17 jul. 2010

Profeta Isaías 42, 1-4. 6-7

Así dice el Señor:

«Mirad a mi Siervo, a quien sostengo; mi Elegido, a quien prefiero.
Sobre Él he puesto mi Espíritu, para que traiga el derecho a las naciones.
No gritará, no clamará, no voceará por las calles.
La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará.





Promoverá fielmente el derecho, no vacilará ni se quebrará, hasta implantar
el derecho en la tierra, y sus leyes las esperan las islas.
Yo, el Señor, te he llamado con justicia, te he cogido de la mano, te he formado,
y te te hecho Alianza del pueblo, Luz de las naciones.
Para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión,
y de la mazmorra a los que habitan las tinieblas.»





Oh, Dios, tu Espíritu es un espíritu de amor, de compasión, de fuerza y valentía, justicia y paz.
¡Danos, Padre Bueno, ese tu Espíritu Santo para que nos habite y conforme nuestro corazón
según el Divino Corazón de Jesús, lento a la cólera y pronto al Amor de Misericordia!

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