10 jul. 2010

Salmo 50

¡Ten piedad de mí, Señor, por tu bondad, por tu gran compasión, borra mis faltas!

¡Lávame totalmente de mi culpa y purifícame de mi pecado!

Porque yo reconozco mis faltas y mi pecado está siempre ante mí.

Contra ti, contra ti solo pequé e hice lo que es malo a tus ojos.

Por eso, será justa tu sentencia y tu juicio será irreprochable;

yo soy culpable desde que nací; pecador me concibió mi madre.

Tú amas la sinceridad del corazón y me enseñas la sabiduría en mi interior.

Purifícame con el hisopo y quedaré limpio; lávame, y quedaré más blanco que la nieve.

Anúnciame el gozo y la alegría: que se alegren los huesos quebrantados.

Aparta tu vista de mis pecados y borra todas mis culpas.

Crea en mí, Dios mío, un corazón puro, y renueva la firmeza de mi espíritu.

No me arrojes lejos de tu presencia ni retires de mí tu santo espíritu.

Devuélveme la alegría de tu salvación, que tu espíritu generoso me sostenga:

yo enseñaré tu camino a los impíos y los pecadores volverán a ti.

¡Líbrame de la muerte, Dios, salvador mío, y mi lengua anunciará tu justicia!

Abre mis labios, Señor, y mi boca proclamará tu alabanza.

Los sacrificios no te satisfacen; si ofrezco un holocausto, no lo aceptas:

mi sacrificio es un espíritu contrito, tú no desprecias el corazón contrito y humillado.

Trata bien a Sión, Señor, por tu bondad; reconstruye los muros de Jerusalén.

Entonces aceptarás los sacrificios rituales –las oblaciones y los holocaustos–

y se ofrecerán novillos en tu altar.


 


Hemos escuchado el Miserere, una de las oraciones más célebres del Salterio, el más intenso y repetido salmo penitencial, el canto del pecado y del perdón, la más profunda meditación sobre la culpa y la gracia. La Liturgia de las Horas nos lo hace repetir en las Laudes de cada viernes. Desde hace muchos siglos sube al cielo desde innumerables corazones de fieles judíos y cristianos como un suspiro de arrepentimiento y de esperanza dirigido a Dios misericordioso.

La tradición judía puso este salmo en labios de David, impulsado a la penitencia por las severas palabras del profeta Natán (cf. Sal 50, 1-2; 2 S 11-12), que le reprochaba el adulterio cometido con Betsabé y el asesinato de su marido, Urías. Sin embargo, el Salmo se enriquece en los siglos sucesivos con la oración de otros muchos pecadores, que recuperan los temas del "corazón nuevo" y del "Espíritu" de Dios infundido en el hombre redimido, según la enseñanza de los profetas Jeremías y Ezequiel (cf. Sal 50, 12; Jr 31, 31-34; Ez 11, 19; 36, 24-28).

2. 2. Son dos los horizontes que traza el salmo 50. Está, ante todo, la región tenebrosa del pecado (cf. vv. 3-11), en donde está situado el hombre desde el inicio de su existencia: "Mira, en la culpa nací, pecador me concibió mi madre" (v. 7). Aunque esta declaración no se puede tomar como una formulación explícita de la doctrina del pecado original tal como ha sido delineada por la teología cristiana, no cabe duda de que corresponde bien a ella, pues expresa la dimensión profunda de la debilidad moral innata del hombre. El Salmo, en esta primera parte, aparece como un análisis del pecado, realizado ante Dios. Son tres los términos hebreos utilizados para definir esta triste realidad, que proviene de la libertad humana mal empleada.

3. El primer vocablo, hattá, significa literalmente "no dar en el blanco": el pecado es una aberración que nos lleva lejos de Dios -meta fundamental de nuestras relaciones- y, por consiguiente, también del prójimo.

El segundo término hebreo es 'awôn, que remite a la imagen de "torcer", "doblar". Por tanto, el pecado es una desviación tortuosa del camino recto. Es la inversión, la distorsión, la deformación del bien y del mal, en el sentido que le da Isaías: "¡Ay de los que llaman al mal bien, y al bien mal; que dan oscuridad por luz y luz por oscuridad!" (Is 5, 20). Precisamente por este motivo, en la Biblia la conversión se indica como un "regreso" (en hebreo shûb) al camino recto, llevando a cabo un cambio de rumbo.

La tercera palabra con que el salmista habla del pecado es peshá. Expresa la rebelión del súbdito con respecto al soberano, y por tanto un claro reto dirigido a Dios y a su proyecto para la historia humana.

4. Sin embargo, si el hombre confiesa su pecado, la justicia salvífica de Dios está dispuesta a purificarlo radicalmente. Así se pasa a la segunda región espiritual del Salmo, es decir, la región luminosa de la gracia (cf. vv. 12-19). En efecto, a través de la confesión de las culpas se le abre al orante el horizonte de luz en el que Dios se mueve. El Señor no actúa sólo negativamente, eliminando el pecado, sino que vuelve a crear la humanidad pecadora a través de su Espíritu vivificante: infunde en el hombre un "corazón" nuevo y puro, es decir, una conciencia renovada, y le abre la posibilidad de una fe límpida y de un culto agradable a Dios.

Orígenes habla, al respecto, de una terapia divina, que el Señor realiza a través de su palabra y mediante la obra de curación de Cristo: "Como para el cuerpo Dios preparó los remedios de las hierbas terapéuticas sabiamente mezcladas, así también para el alma preparó medicinas con las palabras que infundió, esparciéndolas en las divinas Escrituras. (...) Dios dio también otra actividad médica, cuyo Médico principal es el Salvador, el cual dice de sí mismo: "No son los sanos los que tienen necesidadde médico, sino los enfermos". Él era el médico por excelencia, capaz de curar cualquier debilidad, cualquier enfermedad" (Homilías sobre los Salmos, Florencia 1991, pp. 247-249).

2. 5. La riqueza del salmo 50 merecería una exégesis esmerada de todas sus partes. Es lo que haremos cuando volverá a aparecer en los diversos viernes de las Laudes. La mirada de conjunto, que ahora hemos dirigido a esta gran súplica bíblica, nos revela ya algunos componentes fundamentales de una espiritualidad que debe reflejarse en la existencia diaria de los fieles. Ante todo está un vivísimo sentido del pecado, percibido como una opción libre, marcada negativamente a nivel moral y teologal: "Contra ti, contra ti solo pequé, cometí la maldad que aborreces" (v. 6).

Luego se aprecia en el Salmo un sentido igualmente vivo de la posibilidad de conversión: el pecador, sinceramente arrepentido (cf. v. 5), se presenta en toda su miseria y desnudez ante Dios, suplicándole que no lo aparte de su presencia (cf. v. 13).

Por último, en el Miserere, encontramos una arraigada convicción del perdón divino que "borra, lava y limpia" al pecador (cf. vv. 3-4) y llega incluso a transformarlo en una nueva criatura que tiene espíritu, lengua, labios y corazón transfigurados (cf. vv. 14-19). "Aunque nuestros pecados -afirmaba santa Faustina Kowalska- fueran negros como la noche, la misericordia divina es más fuerte que nuestra miseria. Hace falta una sola cosa: que el pecador entorne al menos un poco la puerta de su corazón... El resto lo hará Dios. Todo comienza en tu misericordia y en tu misericordia acaba". (M. Winowska, El icono del Amor misericordioso. El mensaje de sor Faustina, Roma 1981, p. 271).

L'Osservatore Romano - 26 de octubre de 2001, Juan Pablo II

6 comentarios:

Fernanda dijo...

Hola , has publicado en hora mágica, las 1: 11 .

Que nada que es muy interesante, te sugiero que para los que nos da pereza ir a mirarlo, y eso que no te creas que me pilla muy lejos, que la tengo la biblia aquí en frente en el escritorio, pon el SAlmo, y así vamos comparando.

Beozozoozzs!

Fernanda dijo...

Y ya cuando esté `puesto me lo leo entero, que me encanta la interpretación exegética, para compararla con la mía, que es la interpretación corazonada.

Más bezoozos!!

Fernanda dijo...

Sí, puede que sea muy conocido , pero no todos sabemos tanto.

Felicitas dijo...

¿hora mágica? Pourquoi, mon cheri?
Además fue a las 11.01 y no a la 1.11. Bueno, ya me lo desvelarás, si quieres....
Ya lo puse, preciosa. Tienes razón, así se puede ir comparando.
Un buen amigo me recomendó leerlo pausadamente y así lo hice y luego encontré está interpretación de Juan Pablo II y me gustó de modo que la puse.
BEzozozozoss. Esta noche me acordaré de ti.

;O)

Fernanda dijo...

¡Chicaaaas, tengooo una sorpresa! , tengo historia para el FErnanditaaaa, saldrá pronto, como siempre va de amor y miedo.



Se títula "la Gabardina".

Felicitas dijo...

¡Quítatela, mujer, que te vas a asar!... Esperamos impacientes la nueva entrega de:

La Gabardina
por
María Fernanda Manzoni
;O)