15 jul. 2010

Evangelio (Mt 11,28-30)



En aquel tiempo, Jesús dijo: «Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera».


Descansamos en Ti, Señor Jesús, porque Tú siempre estás dispuesto a acogernos, vengamos limpios o sucios ante Tu Santísima Presencia. Si andamos limpios a tus ojos, para que más aún nos llenes de tu Santo Espíritu y si venimos sucios, para que nos sanes y nos limpies en el baño regenerador de una honda y sincera confesión liberadora y una profunda comunión con Tu Cuerpo, Tu Sangre, Tu Alma y Tu Divinidad en la Santa Eucaristía.
¡Gracias, Señor, por dejarnos estos Signos maravillosos de tu Amor! ¡Gracias, Señor, por tus santos sacerdotes que, entregados en alma y cuerpo a Dios en Ti, procuran darnos tan celestiales Remedios a nuestra fragilidad y pecado!
¡Guárdalos a todos bajo tus Santas Alas y en estos tiempos recios procúrales una coraza divina que los mantenga en el Santo Equilibrio del Amor y el Temor, el servicio y la soledad, el compartir, repartir, el impartir y también el saber partir hacia la propia celda interior, cuando haya entrado demasiado mundo en el alma. Veni Creator Spiritus!

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