16 jun. 2010

SONETO XXXVII


A la entrada de un valle, en un desierto,
do nadie atravesaba, ni se vía,
vi que con extrañeza un can hacía
extremos de dolor con desconcierto;

agora suelta el llanto al cielo abierto,
ora va rastreando por la vía;
camina, vuelve, para, y todavía
quedaba desmayado como muerto.

Y fue que se apartó de su presencia
su amo, y no le hallaba; y esto siente;
mirad hasta do llega el mal de ausencia.

Movióme a compasión ver su accidente;
díjele, lastimado: «Ten paciencia,
que yo alcanzo razón, y estoy ausente».


Garcilaso de la Vega

2 comentarios:

Fernanda dijo...

Hola gatina!! Vengo a desearte buenas noches, y que duermas con tus angelitos bellos y que descanses muy bien.

Qué poemita más triste del perrito perdido, supongo que será una alegoría de lo sólos que nos hallamos sin nuestro dueño: el Amor de Él.

Bezozoozos!!

Felicitas dijo...

Hola, preciosa, bueno. Olvidemos las tristezas, que con un Dios tan grande y amoroso, tenemos que tener el alma llena de gozo!

Me gustó la semblanza de como se puede sentir el alma, cuando se halla en el desierto, en el que ni agua halla, ni descanso, ni el consuelo del Amado Dueño que tanto Amor le tiene.

Mil bezozozozosss y abrazozozozos

;O)