10 dic. 2010

La Sabiduría se acredita por sus obras

Texto del Evangelio (Mt 11,16-19):

En aquel tiempo dijo Jesús a la gente: «¿Pero, con quién compararé a esta generación?

Se parece a los chiquillos que, sentados en las plazas, se gritan unos a otros diciendo:

‘¡Os hemos tocado la flauta, y no habéis bailado, os hemos entonado canciones tristes, y no os habéis lamentado!’.

Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: ‘Tiene un demonio’.

Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen:

‘Ahí tenéis a un comilón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores’.

Pero la Sabiduría se acredita por sus obras».


Qué fácil resulta darle la culpa de nuestros errores y malas obras a los demás... No hay deporte más practicado que este. Cuando la conciencia comienza a darme ese toque que ya conocemos : ¿ No deberías...?  ¿Qué tal si ...?  Rápidamente encontramos 23 razones por las cuales no cumplir con eso que osa sugerirnos la vocecita interior, y casi siempre mi fallo, mi falta de respuesta, mi pecado queda muy mermado ante mis ojos soberbios por las circunstancias, es decir, y hablando en plata, por la culpa de los demás. ¡Esa sí que me queda bien patente! ¡Caramba, con qué agudeza reconozco hasta los movimientos interiores de la pereza, la ira, la lujuria en mi prójimo! ¡Se diría que tengo ojos de rayos X para distinguirlo! Y sin embargo, cuando se trata del mio...


¡Corazón manso y humilde de Jesús, haz mi corazón semejante al Tuyo!
¡Santa María, sierva del Señor y Señora junto a Él, dame un poco de tu Verdad y humildad!

3 comentarios:

Theo dijo...

Hola. Me vi reflejado en esa facilidad. ¡Jesús múdame en ti!Gracias.

Caminar dijo...

Deseo de verdad que El haga mi corazón como el suyo...

Felicitas dijo...

¡A mí también!
Un saludo, Theo.

Yo también lo deseo,querida Caminar.
Un abrazo.