17 sept. 2010

Buen conformar y abandono en Dios





¿A qué apenarse tanto por las pequeñas cosas?

Guardemos el pesar para lo irreversible.

Si se olvidan los besos y marchitan las rosas,

soportemos la vida, con ánimo apacible.



Vistámonos con alas de etéreas mariposas,

soñemos en lo alto la cumbre inaccesible,

que dejando detrás ideas enojosas

la vida cotidiana será más accesible.



Aceptemos un mundo que sea conciliable;

un solo hecho cuenta carácter trascendente:

el hecho de no ser, un día, de repente,

y de decir adiós a todo lo mutable,

viviendo en armonía, tratando que no estorbe

nada de lo minúsculo, ante el girar del orbe.



Marilina Rébora



4 comentarios:

Theo dijo...

Hola. Vivimos muchos ratos alegres, pero hay también segundos malos, los suficientes para esperar el gran día, un canto para no hacer montaña de lo chiquito. Gracias.

Felicitas dijo...

Cierto, Theo.
Cada alma que se cierra a la Gracia de Jesús causa un dolor profundo a ese Corazón Sagrado que llegó a sudar gruesas gotas de Su Divina Sangre en el huerto de los olivos.
Oremos unos por los otros.
Gracias a ti.
Un beso.
;O)

Caminar dijo...

Hola Felicitas. Ya se sabe, la vida es eso.
Procuremos "ayudar" a Jesús.
Un abrazo

Felicitas dijo...

Hola, Caminar, procuremos ayudar a Jesús, cierto. Seguro que Él nos ayuda muy bien a "ayudarlo" , pero así son los buenos padres, ¿verdad?
Un abrazo.
;O)