9 jul. 2010

Contra la Ira, la Paciencia

El hombre iracundo vive en el desorden y descontrol interiores, sumido en un odio que lo amarga.

Este estado se puede manifestar como una vehemente negación de la Verdad, tanto hacia los demás como hacia uno mismo, incluyendo la impaciencia en los procedimientos y el deseo de venganza, tomándose la más de las veces la justicia por sus propias manos. También se manifiesta como fanatismo en convicciones políticas o vitales y generalmente conlleva el deseo de hacer daño a los que no piensan como uno.

La intolerancia también queda incorporada a este tipo de comportamiento por razones de raza, religion, conduciendo al individuo a ser discriminatorio para con los demás. De la pasión de la ira se derivan todo tipo de agresiones, en mayor o menor grado, quedando incluídas aquellas que se disimulan con artificio dialéctico y modal, formas expresivas aparentemente pacíficas, que conllevan una gran carga de amargura y animadversión solapadas. Todo ello son manifestaciones de la ira anidada en el corazón del hombre.
El resentimiento es una pasión poderosa que puede esclavizar a las personas durante largo tiempo de sus vidas.


¿Y cómo tener paciencia? Practicándola y procurando amar al prójimo, como Leitmotiv de la propia vida y pidiendo la Gracia de lo Alto.

2 comentarios:

Theo dijo...

Hola. Son preciosas como rubíes, juntas son más bellas todavía. Muchas, muchas gracias hemana Felicitas.


¿sabes? las flores que no tienen nombre en la punta de la lengua, y que nadie suele fijarse, son las que me gustan +

Felicitas dijo...

Lo intuía, querido Theo, por eso te puse flores pequeñas, porque al que ha padecido mucho, el Señor le ha hecho palpar en propia carne la inutilidad de los criterios de este mundo, superficiales y aparentes, y lo lleva a querer ser pequeña flor que emite su aroma y fragancias tan sólo hacia Dios, que es Aquel que lo ama desde toda la Eternidad.
Un beso, Theo.
;O)