23 may. 2010

Algunos dones preciosos del Espíritu Santo


El don de la ciencia nos capacita para ver las cosas en su relación a Dios, de manera que tengamos la visión auténtica de ellas, no despreciando su valor, pero reconociendo que Dios es su fundamento y que todos los valores terrenos son limitados.

Nos preserva y libra de la explicación puramente intramundana del cosmos y sus partes, concede también discernimiento para distinguir lo que se debe creer de lo que no se debe creer, para ver la  diferencia entre los misterios de Dios que se nos manifiestan en laRevelación y los misterios del mundo. Implica, por tanto, el don del discernimiento de espíritus.

El don del temor de Dios capacita para vivir en actitud de veneración, es decir, en la actitud del amor temeroso y del temor amoroso a Dios. Lo que el hombre teme en este don no es tanto a Dios, en quien ha puesto su esperanza, cuanto su propia debilidad.
La actitud de veneración ante Dios da también la justa postura ante los hombres y cosas que Dios nos pone en nuestro camino. En todos los hombres y cosas nos sale al paso el Dios del silencio.


 
El don de inteligencia : al servicio de la mente humana. Este don nos hace entrar en las profundidades de Dios, nos da el sentido divino. Por medio de él, el hombre llega a penetrar el sentido
de la Palabra de Dios contenida en la Revelación divina y no sólo nos da luz para comprender la Sagrada Escritura, sino que imparte a todos los hijos de Dios, según las necesidades de salud espiritual, el sentido de todas las lenguas que nos hablan de él: enseñanzas del magisterio eclesiástico, frases oídas al azar en nuestra existencia cotidiana, por la calle, por la radio, por la televisión... El don de inteligencia nos descubre el sentido profundo de los misterios de Dios a través de las figuras y símbolos de la liturgia y entabla un
diálogo perpetuo entre Dios y el alma y va descubriendo la verdad hasta el momento de ver a Dios "cara a cara".


Es la sabiduría que "Dios revela a los pequeñuelos" (/Mt/11/25), una sabiduría amorosa, de orden supracientífico. Mediante ella el hombre se connaturaliza con Dios en todos los planos del ser, del conocimiento, del amor, de la acción y del gozo. Bajo su luz la mirada del cristiano permanece fija
en Dios, abarcando en su campo visual las verdades eternas y las contingencias de la historia.



El don de consejo, guía hacia Dios. El don de consejo tiene precisamente por fin dirigir nuestros actos conforme al plan eterno con que Dios gobierna el mundo. Nos permite entrar a formar parte de los designios de la Providencia, todavía entre las oscuridades de la fe, pero con todo el impulso de
nuestro amor y con toda libertad.

Siendo fieles a las inspiraciones del Espíritu de consejo, nos identificamos en cada uno de nuestros actos con la voluntad de Dios, regla suprema de toda perfección. "Yo te haré saber y te enseñaré el camino que debes seguir; seré tu consejero, y estarán mis ojos sobre ti" (Sal.32,2).

5 comentarios:

Fernanda dijo...

Yo me pido el don de Ciencia, como el que tenía Sor María Jesús de Agreda, es el que más mola...

Te he puesto un mail lleno de faltas ortográficas, luego lo he remirado ya enviado y me entraban ganas de "desenviarlo", no te ha pasado unnca que envias un mail a alguien y luego dices: ojalá pudiera desenviarlo.

Beozozoos.

Fernanda dijo...

Lo de las faltas debe ser cansancio cerebral agudo, comer delante de gente en un restaurante requiere de toda mi concentración para no parecer una mona...

Felicitas dijo...

Muchas veces me ha pasado eso, preciosa, pero no pasa nada. Como yo también cometo errores, pues los tuyos me parecen de risa.... jiji
quiero decir que no son tan graves... bueno, eso.
¿tú una mona? Eso es metafísicamente imposible...jiji
Bezozozozos, malandrina...
;O)

Margalida dijo...

¡Eso es un Super!

El Espíritu Santo, el mejor proveedor de los dones.

Me gustan todos, el que me parece que más me afecta es el del temor.

Felicitas dijo...

a mi me parece que eres un poco temerosa por naturaleza, querida Margalida, como también lo soy yo. Y aunque la vida nos ha dado golpes y nos ha hecho más recias, aún podemos tener en ocasiones aquella vieja imagen de un Dios de trato duro. Pero sabemos, por la revelación de Jesús, que nuestro Padre del Cielo es un padre del todo compasivo, que tan sólo espera que su amado hijo vuelva de sus extravíos para colmarle de besos y regalarle sus mejores dones.
Así nos ama. ¡qué gran consuelo, hermana!
BEsos
;O)