negativo es la sensación de amenaza y de tensión que siempre acompaña al apego. Imagínate a alguien encerrado en un campo de concentración y que no deja de engullir comida: con una mano se lleva la comida a la boca, mientras que con la otra protege la comida restante de la codicia de sus compañeros de encierro, que tratarán de arrebatársela en cuanto baje la guardia.

He ahí la imagen perfecta de la persona apegada.

Por su propia naturaleza, el apego te hace vulnerable al desorden emocional y amenaza constantemente con hacer añicos tu paz.

¿Cómo puedes esperar, entonces, que una persona apegada acceda a ese océano de felicidad que llamamos el "Reino de Dios"? ¡Es como esperar que un camello pase por el ojo de una aguja!

Ahora bien, lo verdaderamente trágico del apego es que, si no se consigue su objeto, origina infelicidad; y, si se consigue, no origina propiamente la felicidad, sino que simplemente produce un instante de placer, seguido de la preocupación y el temor de perder dicho objeto.

Dirás: "Entonces, ¿no puedo tener ni un solo apego?". Por supuesto que sí. Puedes tener todos los apegos que quieras. Pero por cada uno de ellos tendrás que pagar un precio en forma de pérdida de felicidad.

Fíjate bien: los apegos son de tal naturaleza que, aun cuando lograras satisfacer muchos de ellos a lo largo de un día, con que sólo hubiera uno que no pudieras satisfacer, bastaría para obsesionarte y hacerte infeliz.

No hay manera de ganar la batalla de los apegos. Pretender un apego sin infelicidad es algo así como buscar agua que no sea húmeda.

Jamás ha habido nadie que haya dado con la fórmula para conservar los objetos de los propios apegos sin lucha, sin preocupación, sin temor y sin caer, tarde o temprano, derrotado.

En realidad, sin embargo, sí hay una forma de ganar la batalla de los apegos: renunciar a ellos.

Contrariamente a lo que suele creerse, renunciar a los apegos es fácil.
Todo lo que hay que hacer es ver, pero ver realmente, las siguientes verdades:

Primera verdad: estás aferrado a una falsa creencia, a saber, la de que sin una cosa o persona determinada no puedes ser feliz. Examina tus apegos uno a uno y comprobarás la falsedad de semejante creencia. Tal vez tu corazón se resista a ello; pero, en el momento en que consigas verlo, el resultado emocional se producirá de inmediato, y en ese mismo instante el apego perderá su fuerza.

Segunda verdad: si te limitas a disfrutar las cosas, negándote a quedar apegado a ellas, es decir negándote a creer que no podrás ser feliz sin ellas, te ahorrarás toda la lucha y toda la tensión emocional que supone el protegerlas y conservarlas. ¿No conoces lo que es poder conservar todos los objetos de tus distintos apegos, sin renunciar a uno sólo de ellos, y poder disfrutarlos más aún a base de no apegarte ni aferrarte a ellos, porque te encuentras pacífico y relajado y no sientes la menor amenaza en relación a su disfrute?

Tercera y última verdad: si aprendes a disfrutar el aroma de un millar de flores, no te aferrarás a ninguna de ellas ni sufrirás cuando no puedas conseguirla. Si tienes mil platos favoritos, la pérdida de uno de ellos te pasará inadvertida, y tu felicidad no sufrirá menoscabo.

Pero son precisamente tus apegos los que te impiden desarrollar un más amplio y más variado gusto por las cosas y las personas.

A la luz de estas tres verdades, no hay apego que sobreviva. Pero la luz, para que tenga efecto, debe brillar ininterrumpidamente. Los apegos sólo pueden medrar en la oscuridad del engaño y la ilusión. Si el rico no puede acceder al reino del gozo y de la alegría, no es porque quiera ser malo, sino porque decide ser ciego.

Padre Anthony de Mello S.J.



La lectura de hoy




En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos:

«Cuando venga el Paráclito, que yo os enviaré de junto al Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, Él dará testimonio de mí.

Pero también vosotros daréis testimonio, porque estáis conmigo desde el principio.

Os he dicho esto para que no os escandalicéis. Os expulsarán de las sinagogas. E incluso llegará la hora en que todo el que os mate piense que da culto a Dios. Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí. Os he dicho esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que ya os lo había dicho».

Evangelio según San Juan 15,26—16,4


Si aún no lo hemos experimentado, hagámonos a la idea de que el mundo no sólo no nos acepte y respete como cristianos católicos, sino que, instigado por el padre de toda mentira, haga todo lo posible por quitarnos de en medio. No somos más que Jesús, sino bastante menos, y sin embargo nos concede la Gracia de testiomniar Su Amor Infinito por los hombres ante el mundo y abrazar toda cruz derivada de ello.
Porque sólo el que firma con su dolor el amor que dice tener, aquilata su pertenencia a Cristo.
Porque sólo es capaz de un gran amor, el que es capaz de un gran dolor, por amor.
El Amor en persona nos asiste. ¡Ánimo!

29 may. 2011

La palabra del Papa




VATICANO, 29 May. 11

Al presidir este domingo la oración mariana del Regina Caeli ante miles de fieles en la Plaza de San Pedro, el Papa Benedicto XVI exhortó a anunciar el Evangelio como Juan Pablo II, para que todos conozcan y vivan la alegría profunda que solo da Dios.

En su catequesis en italiano el Santo Padre se refirió a la primera lectura de los Hechos de los Apóstoles en la que se narra el anuncio de Cristo Resucitado en Samaria, en donde los discípulos bautizan a muchas personas y realizan múltiples milagros "y fue grande la alegría en aquella ciudad".

"Es posible que la humanidad conozca la verdadera alegría, porque allí donde llega el Evangelio, florece la vida, como un terreno árido que, irrigado por la lluvia, de pronto reverdece. Felipe y los otros discípulos, con la fuerza del Espíritu Santo, hicieron en los pueblos de Palestina lo que había hecho Jesús: predicaron la Buena Noticia y obraron signos prodigiosos".

"Era el Señor –prosiguió el Papa– quien actuaba por medio de ellos. Como Jesús anunciaba la venida del Reino de Dios, así los discípulos anunciaron a Jesús resucitado, profesando que Él es el Cristo, el Hijo de Dios, bautizando en su nombre y curando toda enfermedad del cuerpo y del espíritu".

El Santo Padre se refirió luego a San Carlos Borromeo y a la Beata Teresa de Calcuta, como ejemplos de evangelizadores que "llevaron la paz y la esperanza a ciudades enteras", entregando "la vida entera para anunciar a Cristo y hacer florecer entre los hombres la alegría profunda".

"Mientras los poderosos de este mundo buscaban conquistar nuevos territorios por intereses políticos y económicos, los mensajeros de Cristo iban por todo lugar con la con la tarea de llevar a Cristo a los hombres y a los hombres a Cristo, sabiendo que solo Él puede dar la verdadera libertad y la vida eterna".

Hoy también, continuó Benedicto XVI, la vocación de la Iglesia "es la evangelización: ya sea a las poblaciones que no han sido todavía ‘irrigadas’ por el agua viva del Evangelio, ya sea con aquellas que, teniendo antiguas raíces cristianas, necesitan nueva linfa para dar nuevos frutos y redescubrir la belleza y la alegría de la fe".

"Queridos amigo, el Beato Juan Pablo II ha sido un gran misionero, como documenta también una muestra expuesta en este periodo en Roma. Él ha relanzado la misión ad gentes y, al mismo tiempo, ha promovido la nueva evangelización".

Finalmente el Papa confió esta misión y la nueva evangelización a la Virgen María e hizo votos para que la Madre de Cristo "acompañe siempre y en todo lugar el anuncio del Evangelio, para que se multipliquen y se extiendan en el mundo los espacios en los que los hombres reencuentren la alegría de vivir como hijos de Dios".

En español y luego de la oración mariana, el Santo Padre dijo que "la liturgia de hoy nos invita a no sentirnos huérfanos de Dios en el mundo, porque Cristo vive y, por su Espíritu, el Espíritu de la verdad, sigue siendo nuestro consuelo, nuestra defensa y nuestra guía".

Benedicto XVI invitó por eso a todos a "renovar con gozo la esperanza cristiana que nace del misterio pascual, para afrontar las dificultades, ahuyentar el desánimo y los esfuerzos por construir un mundo más digno del hombre, según los deseos de Dios. Que la Santísima Virgen María nos acompañe en este camino".


27 may. 2011

¡Adoraré!




¡Todo canta la Gloria de Dios!

Es la chispa que prende en los corazones
de aquellos que prestaron oídos a la Enseñanza,
un buen día cuando el Viento decidió soplar sobre ellos.

Y cuando entras en los aposentos de Tu Señor,
ya no gustas nada más de este mundo,
ni riquezas, ni placeres, ni poder,
nada se compara con un sólo instante ante Su Divina y Misteriosa Presencia.

Y es que no hay palabras que describan lo que el alma experimenta,
es Dios de toda majestad,
es el Primero entre muchos hermanos,
es el Principio  y motor de cuanto existe,
¿cómo no vamos a estremecernos cuando con Amor nos ofrece Su Cuerpo, Su Sangre, Su Alma y Su Divinidad como salvoconducto para una Vida Eterna, sin dolor, sin limitación, y llena de Su Amor Infinito?

Dios, ¡qué grande eres!


26 may. 2011

Para dar más fruto


¿Me podas, Padre?

¡Dame fuerzas y amor para aceptarlo y vivirlo con alegría!
La alegria que nace del saber que todo lo haces para nuestro bien.


"No entones las alabanzas divinas solo con la voz, acompaña también la voz con las obras. Si cantas solo con la voz, por fuerza tendrás al fin que callar; canta con la vida para no callar jamás."


San Agustín.

24 may. 2011

Al Espíritu de Dios



Que tus toques y tus caricias se sigan diseminando en nuestro espíritu,
provocándonos el gozo del corazón, cuando ve :

Que los hermanos adoran y aman,
reverencian y obedecen los dictámenes de tu fina Sabiduría.

Que te buscan como a su Bien, al Amado de sus almas,
y dulcemente se incorporan a Tu Señorío y se esfuerzan en siempre amar.

Tu Presencia entre nosotros sea eterna y nos suscite esos Dones
que Tú sólo sabes dar, para querer y servir, confortar y edificar,
esa Iglesia, Esposa amada, que con Cristo ha de morar.
Amén.

23 may. 2011

Cristo permanece

Vienen y van
y Cristo permanece.



Tiempo y espacio
cambian y configuran
y Cristo permanece.







Cansancio aflora
y Cristo permanece.






Vaivén de los hombres
y Cristo permanece.






¡Sagrado Corazón de Jesús, en Tí confío!

Las lecturas de hoy

Confianza.
Esperanza.
Amor.

Vivir en Dios y con Dios.
en Jesús y con Jesús, que es el Camino hacia el Padre.

Y es Verdad y es Vida Eterna.

Señor, me abandono, pues, en tu Corazón Sagrado, para que en mi vida se cumpla tu Santa Voluntad.
De verdad que no quiero otra cosa ya, después de tantos años de patente mediocridad...
Deseo por fin hacer aquello para lo que Tú decidiste crearme, porque sé que sólo así seré feliz, colaborando en la medida de mis posibilidades Contigo y con los hermanos, en tu Iglesia,  a la Salvación de las almas.

La Voluntad de Dios es que nos salvemos de la eterna desdicha, que entremos en la Casa del Padre que nos espera con los brazos abiertos.
Es mi deber de cristiano confiar siempre en que toda Palabra salida de la boca de Jesús de Nazareth, se cumple, siempre, hasta el final de este mundo, que sólo Dios sabe cuando será.

Si Él dijo: ¡Tened Fe, que Yo he vencido al mundo! , nosotros : ¡Amén, Señor! y a tirar hacia adelante, pase lo que pase, que vamos con, por y en Él hacia la Casa del Padre, y Santa María nos asiste en todo instante.

Si Dios con nosotros,¿quién contra nosotros?

Los hombres de nuestra sociedad siguen en sus movimientos oscilantes, primero la izquierda, ahora la derecha, luego volverá la izquierda y más tarde otra vez la derecha... y así generación tras generación....
El hombre se siente inseguro hasta que se topa con Dios mismo.

A partir de ese momento, ya no oscila, vive , espera y ama al MODO DE DIOS.

20 may. 2011

Pensando en voz alta



¡Qué bueno es compartir las vivencias de fe con los hermanos!
¡Cuánto bien nos hace a todos ese compartir!
Y es que fuimos hechos por y para el Amor.

¡Cómo necesitamos todos sentirnos amados!
¡Cómo padece el hombre que se ve rechazado y abandonado!
¡Si nos diéramos cuenta que básicamente lo que se nos pide es ser misericordiosos los unos para con los otros! Y no digo que sea fácil, porque en ocasiones cuesta mucho...pero a dónde no llega la naturaleza, llega la Gracia, ¡y esa hay que pedirla!Y confiar en que se nos da, porque si yo no puedo y Dios me pide que lo haga, seguro que tan sólo espera que se lo pida con fe y fuerza, para capacitarme para ello.
Algún santo decía que esta vida no es más que una progresiva dilatación de la capacidad amatoria de nuestro corazón. Y eso lo hace el Señor. ¡Gloria a Él!



18 may. 2011

Alabanza


¡Batid palmas en honor del Señor!
¡Gritad, vitoread, cantad!
Que las naciones le alaben,
que reconozcan su Gran Poderío,
que los hombres todos le rindan honores,
Al que hizo los cielos y la tierra,
al que deshizo los entuertos del que miente,
al que humilló al rebelde hasta morder el polvo.

¡Cantad, gritad, vitoread!
Porque Eterna es Su Misericordia,
para con aquellos que le temen,
y en tiempo de discordias,
suscitó una Fuerza en Su Iglesia,
que mantuvo la fe de todos hasta el final.



17 may. 2011

Mis ovejas escuchan Mi Voz




Se celebró por entonces en Jerusalén la fiesta de la Dedicación. Era invierno. Jesús se paseaba por el Templo, en el pórtico de Salomón. Le rodearon los judíos, y le decían: «¿Hasta cuándo vas a tenernos en vilo? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente».
Jesús les respondió:

«Ya os lo he dicho, pero no me creéis.

Las obras que hago en nombre de Mi Padre son las que dan testimonio de Mí;

pero vosotros no creéis porque no sois de mis ovejas.

Mis ovejas escuchan Mi Voz;

Yo las conozco y ellas me siguen.

Yo les doy Vida eterna y no perecerán jamás, y nadie las arrebatará de Mi Mano.

El Padre, que me las ha dado, es más grande que todos, y nadie puede arrebatar nada de la mano del Padre.

El Padre y Yo somos uno».


Evangelio según San Juan 10,22-30


¡Nadie puede arrebatarle nada de la mano a nuestro Padre celestial!
Claro, como es Dios todopoderoso y lo que piensa lo hace, Soberano de cielos y tierra, creador de todo cuanto existe...Confiemos plenamente en este Amor Fuerte de Dios que ha querido contarnos entre los miembros de su familia más íntima. ¿Tenemos buenos amigos? ¿Tenemos una familia acogedora, llena de cariño? ... ¡Pues, la tenemos! ¡Padre, Madre y un Hermano que es mejor que Superman!
¡Aumenta nuestra Fe, Señor! ¡Danos la Fe de tus santos, esos que supieron vivir Contigo como hijos muy amados, confiando en Ti hasta la LOCURA!

15 may. 2011

El único Mediador entre Dios y los hombres


" Yo soy la puerta de las ovejas".



Yo soy la puerta; si uno entra por mí, estará a salvo;
entrará y saldrá y encontrará pasto.
El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir.
Yo he venido para que tengan Vida y la tengan en abundancia».



Dios se ha hecho hombre en Jesús de Nazareth. Y tan sólo en él.
Por este motivo, todo hombre que llega a este mundo necesita pasar por la puerta que Dios mismo pone como entrada a la Vida Eterna: el mismo Jesús.

El hombre caprichoso del siglo XXI no se conforma con esta puerta y busca otras que le puedieran servir igual, y le exijan menos, mucho menos, porque en el fondo no quiere dejar esta vida con sus pequeñas compensaciones... No. 
Cree que no pensando en la muerte, hace que desaparezca de su horizonte, como por arte de magia...

Hasta que se le pone delante, desafiante, cercana, con el dolor propio que ella nos trae a todos. Y entonces, la sensación de vacío y sintentido puede llegar a ser tremendamente dolorosa ...muchos tuvimos que pasar por ello, para iniciar una renovada apertura hacia Jesús...
Es lo deseable y con frecuencia tan sólo el dolor es lo que nos acerca a Él. ¿Por qué? Porque somos pecadores, y cuando le damos la espalda al Dios del Amor de Jesucristo, tendemos al egoísmo hasta la hartura...

Puerta y puente entre Dios y los hombres. Ese es Jesús. Lo sabemos.
Señor, aumenta nuestra fe en Ti, y ayúdanos a comunicarla a los demás. Amén.

14 may. 2011

La Verdad tiene nombre propio




Te aferras a las razones de tu intelecto tan lógico,

y desechas el testimonio del que cree en Jesús,

mil argumentos te parapetan contra Él y contra mí,

mientras agredes los sentimientos del corazón...



- ¿Es el ser humano realmente es un ser sociable? -




Eres como una fortificación inexpugnable,

ante la cual ni cien hombres pueden ...

quedo muda y dolida,

rezo y pido iluminación,

sufro la honda laceración
de dejarte por terco,
mientras rezo a tu salvación.



Ateo necio, ¡cuánto daño derramas a tu alrededor!

Apoyada en Dios esperaré siglos en silencio, y con amor.

La Virgen de Fátima


El trece de mayo, la Virgen María,
bajó de los Cielos a Cova de Iría.


¡Ave, ave, ave María
Ave, ave, ave María!










Orad, orad mucho y haced sacrificios por los pecadores.
Son muchas almas que van al infierno porque no hay quien se sacrifique y ruegue por ellas"


(19 de agosto de 1917)



"Es necesario que se enmienden, que pidan perdón de sus pecados...
¡No ofendan más a Nuestro Señor, que está ya muy ofendido!"

(13 de octubre de 1917)



Para salvar a los pecadores, el Señor quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón"

(13 de julio de 1917)



"A quien abrazare la devoción a mi Inmaculado Corazón, prometo la salvación"

(13 de junio de 1917)



"Vendré a pedir la consagración del mundo a mi Inmaculado Corazón
y la comunión reparadora en los primeros sábados de mes"

(13 de junio de 1917)


"Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Corazón Inmaculado. A quien la abrazare, le prometo la salvación; y estas almas serán amadas con predilección por Dios, como flores puestas por mí para adornar su trono".


 
 
Jaculatorias enseñada por el Angel a los niños:
 
"Dios mío, yo creo, adoro, espero y os amo.
Os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no os aman"

"Oh, Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al Cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu Divina Misericordia."

12 may. 2011

Serán todos enseñados por Dios



En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente:

«Nadie puede venir a Mí, si el Padre que me ha enviado no lo atrae; y Yo le resucitaré el último día.

Está escrito en los profetas: serán todos enseñados por Dios.

Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a Mí.

No es que alguien haya visto al Padre; sino Aquel que ha venido de Dios, Ése ha visto al Padre.

En verdad, en verdad os digo: el que cree, tiene Vida Eterna.

Yo soy el Pan de Vida.

Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron;




Éste es el pan que baja del cielo, para que quien lo coma no muera.

Yo soy el Pan Vivo, bajado del Cielo.

Si uno come de este Pan, vivirá para siempre;

y el Pan que Yo le voy a dar, es Mi Carne por la Vida del mundo».


(del Evangelio según San Juan , 6,44-51)

11 may. 2011

La vida en Dios


Fragor



y Silencio




Inmersión sin reservas




Poder , equilibrio y vida


vida y reposo



10 may. 2011

Amaos unos a los otros como Yo os he amado



¿ Resulta difícil amar a un Dios que es Amor?

Creo sinceramente que no cuesta, de entrada, porque el Amor atrae e invita a ser amado.

Luego, con el tiempo, el Amor nos irá puliendo y solicitando mayor entrega, pero con la cruz, se nos dará la Gracia para llevarla aún con amor y alegría interiores.

Sin embargo, hoy me gustaría hacer incapíé en una de las cosas que a todos más nos cuesta:

El amor al prójimo.

Decir: "Soy cristiano" es fácil. Entender hasta qué punto estoy obligado a hacer el bien a mi prójimo, ese es el quid de la cuestión.

Si Jesús se pone como ejemplo de amor al prójimo, se concluye que cada uno de nosotros debe esforzarse en amar como Él. ¿Cómo lo conseguiremos?

Amando CON EL, EN EL Y POR EL.

Sabiendo que la Santísima Trinidad nos habita, por la Fe en Jesús, cada vez que amemos al prójimo, lo haremos en Dios, con Dios y por Dios.

El truco está en que ese Amor de Dios que nos habita, tenga cada vez más espacio y autonomía en el corazón de cada uno de nosotros. Aprendamos a vivir en armonía con Dios y en plena disponibilidad a Sus Divinas Voluntades.

Para todo ello, se hace imprescindible la oración diaria, el contacto íntimo y frecuente con Aquel que vive en lo profundo de nuestro ser. Sólo así viviremos en comunión con Dios, y por ende, en comunión con todo ser humano que tome contacto con nosotros.

Es un ideal de vida exigente, pero absolutamente maravilloso.
Y no estoy dando a entender que yo lo viva a la perfección. Nada de eso. Aún me queda mucho camino que andar, pero no por eso, dejo de ver que es el BUEN CAMINO para todos nosotros.

Prestemos especial atención a los hermanos que sufren y démosles nuestro amor y cariño, nuestra ayuda moral y material, en la medida de las posibilidades de cada uno. Son los preferidos del Señor y han de ser los nuestros también.

Un abrazo, amigos.


7 may. 2011

Previsto antes de la creación del mundo

Queridos hermanos:

Si llamáis Padre al que juzga a cada uno, según sus obras, sin parcialidad,
tomad en serio vuestro proceder en esta vida.

Ya sabéis con QUÉ os rescataron de ese proceder inútil recibido de nuestros padres: no con bienes efímeros, con oro o plata, sino a precio de LA SANGRE DE CRISTO, el Cordero sin defecto ni mancha, previsto antes de la creación del mundo y manifestado al final de los tiempos por nuestro bien.

Por Cristo vosotros creéis en Dios, que lo resucitó de entre los muertos y le dio gloria, y así habéis puesto en Dios vuestra fe y vuestra esperanza.

(Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 1,17-21)


Y Santa María entra en esa Divina Previsión y Provisión del Cordero sin defecto ni mancha, el único capaz de quitar el pecado del mundo.

Veamos qué dice el Magisterio de la Iglesia:

" Santa María, por un singular privilegio, en previsión de los méritos de Jesucristo, fue preservada de toda mancha de pecado original."

Si el Cordero de Dios había de ser todo él sin defecto ni mancha, aquella de la cual recibe su cuerpo humano, es lógico que tuviera que ser un arca del todo pura, un seno del todo exento de pecado, una sede del todo digna de Aquel ante cuya Presencia los ángeles se postran y rinden perfecto culto de latría.

Santa María, por lo tanto, es la única mujer que ha sido hallada digna de albergar en su propio seno a Dios mismo que en ella ha querido adquirir, por Obra del Espíritu Santo , un cuerpo humano como el nuestro, un alma humana y siguiendo el mismo proceso natural por el que todos comenzamos nuestra existencia terrena : desarrollándose durante 9 meses en las entrañas de su propia madre.

Y María Inmaculada entra en la Previsión Divina, como persona necesaria para llevar a cabo la ingente tarea de la salvación del género humano. ¿Dios necesita a María? Dios quiere necesitarla porque nuestro Dios es Amor, es Libertad y es Padre que disfruta rodeándose de sus hijos todos y cuenta con su libre colaboración al Bien.

6 may. 2011

Primer viernes de mayo, dedicado al Sagrado Corazón de Jesús




Recóndito lugar,
al que llegan desde el silencio de todo,
interno y externo,
tan sólo,
apagando todo el afán,
apagándolo.


Recondito lugar, en el que Me halláis,
esperando una visita de amor.

Jesús subió al monte, sólo.

Si no buscáis el recóndito lugar,
del silencio,
del sosiego interior,
de la paz del alma y el corazón,
¿Cómo vaís a escucharme?
¿Cómo vaís a comprender Mis Voluntades?


Buscadme en el lugar recóndito del alma.
En paz.
En silencio
En exclusividad, Conmigo.
Yo despliego Mi Amor por vosotros en la
soledad física y mental, que, por Mi Gracia, se convierte en
Compañía de Amor Sereno y perenne.

Desagraviad Mi Corazón que os busca
constantemente.
Amadme por los que Me ignoran,
Me detestan, sin conocerme.
Orad por todos ellos y confiad en Mí.

Abandonad todo afán en Mi Sagrado Corazón.

4 may. 2011

¡Tú Luz sobre nosotros, Señor, como lo esperamos de Ti!

En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo: «Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna.



Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él.



El que cree en Él, no es juzgado;

pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el Nombre del Hijo único de Dios.

Y el juicio está en que vino la luz al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.

Pues todo el que obra el mal aborrece la luz y no va a la luz, para que no sean censuradas sus obras.



Pero el que obra la verdad, va a la luz, para que quede de manifiesto que sus obras están hechas según Dios».




Evangelio según San Juan, 3, 16-21

2 may. 2011

Dios


Contenerte es el sueño del que te ama.
porque Tú, hermoso Verbo, siempre manas,
y esa fresca Agua Tuya que me lava,
me serena y profundiza en mis estancias.




con la Fuerza que Tú tienes te extiendes
por el mundo en las almas que son santas,
porque llevan en lo hondo Tu Presente,
del Gran Rio son los brazos y afluentes.




La Belleza que Tú eres se hace materia
que deslumbra nuestros ojos admirados,
y el Artista primigenio se revela,
en el añil, el esmeralda y anacarado.

1 may. 2011

Beatificación de Juan Pablo II






HOMILÍA DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI

Plaza de San Pedro
Domingo 1 de mayo de 2011



Queridos hermanos y hermanas.

Hace seis años nos encontrábamos en esta Plaza para celebrar los funerales del Papa Juan Pablo II. El dolor por su pérdida era profundo, pero más grande todavía era el sentido de una inmensa gracia que envolvía a Roma y al mundo entero, gracia que era fruto de toda la vida de mi amado Predecesor y, especialmente, de su testimonio en el sufrimiento. Ya en aquel día percibíamos el perfume de su santidad, y el Pueblo de Dios manifestó de muchas maneras su veneración hacia él. Por eso, he querido que, respetando debidamente la normativa de la Iglesia, la causa de su beatificación procediera con razonable rapidez. Y he aquí que el día esperado ha llegado; ha llegado pronto, porque así lo ha querido el Señor: Juan Pablo II es beato.

Deseo dirigir un cordial saludo a todos los que, en número tan grande, desde todo el mundo, habéis venido a Roma, para esta feliz circunstancia, a los señores cardenales, a los patriarcas de las Iglesias católicas orientales, hermanos en el episcopado y el sacerdocio, delegaciones oficiales, embajadores y autoridades, personas consagradas y fieles laicos, y lo extiendo a todos los que se unen a nosotros a través de la radio y la televisión.

Éste es el segundo domingo de Pascua, que el beato Juan Pablo II dedicó a la Divina Misericordia. Por eso se eligió este día para la celebración de hoy, porque mi Predecesor, gracias a un designio providencial, entregó el espíritu a Dios precisamente en la tarde de la vigilia de esta fiesta. Además, hoy es el primer día del mes de mayo, el mes de María; y es también la memoria de san José obrero. Estos elementos contribuyen a enriquecer nuestra oración, nos ayudan a nosotros que todavía peregrinamos en el tiempo y el espacio. En cambio, qué diferente es la fiesta en el Cielo entre los ángeles y santos. Y, sin embargo, hay un solo Dios, y un Cristo Señor que, como un puente une la tierra y el cielo, y nosotros nos sentimos en este momento más cerca que nunca, como participando de la Liturgia celestial.

«Dichosos los que crean sin haber visto» (Jn 20, 29). En el evangelio de hoy, Jesús pronuncia esta bienaventuranza: la bienaventuranza de la fe. Nos concierne de un modo particular, porque estamos reunidos precisamente para celebrar una beatificación, y más aún porque hoy un Papa ha sido proclamado Beato, un Sucesor de Pedro, llamado a confirmar en la fe a los hermanos. Juan Pablo II es beato por su fe, fuerte y generosa, apostólica. E inmediatamente recordamos otra bienaventuranza: «¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo» (Mt 16, 17). ¿Qué es lo que el Padre celestial reveló a Simón? Que Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios vivo. Por esta fe Simón se convierte en «Pedro», la roca sobre la que Jesús edifica su Iglesia. La bienaventuranza eterna de Juan Pablo II, que la Iglesia tiene el gozo de proclamar hoy, está incluida en estas palabras de Cristo: «Dichoso, tú, Simón» y «Dichosos los que crean sin haber visto». Ésta es la bienaventuranza de la fe, que también Juan Pablo II recibió de Dios Padre, como un don para la edificación de la Iglesia de Cristo.

Pero nuestro pensamiento se dirige a otra bienaventuranza, que en el evangelio precede a todas las demás. Es la de la Virgen María, la Madre del Redentor. A ella, que acababa de concebir a Jesús en su seno, santa Isabel le dice: «Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá» (Lc 1, 45). La bienaventuranza de la fe tiene su modelo en María, y todos nos alegramos de que la beatificación de Juan Pablo II tenga lugar en el primer día del mes mariano, bajo la mirada maternal de Aquella que, con su fe, sostuvo la fe de los Apóstoles, y sostiene continuamente la fe de sus sucesores, especialmente de los que han sido llamados a ocupar la cátedra de Pedro. María no aparece en las narraciones de la resurrección de Cristo, pero su presencia está como oculta en todas partes: ella es la Madre a la que Jesús confió cada uno de los discípulos y toda la comunidad. De modo particular, notamos que la presencia efectiva y materna de María ha sido registrada por san Juan y san Lucas en los contextos que preceden a los del evangelio de hoy y de la primera lectura: en la narración de la muerte de Jesús, donde María aparece al pie de la cruz (cf. Jn 19, 25); y al comienzo de los Hechos de los Apóstoles, que la presentan en medio de los discípulos reunidos en oración en el cenáculo (cf. Hch. 1, 14).

También la segunda lectura de hoy nos habla de la fe, y es precisamente san Pedro quien escribe, lleno de entusiasmo espiritual, indicando a los nuevos bautizados las razones de su esperanza y su alegría. Me complace observar que en este pasaje, al comienzo de su Primera carta, Pedro no se expresa en un modo exhortativo, sino indicativo; escribe, en efecto: «Por ello os alegráis», y añade: «No habéis visto a Jesucristo, y lo amáis; no lo veis, y creéis en él; y os alegráis con un gozo inefable y transfigurado, alcanzando así la meta de vuestra fe: vuestra propia salvación» (1 P 1, 6.8-9). Todo está en indicativo porque hay una nueva realidad, generada por la resurrección de Cristo, una realidad accesible a la fe. «Es el Señor quien lo ha hecho –dice el Salmo (118, 23)- ha sido un milagro patente», patente a los ojos de la fe.

Queridos hermanos y hermanas, hoy resplandece ante nuestros ojos, bajo la plena luz espiritual de Cristo resucitado, la figura amada y venerada de Juan Pablo II. Hoy, su nombre se añade a la multitud de santos y beatos que él proclamó durante sus casi 27 años de pontificado, recordando con fuerza la vocación universal a la medida alta de la vida cristiana, a la santidad, como afirma la Constitución conciliar sobre la Iglesia Lumen gentium. Todos los miembros del Pueblo de Dios –Obispos, sacerdotes, diáconos, fieles laicos, religiosos, religiosas- estamos en camino hacia la patria celestial, donde nos ha precedido la Virgen María, asociada de modo singular y perfecto al misterio de Cristo y de la Iglesia. Karol Wojtyła, primero como Obispo Auxiliar y después como Arzobispo de Cracovia, participó en el Concilio Vaticano II y sabía que dedicar a María el último capítulo del Documento sobre la Iglesia significaba poner a la Madre del Redentor como imagen y modelo de santidad para todos los cristianos y para la Iglesia entera. Esta visión teológica es la que el beato Juan Pablo II descubrió de joven y que después conservó y profundizó durante toda su vida. Una visión que se resume en el icono bíblico de Cristo en la cruz, y a sus pies María, su madre. Un icono que se encuentra en el evangelio de Juan (19, 25-27) y que quedó sintetizado en el escudo episcopal y posteriormente papal de Karol Wojtyła: una cruz de oro, una «eme» abajo, a la derecha, y el lema: «Totus tuus», que corresponde a la célebre expresión de san Luis María Grignion de Monfort, en la que Karol Wojtyła encontró un principio fundamental para su vida: «Totus tuus ego sum et omnia mea tua sunt. Accipio Te in mea omnia. Praebe mihi cor tuum, Maria -Soy todo tuyo y todo cuanto tengo es tuyo. Tú eres mi todo, oh María; préstame tu corazón». (Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen, n. 266).

El nuevo Beato escribió en su testamento: «Cuando, en el día 16 de octubre de 1978, el cónclave de los cardenales escogió a Juan Pablo II, el primado de Polonia, cardenal Stefan Wyszyński, me dijo: “La tarea del nuevo Papa consistirá en introducir a la Iglesia en el tercer milenio”». Y añadía: «Deseo expresar una vez más gratitud al Espíritu Santo por el gran don del Concilio Vaticano II, con respecto al cual, junto con la Iglesia entera, y en especial con todo el Episcopado, me siento en deuda. Estoy convencido de que durante mucho tiempo aún las nuevas generaciones podrán recurrir a las riquezas que este Concilio del siglo XX nos ha regalado. Como obispo que participó en el acontecimiento conciliar desde el primer día hasta el último, deseo confiar este gran patrimonio a todos los que están y estarán llamados a aplicarlo. Por mi parte, doy las gracias al eterno Pastor, que me ha permitido estar al servicio de esta grandísima causa a lo largo de todos los años de mi pontificado». ¿Y cuál es esta «causa»? Es la misma que Juan Pablo II anunció en su primera Misa solemne en la Plaza de San Pedro, con las memorables palabras: «¡No temáis! !Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo!». Aquello que el Papa recién elegido pedía a todos, él mismo lo llevó a cabo en primera persona: abrió a Cristo la sociedad, la cultura, los sistemas políticos y económicos, invirtiendo con la fuerza de un gigante, fuerza que le venía de Dios, una tendencia que podía parecer irreversible. Con su testimonio de fe, de amor y de valor apostólico, acompañado de una gran humanidad, este hijo ejemplar de la Nación polaca ayudó a los cristianos de todo el mundo a no tener miedo de llamarse cristianos, de pertenecer a la Iglesia, de hablar del Evangelio. En una palabra: ayudó a no tener miedo de la verdad, porque la verdad es garantía de libertad. Más en síntesis todavía: nos devolvió la fuerza de creer en Cristo, porque Cristo es Redemptor hominis, Redentor del hombre: el tema de su primera Encíclica e hilo conductor de todas las demás.

Karol Wojtyła subió al Solio de Pedro llevando consigo la profunda reflexión sobre la confrontación entre el marxismo y el cristianismo, centrada en el hombre. Su mensaje fue éste: el hombre es el camino de la Iglesia, y Cristo es el camino del hombre. Con este mensaje, que es la gran herencia del Concilio Vaticano II y de su «timonel», el Siervo de Dios el Papa Pablo VI, Juan Pablo II condujo al Pueblo de Dios a atravesar el umbral del Tercer Milenio, que gracias precisamente a Cristo él pudo llamar «umbral de la esperanza». Sí, él, a través del largo camino de preparación para el Gran Jubileo, dio al Cristianismo una renovada orientación hacia el futuro, el futuro de Dios, trascendente respecto a la historia, pero que incide también en la historia. Aquella carga de esperanza que en cierta manera se le dio al marxismo y a la ideología del progreso, él la reivindicó legítimamente para el Cristianismo, restituyéndole la fisonomía auténtica de la esperanza, de vivir en la historia con un espíritu de «adviento», con una existencia personal y comunitaria orientada a Cristo, plenitud del hombre y cumplimiento de su anhelo de justicia y de paz.

Quisiera finalmente dar gracias también a Dios por la experiencia personal que me concedió, de colaborar durante mucho tiempo con el beato Papa Juan Pablo II. Ya antes había tenido ocasión de conocerlo y de estimarlo, pero desde 1982, cuando me llamó a Roma como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, durante 23 años pude estar cerca de él y venerar cada vez más su persona. Su profundidad espiritual y la riqueza de sus intuiciones sostenían mi servicio. El ejemplo de su oración siempre me ha impresionado y edificado: él se sumergía en el encuentro con Dios, aun en medio de las múltiples ocupaciones de su ministerio. Y después, su testimonio en el sufrimiento: el Señor lo fue despojando lentamente de todo, sin embargo él permanecía siempre como una «roca», como Cristo quería. Su profunda humildad, arraigada en la íntima unión con Cristo, le permitió seguir guiando a la Iglesia y dar al mundo un mensaje aún más elocuente, precisamente cuando sus fuerzas físicas iban disminuyendo. Así, él realizó de modo extraordinario la vocación de cada sacerdote y obispo: ser uno con aquel Jesús al que cotidianamente recibe y ofrece en la Iglesia.

¡Dichoso tú, amado Papa Juan Pablo, porque has creído! Te rogamos que continúes sosteniendo desde el Cielo la fe del Pueblo de Dios. Desde el Palacio nos has bendecido muchas veces en esta Plaza. Hoy te rogamos: Santo Padre: bendícenos. Amén