27 abr. 2011

La Resurrección como acontecimiento transcendente

 "¡Qué noche tan dichosa —canta el Exultet de Pascua—, sólo ella conoció el momento en que Cristo resucitó de entre los muertos!". En efecto, nadie fue testigo ocular del acontecimiento mismo de la Resurrección y ningún evangelista lo describe. Nadie puede decir cómo sucedió físicamente. Menos aún, su esencia más íntima, el paso a otra vida, fue perceptible a los sentidos. Acontecimiento histórico demostrable por la señal del sepulcro vacío y por la realidad de los encuentros de los Apóstoles con Cristo resucitado, no por ello la Resurrección pertenece menos al centro del Misterio de la fe en aquello que transciende y sobrepasa a la historia. Por eso, Cristo resucitado no se manifiesta al mundo (cf. Jn 14, 22) sino a sus discípulos, "a los que habían subido con él desde Galilea a Jerusalén y que ahora son testigos suyos ante el pueblo" (Hch 13, 31).

La Resurrección obra de la Santísima Trinidad

La Resurrección de Cristo es objeto de fe en cuanto es una intervención transcendente de Dios mismo en la creación y en la historia. En ella, las tres Personas divinas actúan juntas a la vez y manifiestan su propia originalidad. Se realiza por el poder del Padre que "ha resucitado" (Hch 2, 24) a Cristo, su Hijo, y de este modo ha introducido de manera perfecta su humanidad —con su cuerpo— en la Trinidad. Jesús se revela definitivamente "Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por su resurrección de entre los muertos" (Rm 1, 3-4). San Pablo insiste en la manifestación del poder de Dios (cf. Rm 6, 4; 2 Co 13, 4; Flp 3, 10; Ef 1, 19-22; Hb 7, 16) por la acción del Espíritu que ha vivificado la humanidad muerta de Jesús y la ha llamado al estado glorioso de Señor.

En cuanto al Hijo, él realiza su propia Resurrección en virtud de su poder divino. Jesús anuncia que el Hijo del hombre deberá sufrir mucho, morir y luego resucitar (sentido activo del término) (cf. Mc 8, 31; 9, 9-31; 10, 34). Por otra parte, él afirma explícitamente: "Doy mi vida, para recobrarla de nuevo ... Tengo poder para darla y poder para recobrarla de nuevo" (Jn 10, 17-18). "Creemos que Jesús murió y resucitó" (1 Ts 4, 14).

Los Padres contemplan la Resurrección a partir de la persona divina de Cristo que permaneció unida a su alma y a su cuerpo separados entre sí por la muerte: "Por la unidad de la naturaleza divina que permanece presente en cada una de las dos partes del hombre, las que antes estaban separadas y segregadas, éstas se unen de nuevo. Así la muerte se produce por la separación del compuesto humano, y la Resurrección por la unión de las dos partes separadas" (San Gregorio de Nisa, De tridui inter mortem et resurrectionem Domini nostri Iesu Christi spatio; cf. también DS 325; 359; 369; 539).

(Catecismo de la iglesia católica)

5 comentarios:

gosspi dijo...

Porque Gracias a la Resurreccion de Jesus podemos sufrir gozosamente....se puede esperar mayor privilegio?....Muy buena la entrada.

Fernanda dijo...

Qué fácilmente se acepta el fracaso, el sufrimiento y la derrota de la muerte, y que precisamente algo maravilloso como el éxito de un ser que trasciende la muerte tenga que ser un acto de fe...No sé, no me casa...

A lo mejor discuten de eso los tres del cuadro, de los actos de fe.

Bezoozozos!!

Felicitas dijo...

Eso, querida Gosspi, hay una gran mayoría que no logra entender e incluso te lo pueden interpretar mal. Pero así es, sufrimos con Cristo, porque sabemos que luego gozaremos para siempre con Él, y porque le amamos.
Gracias por tus palabras de Luz.
Un abrazo.


Un acto de fe es algo bueno, Ferdy, aunque creo que entiendo lo que dices. Sería deseable que no nos costara tanto creer en el Bien, en la Victoria de Jesús sobre la muerte y el pecado. Tendremos que pedirlo y la Gracia no se niega a nadie, por el infinito Amor de Dios.
Pues sí, discutían entre ellos sobre la fe y la falta de fe, el amor y la falta de amor, la inteligencia de los planes de Dios y la dificultad que tiene el hombre para comprender, las más de las veces.

Bezozozozos, linda!!

Quovadis dijo...

Jesucrito resucitó en Jerusalem, hecho maravilloso. Pero si Jesucristo no resucita en nuestro corazón, verdaderamente, se queda en bella anécdota.
Un abrazo.

Felicitas dijo...

¡Jesús Vive ya para siempre y nosotros hemos creído en Él!
Su Santo Espíritu nos preserve de perder el inestimable Don de la Fe y nos conduzca hacia Su Propia Santidad y Amor.
¡Aleluya!
Un abrazo, Quovadis.