20 ene. 2011

Salmo 133


¡Qué bueno y agradable

es que los hermanos vivan unidos!

Es como el óleo perfumado sobre la cabeza,

que desciende por la barba

–la barba de Aarón–

hasta el borde de sus vestiduras.

Es como el rocío del Hermón

que cae sobre las montañas de Sión.

Allí el Señor da su Bendición :

¡la Vida para siempre!


Es el gozo interno que se recibe al percibir que un mismo Espíritu anima a los hermanos en la Fe.
Produciendo en cada uno sus Frutos de Vida y Sabiduría, los cuales se comparten por la Caridad.
Pues todo lo que mi hermano ha aprendido en su vida de unión y Amor a Dios, por la comunión de los santos y por el Poder de la Palabra proclamada y predicada, me llega, visitando mi corazón y concediéndole parte en el tesoro espiritual acaudalado por el otro.
Como una unción que cubriera la cabeza con dulzura, el toque del Espíritu conforta, une, alegra y construye Vida Eterna en nuestro interior.
¡Gloria a Ti, Señor de señores!

2 comentarios:

Claudio dijo...

Suyo es el Reino, el Poder y la Gloria por siempre!

Felicitas dijo...

y tanto que sí, querido Claudio, y tanto! y por siempre! Nuestro amado Jesús... ¡Qué gozo!
Besito.