7 feb. 2011

El Evangelio de hoy

En aquel tiempo, cuando Jesús y sus discípulos hubieron terminado la travesía, llegaron a tierra en Genesaret y atracaron. Apenas desembarcaron, le reconocieron en seguida, recorrieron toda aquella región y comenzaron a traer a los enfermos en camillas adonde oían que Él estaba. Y dondequiera que entraba, en pueblos, ciudades o aldeas, colocaban a los enfermos en las plazas y le pedían que les dejara tocar la orla de su manto; y cuantos la tocaron quedaban salvados.

(Evangelio según San Marcos 6,53-56)




¡Cuánta fe en Ti, Señor, tenían aquellas gentes!

Si las comparamos con el tipo normal de ciudadano de hoy en dia, aparecen como seres humanos extraños, diametralmente opuestos a lo que los medios nos han enseñado que es normal.

¿Y qué es lo normal según Dios?

Pues yo creo que estamos inmersos en una pseudo-cultura en la que positivamente se ha trabajado en contra de la fe en Jesucristo. Pero no ahora, sino desde hace siglos... Creo que obedece a un plan bien trazado de descristianización de las sociedades occidentales y hay que reconocer que las cabezas pensantes de este proyecto han obtenido bastante éxito práctico, aunque...

se les escapan los imponderables de la vida. Gracias a Dios, siempre ocurren cosas que nisiquiera las dictaduras ideológicas logran acallar.
Mirad, sino, Rusia o la antigua Unión Soviética: tantos decenios de programación mental del pueblo, para que dejaran la fe en Jesucristo de lado y se convirtieran en seres humanos " civilizados ", sin Dios, por supuesto, orientados del todo hacia la ciencia y la cosmovisión marxista, y primero, fracasan como sistema político e ideológico y luego, resulta que el pueblo ruso sigue creyendo en Jesucristo.

Se les escapa. No pueden crear esa sociedad del todo aséptica que habían ideado. Y ahora andan cabreados...( perdón por la expresión, pero resulta gráfica ).

Yo creo que, aunque realmente hay mucho por evangelizar, o mejor dicho, re-evangelizar en nuestra denostada Europa, con la Gracia de Dios ( que nunca falla ), bien unidos a la Iglesia de Cristo y entre nosotros, procurando que reine el cariño y la benevolencia, podremos ser buenos instrumentos en Manos del Espíritu Santo para lograr esa civilización del Amor de la que tanto nos habló nuestro amado Juan Pablo II. Así que mucho ánimo. Mucha unión y amor a Jesús y a su Iglesia así como a todos los pecadores, porque por todos dio Su Vida el Señor.


4 comentarios:

Claudio dijo...

Una canción del artista evangélico Marcos Witt dice: Enciende una luz, dejala brillar, la luz de Jesús, que brille en cada lugar. No la puedes esconder, no te puedes callar, ante tal necesidad, enciende una luz en la obscuridad.
De eso se trata Felicitas, trabajar para el Señor desde donde nos toque o desde donde podamos.
Me gustó la reflexión.
Un beso

Felicitas dijo...

Si te soy sincera, yo prefiero que la Luz la encienda Jesús en mí y conmigo, pero que la iniciativa la tome Él, y así estoy segura que será para bien de todos.
Gracias por tu punto de vista, hermano, siempre enriquecedor.
Un beso.
:)

NIP dijo...

Hola doña felicitas, eso de lo "normal" para Dios tiene mucha miga.Un abrazo.

Felicitas dijo...

Sí es cierto, Nip, lo normal para Dios debe ser lo más extraordinario para nosotros, pero como se empeña en dárnoslo, pues, nos dejaremos hacer, ¿no?
Un abrazo, amigo.
;O)