30 jul. 2010

A ti acudimos, oh María,


los pequeños


 y los grandes



porque tú eres Esperanza


en la tormenta



y en la bonanza.

28 jul. 2010

Tesoro escondido

En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente: «El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo que, al encontrarlo un hombre, vuelve a esconderlo y, por la alegría que le da, va, vende todo lo que tiene y compra el campo aquel.

»También es semejante el Reino de los Cielos a un mercader que anda buscando perlas finas, y que, al encontrar una perla de gran valor, va, vende todo lo que tiene y la compra».

Evangelio de San Mateo 13,44-46

25 jul. 2010

¡Santiago, intercede por España!



Hoy venimos a depositar a tus pies, venerado hermano,
nuestras esperanzas de recuperación espiritual 
para esta tierra de María,
que hoy gime bajo el peso de sus propios pecados y errores.

¡Amado Apóstol de Jesucristo!
Renueva en todos nosotros la Fe en Jesucristo que con gran sacrificio viniste a comunicarnos
y que ahora se ve negada, rechazada, menospreciada y combatida desde tantos ámbitos
de nuestra sociedad española actual...

¡Intercede, hermano y padre!, para que pronto puedan verse hechas realidad aquellas hermosas palabras
dirigidas al joven y ya Beato Padre Hoyos:

" Reinaré en España con más devoción que en muchos otros lugares."

¡Intercede, Hermano, para que la próxima visita del sucesor de San Pedro, nuestro querido Benedicto XVI,
sea un auténtico aldabonazo de Gracia en los corazones de todos los habitantes de esta tierra!
y podamos y querramos, al fin, con nuestra gran Teresa decir:

¡Nada te turbe,
nada te espante
todo se pasa,

Dios no se muda,
la paciencia todo lo alcanza,

quien a Dios tiene
nada le falta
sólo Dios basta!

24 jul. 2010

¿Ambicionar los primeros lugares?

«Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen.
No será así entre vosotros:
el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor,


y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo.

Igual que el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan,
sino para servir y dar su vida en rescate por muchos.»

Evangelio de San Mateo, 20, 27-28

23 jul. 2010

Puntos de unidad con nuestros hermanos pentecostales



La personalidad del Espíritu Santo es uno de los aspectos más descuidados.
Aún creyentes responsables se refieren al Espíritu Santo como "eso" o como "algo" en vez de considerarlo como ÉL, y en muchos casos no existe el concepto de la posibilidad de una relación personal entre el Espíritu y el creyente. Él debe ser distinguido de una mera influencia, emanación o manifestación.

Es de suma importancia que nosotros nos hagamos conscientes de que el Espíritu Santo no es solamente algo misterioso y un poder maravilloso que nosotros en nuestra debilidad e ignorancia podamos de alguna manera alcanzar y usar, sino más bien que el Espíritu Santo es una Persona Divina, infinitamente sabia, infinitamente santa, e infinitamente tierna, QUIEN va a habitarnos por el Amor y ser nuestro Maestro Interior.

En el desarrollo de la historia, la Iglesia declaró como herejía las enseñanzas de los Arrianos, Sabelianos y Socinios, quienes o bien rechazaron o ignoraron la personalidad del Espíritu Santo.

Cada uno de estos grupos trató de hacerse a la idea que el Espíritu Santo es meramente la energía que eternamente procede de Dios.

Esta posición ha caracterizado al movimiento Unitario moderno.

"Personalidad" no es el cuerpo físico compuesto de ojos, manos, pies, oídos, etc. La verdadera "persona" es el espíritu dentro del cuerpo. El Espíritu Santo es una Persona Divina; pero Él es un Espíritu que no posee un cuerpo físico. No es necesario que el Espíritu Santo tenga un cuerpo físico como nosotros para ser una Persona. Los elementos esenciales de la personalidad son cuatro:

a.Intelecto – Poder de pensamiento. 1ª Corintios 2.10-13; Juan 14.26.

b.Sensibilidad – Poder de sentir las cosas. Romanos 15.30.

c.Voluntad – Poder de hacer a nuestro deseo. 1ª Corintios12.11.

d.Conciencia moral – Conocer el bien y el mal. Juan 16.9; Juan 16.13.

21 jul. 2010

A una tórtola


Tórtola, que misteriosa
querella de amores cantas,
dolorida,
azorada, temblorosa,
como la lluvia en las plantas
conmovida;

Que levantas arrullando
de tu seno palpitante
la alba pluma,
como el agua murmurando
en las olas, vacilante
leve espuma:

Tórtola tímida y bella,
melancólica vecina
de los valles,
nunca tu blanda querella,
tu cántiga peregrina,
muda acalles:
                                                                                              
Lleva a el aura ese ruido
que en las soledades mueven
tus acentos:
los ecos de tu gemido
siempre amorosos se eleven
a los vientos.

Canta, canta dulcemente
con la tierna compañera
tus amores:
verás tu arrullo inocente
dar más vida a la pradera
y alas flores.

¿Mas por qué si regalado
tu murmurio en mis oídos
desfallece,
el pecho mío turbado,
a tus lánguidos gemidos
se estremece?

¿Será que yo también como tú siento
esa ternura que tu seno oprime,
y el dulce sentimiento
que de inefable amor tu acento exprime?
Con nuevo fuego el corazón se anima,
al escuchar tu canto apasionado;

¿será que también gima
en amoroso lazo aprisionado?
Es tu tristeza la tristeza mía;
con tono igual nuestro cantar alzamos;
si nunca en la armonía,
tórtola, en el gemir nos igualamos.

Pues si en gemir son iguales,
nuestras voces uniremos
retiradas,
como de dos manantiales
unirse las aguas vemos
separadas.

Mis suspiros lastimados,
tus arrullos gemidores
mezclaremos,
tú-sentidos, yo-soñados,
entrambas canto de amores
murmuremos.

Carolina Coronado


20 jul. 2010

Habla, Señor, que tu siervo te escucha


Creación


Soledad



Invitación



Aproximación



Inmersión

19 jul. 2010

Un día vi una cascada preciosa

 y luego me bañé en el lago.
Y abriendo los ojos, descubrí un mundo de silencio y color


¿Quién me hubiera dicho que en profundizar descubriría nueva vida?...

18 jul. 2010

El Evangelio de hoy



En aquel tiempo, Jesús entró en un pueblo; y una mujer, llamada Marta, le recibió en su casa. Tenía ella una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra, mientras Marta estaba atareada en muchos quehaceres.

Acercándose, pues, dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile, pues, que me ayude». Le respondió el Señor: «Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la parte mejor, que no le será quitada».

(Lc 10,38-42)

17 jul. 2010

Profeta Isaías 42, 1-4. 6-7

Así dice el Señor:

«Mirad a mi Siervo, a quien sostengo; mi Elegido, a quien prefiero.
Sobre Él he puesto mi Espíritu, para que traiga el derecho a las naciones.
No gritará, no clamará, no voceará por las calles.
La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará.





Promoverá fielmente el derecho, no vacilará ni se quebrará, hasta implantar
el derecho en la tierra, y sus leyes las esperan las islas.
Yo, el Señor, te he llamado con justicia, te he cogido de la mano, te he formado,
y te te hecho Alianza del pueblo, Luz de las naciones.
Para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión,
y de la mazmorra a los que habitan las tinieblas.»





Oh, Dios, tu Espíritu es un espíritu de amor, de compasión, de fuerza y valentía, justicia y paz.
¡Danos, Padre Bueno, ese tu Espíritu Santo para que nos habite y conforme nuestro corazón
según el Divino Corazón de Jesús, lento a la cólera y pronto al Amor de Misericordia!

16 jul. 2010

Virgen del Carmen



¿Quién eres tú, mujer, que, aunque rendida

al parecer, al parecer postrada,

no estás sino en los cielos ensalzada,

no estás sino en la tierra preferida?


Pero, ¿qué mucho, si del sol vestida,

qué mucho, si de estrellas coronada,

vienes de tantas luces ilustrada,

vienes de tantos rayos guarnecida?


Cielo y tierra parece que, a primores,

se compitieron con igual desvelo,

mezcladas sus estrellas y sus flores;


para que en ti tuviesen tierra y cielo,

con no sé qué lejanos resplandores

de flor del Sol plantada en el Carmelo.


(himno de Laudes)

15 jul. 2010

Evangelio (Mt 11,28-30)



En aquel tiempo, Jesús dijo: «Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera».


Descansamos en Ti, Señor Jesús, porque Tú siempre estás dispuesto a acogernos, vengamos limpios o sucios ante Tu Santísima Presencia. Si andamos limpios a tus ojos, para que más aún nos llenes de tu Santo Espíritu y si venimos sucios, para que nos sanes y nos limpies en el baño regenerador de una honda y sincera confesión liberadora y una profunda comunión con Tu Cuerpo, Tu Sangre, Tu Alma y Tu Divinidad en la Santa Eucaristía.
¡Gracias, Señor, por dejarnos estos Signos maravillosos de tu Amor! ¡Gracias, Señor, por tus santos sacerdotes que, entregados en alma y cuerpo a Dios en Ti, procuran darnos tan celestiales Remedios a nuestra fragilidad y pecado!
¡Guárdalos a todos bajo tus Santas Alas y en estos tiempos recios procúrales una coraza divina que los mantenga en el Santo Equilibrio del Amor y el Temor, el servicio y la soledad, el compartir, repartir, el impartir y también el saber partir hacia la propia celda interior, cuando haya entrado demasiado mundo en el alma. Veni Creator Spiritus!

14 jul. 2010

Reedificar el templo interior

ORACIÓN DEL ABANDONO

Padre mío, me abandono a ti; haz de mi lo que quieras: por todo te doy gracias.

Estoy dispuesto a todo, todo lo acepto con tal que tu voluntad se haga en mi y en todas tus criaturas, No deseo nada más, Dios mío.

Pongo mi alma entre tus manos, te la doy Dios mío, con todo el amor de mi corazón, porque te amo y es para mi una necesidad de amor el darme, el entregarme en tus manos sin medida con infinita confianza, porque tú eres mi Padre.


DIOS ES AMOR

De la primera Carta de San Juan: "Amigos míos, amémonos los unos a los otros, porque el amor viene de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios, porque Dios es amor".

Del Profeta Isaías: "Te daré los tesoros ocultos y los caudales escondidos. Así sabrás que yo soy el Señor, que te llamo por tu nombre, el Dios de Israel. Por mi siervo Jacob, por mi elegido Israel, te llamé por tu nombre, te di un título aunque tú no me conocías".

Hermana, hermano: comienzas una experiencia de desierto. Nuevamente el Señor te ha concedido el don y el privilegio de vivir unos días solo para Él.

Establecerás, provisionalmente, la tienda de campaña que solicitaba el entusiasmado Pedro en el Tabor para vivir totalmente centrado en Él.

Siempre te desenvuelves en una vida en la que todo es prisa, quehacer, entrega a los demás, servicio, olvido de ti mismo, disponibilidad. Ahora, por unos días, vas a vivir estas mismas actitudes positivas, esenciales en todo seguidor de Jesús, con un objetivo muy peculiar: centrar tu vida en Él, vivir sólo para Él, que es para ti el sentido más profundo de todo en tu vida.

Irás comprendiendo, poco a poco, que la disponibilidad en la vida diaria te prepara para vivir abierto al Señor. Verás también en tu oración que tu entrega al Señor es siempre el alma que te alienta cada día. Dios te concederá la gracia de reencontrarte intensamente con esta alma. Vívelo todo en su paz, inmerso en su amor y en su presencia.

Recuerda, sin embargo, que el desierto no se escoge: es Él quien te ha escogido para el desierto, es Él quien espera de ti una disponibilidad de vida y un abandono que irá definiendo siempre tu camino.

Por su gracia, el desierto será un camino de amor y de presencia. Su amor te acompañará día a día. Su presencia será siempre una luz en tu ruta: la lámpara que ilumina tus pasos. Llegarás a percibir que la mirada del Señor sobre tu vida te serena y te da paz.

Comprenderás interiormente que Jesús es tu descanso, que tú, como María, has de ser casa de Dios y también Betania, la casa del pobre. Porque en el silencio has de buscar vivir en la soledad solidaria del corazón.

Los pobres han de tener su lugar en tu desierto. Con su misericordia podrás vivir la verdad de tu vida centrada solo en Dios, a quien quieres servir con un corazón no dividido. Porque tú, libremente, le quisiste decir como María "He aquí la esclava del Señor".

Por ello no te extrañará que, en el silencio y en la soledad en la que vivirás estos días, Él te pida una disponibilidad que podrá parecer desconcertante. Sal de tu tierra y vete a la tierra que Dios te ha preparado.

Que nunca te inquieten tus miserias. En estos días vividos en el silencio tus pobrezas resonarán en tu alma más fuertemente que nunca. Muchas veces serán el trasfondo de tu oración: te sentirás más pobre y pequeño que nunca. Llorarás al sentirte solo y desprotegido, indefenso ante Dios.

Ten paz. No te inquietes por nada, porque Él es tu misericordia y confía en tu amor de fidelidad. Verás como el desierto florecerá, porque cuando lo buscas con sinceridad de corazón en el silencio y en la soledad solidaria, Él te mostrará su rostro de amor.

Él te llamó por tu nombre y te dio un título, aunque tú no le conocías. Recuerda siempre este nombre y el título que Dios ha pensado con amor para ti. Grábalos a fuego en lo más profundo de tu alma.

Sigue en la ruta que has comenzado y confía en Él. Iniciaste tu andadura abandonándote en sus manos amorosas de Padre.

Repite, lentamente, la oración del abandono: "Padre mío, me abandono a ti…".

Mastica, suavemente, cada una de estas palabras. "Haz de mi lo que quieras…".

¡Saborea tu gratitud!: "Por todo te doy gracias…".

Vive en la disponibilidad y dile con amor: "Estoy dispuesto a todo".

Porque, en realidad, todo lo aceptas "… con tal que su voluntad se cumpla en ti y en todas sus criaturas".

Amas tanto su voluntad que llegarás a decir con valentía al Señor: "No deseo nada más, Dios mío".

Desde el día que decidiste seguirle, has puesto tu vida en sus manos. Por ello, al comenzar tu desierto, también le dijiste al Señor: "Pongo mi alma entre tus manos. Te la doy, Dios mío, con todo el amor de mi corazón porque te amo y es para mi una necesidad de amor el darme, el entregarme en tus manos sin medida, con infinita confianza".

¿Temes ahora repetirle estas palabras al Señor?. ¿Te da miedo caer abandonado en sus manos? ¿Te crees débil e incapaz de cumplir su voluntad? ¿Acaso tu vida se desenvuelve en la mediocridad? Te inquieta no poder ser fiel? ¿Te preocupan tus cansancios, tus distracciones, tus posibles infidelidades o la rémora de tu fragilidad? ¿Pesan demasiado en tu vida tus pobrezas?

No temas, no dudes. Ten fe. Vive siempre en el amor. Abandónate en la confianza. Vive en la alegría de sentirte amado. Ten paz. Vive en su paz. Entra en el silencio y en la escucha. Ora, ora sin cesar. Entra en el Templo de Dios. Disponte a escuchar su palabra.

(Jaume Boada, O.P.)

13 jul. 2010

PURIFICACIÓN DEL CORAZÓN










La purificación fundamental se produce a partir del momento en que las impurezas y los desequilibrios que me afectan los ponemos cara a cara con Jesús. Esto no es una tarea más difícil que la ascesis clásica pero es más eficaz porque nos obliga a establecernos en la verdad: la verdad sobre nosotros mismos que nos obliga a abrir los ojos sobre la realidad de nuestro pecado; la verdad de Jesús que es el verdadero salvador de nuestras almas no solo de manera general y lejana sino porque también entra en contacto inmediato y concreto con cada una de las suciedades que nos afectan. Es necesario, pues, que aprenda a ofrecerme a él, a entregarme a él sin esperar nada, en medio de las circunstancias o a través de un movimiento profundo de mi corazón que quiere por fin re-encontrarse con su verdadera libertad.

Cada vez que constato en mi la presencia de uno de esos lazos que me paralizan, me convenzo a mí mismo de que lo más necesario no es declarar la guerra a esta servidumbre porque en la mayoría de los casos no haría más que cortar las ramas sin llegar a la raíz. Lo más importante es sacar fuera esas raíces, ponerlas a la luz del día, aunque resulten muy feas y muy desagradables. Se trata precisamente de asumirlas tal y como son y poder ofrecerlas al Señor con un gesto libre y consciente. Desde esta perspectiva, la clásica invocación: "Jesús, Hijo del Dios, ten piedad de mí, pecador", no corre el riesgo de convertirse en una repetición vana. Es la constatación indefinidamente renovada de que va a producirse un nuevo encuentro entre el corazón purificador de Jesús y mi sucio corazón.


VER A TRAVÉS DEL CORAZÓN













11 jul. 2010

MI CUERPO, LUGAR DE ENCUENTRO CON EL VERBO Y TEMPLO DEL ESPÍRITU

A menudo nos gustaría tomar la formula "oración del corazón" de manera simbólica. Hablar del corazón seria un modo imaginario de evocar algo de nuestro interior, es decir algo espiritual. Eso no es correcto. Todos los movimientos del corazón que representan el soporte de nuestra relación con el Padre son movimientos ligados a nuestro ser sensible, material. Sabemos por experiencia -a veces incluso a precio de nuestra salud- que las emociones verdaderamente profundas afectan a nuestro corazón físico.

Dios nos ha hecho así. En el relato del Génesis vemos a Yhavé modelando al hombre del barro de la tierra y afirmando al mismo tiempo que este ser material estaba hecho a su imagen y semejanza. Nuestro cuerpo no es un obstáculo en la relación con Dios. Al contrario, es la mismísima obra del Señor que nos ,ha creado como hijos llamados a recibirle a El en herencia.

Toda la economía de la encarnación del Hijo de Dios nos sitúa en las mismas perspectivas. La Iglesia, desde los primeros siglos, ha luchado con mucho empeño por defender la realidad de que Jesús es verdaderamente un hombre. Nació en la carne y vivió; nos enseñó, sufrió, murió y resucitó.

Estas son las obras humanas del Verbo de Dios que nos han dado y siguen dándonos la vida cada día. La Palabra de Dios llega a nosotros con palabras humanas. Nuestro pecado no ha sido purificado de manera simbólica sino a través de la efusión de la sangre que brota del cuerpo de Jesús. Él verdaderamente ha muerto y resucitado en su carne. Es esta resurrección material la que salva nuestras almas igual que nuestros cuerpos.

En fin, el Espíritu se nos dio a partir de la resurrección corporal del Hijo. Es él, el hijo de María quien nos envía al Espíritu desde el seno del Padre. No es la Palabra increada sino la Palabra encarnada que ha compartido nuestra existencia convirtiéndose en uno de los nuestros.

Experimentamos esta encarnación cada día a través de los sacramentos, la liturgia, la vida en comunidad, la pertenencia al cuerpo de la Iglesia. Todo esto es el fundamento inmediato, la presencia en nuestras vidas de la realidad de Cristo. Sepamos pues acoger a Jesús tal y como viene a nosotros, es decir dirigiéndose a nosotros en nuestro cuerpo. No nos precipitemos deshaciéndonos rápidamente de este intermediario que a veces consideramos un poco como una falta de pureza en nuestra relación con Dios. Eso no es verdad, no es una impureza, sino el mismísimo lugar de encuentro con nuestro Abba.

Igual que nos sería imposible imaginar la vida en comunidad si nuestros hermanos fueran seres sin cuerpo, puros espíritus a los que deberíamos de llegar más allá de su envoltura carnal, de la misma forma sería un rechazo a la realidad del amor de Dios querer abstraerse de la realidad material y carnal presente en el Hijo que viene a nosotros. Efectivamente, la Eucaristía que celebramos cada día es la celebración de un acto que ha contribuido a llegar en su Cuerpo y su Sangre a transformaciones profundas sin abandonarlas ni olvidarlas sino dándoles su plena significación: son una realidad material que es el Hijo de Dios. De la misma manera, nuestro cuerpo es la realidad de lo que somos nosotros con todo su peso, sus límites, sus restricciones. Es mi cuerpo quien entra en contacto con aquella realidad de la cual Jesús dijo:

"Esto es mi cuerpo." En el encuentro de las dos realidades corporales se establece el contacto de vida entre Dios y yo.

"Si no coméis mi cuerpo y no bebéis mi sangre no tendréis vida en vosotros. Igual que el Padre me ha enviado y yo estoy vivo por él, así el que me come vivirá por mí" (Jn 6,57).

La consecuencia de este estado de cosas es que yo no podría rezar si no orara en mi cuerpo. No puedo abstraerme de mi realidad encarnada cuando me dirijo a Dios. Tampoco es una simple cuestión de disciplina religiosa si hay ciertos gestos impuestos y si existen condiciones materiales que me limitan cuando tengo que dirigirme a Dios. Todo esto corresponde a una única verdad: que Dios me quiere tal y como me ha creado. ¿Por qué voy a querer yo ser más espiritual que él?

Es necesario, pues, aprender a vivir con mi cuerpo y con todas las restricciones que me impone. La comida, el sueño, el sosiego, las enfermedades, los limites de mis fuerzas... no son obstáculos entre Dios y yo, al contrario representan la trama de la tela que establece la continuidad que no puede fallar entre lo más íntimo de la realidad divina y lo más concreto de mi existencia cotidiana. ¿Quién de nosotros no ha pasado por esta experiencia a veces terriblemente dolorosa de sentirse limitado, casi prisionero por culpa, por ejemplo, de problemas de salud?

Si nuestro corazón es leal no podemos decir más que una cosa: que es Dios quien viene a nosotros a través de esos contratiempos dolorosos. Ellos son el verdadero punto de inserción del amor de Dios en nuestra vida. Nuestro corazón acoge a Dios en la medida en que está atento a esta realidad que nos gustaría poder considerar inferior a nuestra vocación espiritual. Tengamos cuidado con las mentiras permanentes que el Príncipe de las mentiras intenta sembrar en nuestro corazón. No juguemos a espíritus puros; sepamos ser algo mucho mejor: hijos de Dios.

10 jul. 2010

Salmo 50

¡Ten piedad de mí, Señor, por tu bondad, por tu gran compasión, borra mis faltas!

¡Lávame totalmente de mi culpa y purifícame de mi pecado!

Porque yo reconozco mis faltas y mi pecado está siempre ante mí.

Contra ti, contra ti solo pequé e hice lo que es malo a tus ojos.

Por eso, será justa tu sentencia y tu juicio será irreprochable;

yo soy culpable desde que nací; pecador me concibió mi madre.

Tú amas la sinceridad del corazón y me enseñas la sabiduría en mi interior.

Purifícame con el hisopo y quedaré limpio; lávame, y quedaré más blanco que la nieve.

Anúnciame el gozo y la alegría: que se alegren los huesos quebrantados.

Aparta tu vista de mis pecados y borra todas mis culpas.

Crea en mí, Dios mío, un corazón puro, y renueva la firmeza de mi espíritu.

No me arrojes lejos de tu presencia ni retires de mí tu santo espíritu.

Devuélveme la alegría de tu salvación, que tu espíritu generoso me sostenga:

yo enseñaré tu camino a los impíos y los pecadores volverán a ti.

¡Líbrame de la muerte, Dios, salvador mío, y mi lengua anunciará tu justicia!

Abre mis labios, Señor, y mi boca proclamará tu alabanza.

Los sacrificios no te satisfacen; si ofrezco un holocausto, no lo aceptas:

mi sacrificio es un espíritu contrito, tú no desprecias el corazón contrito y humillado.

Trata bien a Sión, Señor, por tu bondad; reconstruye los muros de Jerusalén.

Entonces aceptarás los sacrificios rituales –las oblaciones y los holocaustos–

y se ofrecerán novillos en tu altar.


 


Hemos escuchado el Miserere, una de las oraciones más célebres del Salterio, el más intenso y repetido salmo penitencial, el canto del pecado y del perdón, la más profunda meditación sobre la culpa y la gracia. La Liturgia de las Horas nos lo hace repetir en las Laudes de cada viernes. Desde hace muchos siglos sube al cielo desde innumerables corazones de fieles judíos y cristianos como un suspiro de arrepentimiento y de esperanza dirigido a Dios misericordioso.

La tradición judía puso este salmo en labios de David, impulsado a la penitencia por las severas palabras del profeta Natán (cf. Sal 50, 1-2; 2 S 11-12), que le reprochaba el adulterio cometido con Betsabé y el asesinato de su marido, Urías. Sin embargo, el Salmo se enriquece en los siglos sucesivos con la oración de otros muchos pecadores, que recuperan los temas del "corazón nuevo" y del "Espíritu" de Dios infundido en el hombre redimido, según la enseñanza de los profetas Jeremías y Ezequiel (cf. Sal 50, 12; Jr 31, 31-34; Ez 11, 19; 36, 24-28).

2. 2. Son dos los horizontes que traza el salmo 50. Está, ante todo, la región tenebrosa del pecado (cf. vv. 3-11), en donde está situado el hombre desde el inicio de su existencia: "Mira, en la culpa nací, pecador me concibió mi madre" (v. 7). Aunque esta declaración no se puede tomar como una formulación explícita de la doctrina del pecado original tal como ha sido delineada por la teología cristiana, no cabe duda de que corresponde bien a ella, pues expresa la dimensión profunda de la debilidad moral innata del hombre. El Salmo, en esta primera parte, aparece como un análisis del pecado, realizado ante Dios. Son tres los términos hebreos utilizados para definir esta triste realidad, que proviene de la libertad humana mal empleada.

3. El primer vocablo, hattá, significa literalmente "no dar en el blanco": el pecado es una aberración que nos lleva lejos de Dios -meta fundamental de nuestras relaciones- y, por consiguiente, también del prójimo.

El segundo término hebreo es 'awôn, que remite a la imagen de "torcer", "doblar". Por tanto, el pecado es una desviación tortuosa del camino recto. Es la inversión, la distorsión, la deformación del bien y del mal, en el sentido que le da Isaías: "¡Ay de los que llaman al mal bien, y al bien mal; que dan oscuridad por luz y luz por oscuridad!" (Is 5, 20). Precisamente por este motivo, en la Biblia la conversión se indica como un "regreso" (en hebreo shûb) al camino recto, llevando a cabo un cambio de rumbo.

La tercera palabra con que el salmista habla del pecado es peshá. Expresa la rebelión del súbdito con respecto al soberano, y por tanto un claro reto dirigido a Dios y a su proyecto para la historia humana.

4. Sin embargo, si el hombre confiesa su pecado, la justicia salvífica de Dios está dispuesta a purificarlo radicalmente. Así se pasa a la segunda región espiritual del Salmo, es decir, la región luminosa de la gracia (cf. vv. 12-19). En efecto, a través de la confesión de las culpas se le abre al orante el horizonte de luz en el que Dios se mueve. El Señor no actúa sólo negativamente, eliminando el pecado, sino que vuelve a crear la humanidad pecadora a través de su Espíritu vivificante: infunde en el hombre un "corazón" nuevo y puro, es decir, una conciencia renovada, y le abre la posibilidad de una fe límpida y de un culto agradable a Dios.

Orígenes habla, al respecto, de una terapia divina, que el Señor realiza a través de su palabra y mediante la obra de curación de Cristo: "Como para el cuerpo Dios preparó los remedios de las hierbas terapéuticas sabiamente mezcladas, así también para el alma preparó medicinas con las palabras que infundió, esparciéndolas en las divinas Escrituras. (...) Dios dio también otra actividad médica, cuyo Médico principal es el Salvador, el cual dice de sí mismo: "No son los sanos los que tienen necesidadde médico, sino los enfermos". Él era el médico por excelencia, capaz de curar cualquier debilidad, cualquier enfermedad" (Homilías sobre los Salmos, Florencia 1991, pp. 247-249).

2. 5. La riqueza del salmo 50 merecería una exégesis esmerada de todas sus partes. Es lo que haremos cuando volverá a aparecer en los diversos viernes de las Laudes. La mirada de conjunto, que ahora hemos dirigido a esta gran súplica bíblica, nos revela ya algunos componentes fundamentales de una espiritualidad que debe reflejarse en la existencia diaria de los fieles. Ante todo está un vivísimo sentido del pecado, percibido como una opción libre, marcada negativamente a nivel moral y teologal: "Contra ti, contra ti solo pequé, cometí la maldad que aborreces" (v. 6).

Luego se aprecia en el Salmo un sentido igualmente vivo de la posibilidad de conversión: el pecador, sinceramente arrepentido (cf. v. 5), se presenta en toda su miseria y desnudez ante Dios, suplicándole que no lo aparte de su presencia (cf. v. 13).

Por último, en el Miserere, encontramos una arraigada convicción del perdón divino que "borra, lava y limpia" al pecador (cf. vv. 3-4) y llega incluso a transformarlo en una nueva criatura que tiene espíritu, lengua, labios y corazón transfigurados (cf. vv. 14-19). "Aunque nuestros pecados -afirmaba santa Faustina Kowalska- fueran negros como la noche, la misericordia divina es más fuerte que nuestra miseria. Hace falta una sola cosa: que el pecador entorne al menos un poco la puerta de su corazón... El resto lo hará Dios. Todo comienza en tu misericordia y en tu misericordia acaba". (M. Winowska, El icono del Amor misericordioso. El mensaje de sor Faustina, Roma 1981, p. 271).

L'Osservatore Romano - 26 de octubre de 2001, Juan Pablo II

9 jul. 2010

Contra la Ira, la Paciencia

El hombre iracundo vive en el desorden y descontrol interiores, sumido en un odio que lo amarga.

Este estado se puede manifestar como una vehemente negación de la Verdad, tanto hacia los demás como hacia uno mismo, incluyendo la impaciencia en los procedimientos y el deseo de venganza, tomándose la más de las veces la justicia por sus propias manos. También se manifiesta como fanatismo en convicciones políticas o vitales y generalmente conlleva el deseo de hacer daño a los que no piensan como uno.

La intolerancia también queda incorporada a este tipo de comportamiento por razones de raza, religion, conduciendo al individuo a ser discriminatorio para con los demás. De la pasión de la ira se derivan todo tipo de agresiones, en mayor o menor grado, quedando incluídas aquellas que se disimulan con artificio dialéctico y modal, formas expresivas aparentemente pacíficas, que conllevan una gran carga de amargura y animadversión solapadas. Todo ello son manifestaciones de la ira anidada en el corazón del hombre.
El resentimiento es una pasión poderosa que puede esclavizar a las personas durante largo tiempo de sus vidas.


¿Y cómo tener paciencia? Practicándola y procurando amar al prójimo, como Leitmotiv de la propia vida y pidiendo la Gracia de lo Alto.

8 jul. 2010

Dios está muy cerca de nosotros y nos ama en Jesucristo

En la Audiencia General de este miércoles celebrada en el Aula Pablo VI, el Papa Benedicto XVI dedicó su catequesis a hablar sobre el beato Juan Duns Scoto, de quien dijo se puede aprender que lo esencial en la vida es "creer que Dios está cerca de nosotros y nos ama en Cristo Jesús, y cultivar, por tanto, un profundo amor a Él y a su Iglesia. De este amor somos testigos en esta tierra".

Este beato, nacido probablemente en 1266, en un pueblo de Escocia llamado Duns, entró en los franciscanos menores y fue ordenado sacerdote en 1291. "Por su inteligencia brillante se le conoce con el nombre de ‘Doctor sutil’. Enseñó teología en las universidades de Oxford, Cambridge y París. Decidió abandonar Francia por fidelidad al Papa Bonifacio VIII, en su disputa con el rey Felipe IV el Hermoso. En 1305 regresó a París para enseñar teología y posteriormente ejerció su magisterio en Colonia, donde falleció en 1308".

"Con motivo de la fama de santidad de la que gozaba, su culto se difundió enseguida en la orden franciscana y el Venerable Juan Pablo II lo declaró beato el 20 de marzo de 1993, definiéndolo ‘cantor del Verbo encarnado y defensor de la Inmaculada Concepción’. En esa expresión se sintetiza la notable aportación que Duns Escoto ofreció a la historia de la teología".

El Santo Padre explicó que "Duns Escoto, aun consciente de que, a causa del pecado original, Cristo nos ha redimido con su pasión, muerte y resurrección, subraya que la Encarnación es la obra más grande y más hermosa de toda la historia de la salvación, y que no está condicionada por ningún hecho contingente".

"Fiel discípulo de San Francisco, a Duns Escoto le gustaba contemplar y predicar el misterio salvífico de la Pasión de Cristo, expresión del amor inmenso de Dios", que "se revela no solamente en el Calvario, sino también en la Sagrada Eucaristía, de la que era muy devoto".

Benedicto XVI resaltó que "esta visión teológica, fuertemente ‘cristocéntrica’, nos abre a la contemplación, al asombro y a la gratitud: Cristo es el centro de la historia y del cosmos, es aquel que da sentido, dignidad y valor a nuestra vida".

Refiriéndose a las reflexiones del beato escocés sobre la Virgen, el Papa señaló que frente a la mayoría de los teólogos de la época, que se oponían a la tesis de que "María Santísima fuese libre del pecado original desde el primer momento de su concepción", Scoto expuso un argumento; el de la "redención preventiva", según la cual "la Inmaculada Concepción es la obra maestra de la Redención realizada por Cristo, porque precisamente la potencia de su amor y de su mediación hizo que la Madre fuese preservada del pecado original. Los franciscanos acogieron y difundieron con entusiasmo esta doctrina, y otros teólogos –a menudo con un juramento solemne– se comprometieron a defenderla y a perfeccionarla".

El Santo Padre recordó que Duns Escoto también desarrolló "el tema de la libertad y de su relación con la voluntad y con el intelecto". En este contexto, afirmó que "una idea de la libertad innata y absoluta –como se desarrolló sucesivamente al beato–, situada en la voluntad que precede al intelecto, tanto en Dios como en los seres humanos, puede conducir a la idea de un Dios que no está relacionado ni siquiera con la verdad y el bien".

"La libertad –prosiguió– es real y ayuda a construir una civilización verdaderamente humana, cuando se reconcilia con la verdad. Si se desliga de la verdad, la libertad se convierte trágicamente en principio de destrucción de la armonía interior de la persona humana, fuente de abusos de los más fuertes y de los violentos, y causa de sufrimientos y de lutos. La libertad crece y se perfecciona, según Duns Scoto, cuando el hombre se abre a Dios. Cuando escuchamos la revelación divina, la Palabra de Dios, para acogerla, entonces recibimos un mensaje que llena de luz y de esperanza nuestra vida y somos verdaderamente libres".

4 jul. 2010

Benedictus dixit hodie

En la homilía de la Misa de esta mañana en su visita pastoral a la localidad de Sulmona en la región italiana de los Abruzos, en ocasión del Año Jubilar Celestiniano que recuerda los 800 años del nacimiento del Papa Celestino V, el Papa Benedicto XVI alentó a vivir el silencio sin miedo para poder así escuchar a Dios y alcanzar la santidad que nunca pasa de moda, en medio de un mundo que parece "exigir" siempre una actividad incesante.



Tras recordar que Celestino V supo de su elección a la sede de Pedro en el año 1294 en el Monte Morrone donde transcurría su vida como eremita, el Papa Benedicto resaltó que este Pontífice "permanece en la historia por las notables vivencias de su tiempo y su pontificado y, sobre todo, por su santidad. La santidad, de hecho, no pierde nunca su propia fuerza, no cae en el olvido, no pasa nunca de moda".

Este santo, dijo el Papa, fue siempre un "buscador de Dios", un hombre que quería escuchar la voz divina para lo cual decide apartarse del mundo y vivir como eremita: "el silencio se convierte así en un elemento que caracteriza su vida cotidiana. Y es en el silencio exterior, pero sobre todo en el interior que él llegar a percibir la voz de Dios, capaz de orientar su vida".

"Aquí hay un primer aspecto importante para nosotros: vivimos en una sociedad en la que todo espacio, todo momento parece que debe ser ‘llenado’ de iniciativas, de actividades, con frecuencia ni siquiera hay tiempo para escuchar y dialogar. ¡Queridos hermanos y hermanas! No tengamos miedo de hacer silencio fuera y dentro de nosotros si queremos ser capaces no sólo de percibir la voz de Dios, sino también las voces de quienes están alrededor, la voz de los otros".

Un segundo elemento, explicó luego Benedicto XVI, está en la conciencia de Celestino V de que haber descubierto a Dios "no es el resultado de un esfuerzo, sino que es posible por la Gracia misma de Dios, que lo previene. Lo que él tenía, lo que era, no venía de sí mismo: se le había donado, era gracia, y era por ello una responsabilidad ante Dios y ante los otros. Si bien nuestra vida es distinta, también para nosotros esto es válido: todo lo esencial de nuestra existencia se nos ha donado sin nuestro aporte".

El Papa continuó esta explicación afirmando que "el hecho de que yo viva no depende de mí, el hecho de que hayan personas que me introdujeron a la vida, que me hayan enseñado a amar y ser amado, que me hayan transmitido la fe y me hayan abierto a la mirada de Dios: todo esto es gracia y no ‘hecho por mí’. Por nosotros mismos no podríamos haber hecho nada si no se nos hubiera sido dado".

Así, dijo luego, "Dios nos anticipa siempre y en cada una de las vidas podemos apreciar lo bello y lo bueno reconocible fácilmente como su gracia, como el rayo de luz de su bondad. Por ello debemos estar atentos, tener siempre abiertos los ‘ojos interiores’, los de nuestro corazón. Y si aprendemos a conocer a Dios en su bondad infinita, entonces seremos capaces también de ver, con estupor, en nuestra vida – como los santos – los signos ese Dios, que siempre es cercano, que es siempre bueno con nosotros y que nos dice: ‘¡Ten fe en mí!’"


3 jul. 2010

Jesucristo: ¿un camino más para llegar a Dios? Está claro que no.

14 1 «No se inquieten.Crean en Dios y crean también en mí.


2 En la Casa de mi Padre hay muchas habitaciones;

si no fuera así, se lo habría dicho a ustedes.

Yo voy a prepararles un lugar.

3 Y cuando haya ido y les haya preparado un lugar,

volveré otra vez para llevarlos conmigo,

a fin de que donde yo esté,

estén también ustedes.

4 Ya conocen el camino del lugar adonde voy».

5 Tomás le dijo: «Señor, no sabemos adónde vas. ¿Cómo vamos a conocer el camino?». 6 Jesús le respondió:

«Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida.


Nadie va al Padre, sino por mí.

7 Si ustedes me conocen,conocerán también a mi Padre.

Ya desde ahora lo conocen y lo han visto».
 
 
Evangelio de San Juan, 14,1-7
 
 
¡¿Qué empeño tienen algunos en equiparar a JESUCRISTO con otros líderes espirituales de la humanidad?!
Sin menospreciarlos en absoluto, sinembargo el mismo Jesús dejó bien claro que nadie va a Dios sino es por Él. Más claro el agua, ¿no?  Sólo Jesús es el Camino. No hay otro.
No nos dejemos engatusar por espiritualidades que no confiesen a Jesús como el único Salvador válido ante Dios, y es el único válido, porque es Dios hecho hombre. Dios verdadero y hombre verdadero. No ha habido nadie más que lo sea, ni lo habrá. Nosotros hemos creído en todo cuanto Él dijo de si mismo y acerca de Dios y nadie ni nada nos apartará de su Amor, nisiquiera la muerte, porque Él mismo la ha abolido con su pasión, muerte y RESURRECCION.
Esta es nuestra Fe. La Fe de nuestros padres, la Fe de la Iglesia católica, apostólica y romana, mantenida durante 2000 años y lo que haga falta.
Deo Gratias.

2 jul. 2010

Sobrenatural



Se desbordan las aguas,

incansables inundan,

los caminos abiertos,

de un antiguo desierto.

Y el rumor serenante,

de un silencio presente,

la ausencia de ruido,

que despierta mi mente.

Y te contemplo, Palabra,

en lo hecho latente,

viva siempre y muy sabia,

con Amor indulgente.
Te adivino y te siento,

y me llamas lentamente,

y te miro y me miras,

¡con Amores me das muerte!