20 abr. 2011

La práctica de la confesión


Hermoso Sacramento en el que somos renovados en Gracia, percibiendo nuevas fuerzas y capacidades para vencerse en las grandes y pequeñas batallas diarias contra el propio egoísmo, las faltas de amor al prójimo o las negligencias para con el Dios del Amor.


Conviene frecuentarlo, porque es acto en el que humillándonos, sometemos la soberbia e iluminados vemos más claramente el Camino a seguir, ese que conduce a la Vida Eterna.



Uno repasa la vida vivida, ve los fallos cometidos, las variadas faltas contra el Amor Divino, los pecados graves que aniquilaron una amistad de cariz eterno y lamentando el Bien perdido, vuelves al Padre de los Amores a decirle:

" Padre, he pecado contra el cielo y contra Ti. Ya no merezco ser llamado tu hijo, pero aún confío en tu Amor Misericordioso y aquí estoy para hacer tu Voluntad de hoy en adelante.
Dame tu Gracia, tu Fuerza, dame parte en tu Omnipotencia para que así, apoyado en Ti y en los méritos de tu Santo Hijo, pueda andar, sin desviarme, por el Camino de la Luz. Amén."

Y Dios, que es Amor, te perdona, te renueva, te fortalece y te confrma Su Amor Omnipotente para que de ahora en adelante no peques más. Apoýémonos confiadamente en Él.
Si practicamos la santa confesión, lo tendremos mucho más fácil.


2 comentarios:

NIP dijo...

¡Qué gran invento el confesonario! Poder escuchar el perdón de los delitos ya en este mundo. ¡Qué tranquilidad más grande saberse perdonado y qué oportunidad para aprender a perdonar!Muchos creo que no saben perdonar por no practicar la confesión sacramental. Un abrazo.

Felicitas dijo...

A quienes perdonéis los pecados, les serán perdonados y a quienes se los retengáis, les quedarán retenidos.

Más claro , el agua.
Y aún y así ha caído en desuso este Sacramento tan importante para la vitalidad de la Iglesia.

" yo me confieso con Dios " , nos dicen muchos que no se dan cuenta que nunca tendrán la certeza de haber sido perdonados y el gozo interior que de ello surge.

Es cierto, sólo cuando me sé perdonado por Dios, lo experimento en este Sacramento tan gráfico y vital, puedo comprender la necesidad que tengo de perdonar las ofensas recibidas.
¡ Tener la seguridad de que hemos sido perdonados ! Y no por creernos superiores sino porque Su Palabra se cumple siempre.

Quizás fuera conveniente, volver a pregonar las inmensas bonanzas de este SAcramento.
Un abrazo, amigo.
:O)